Marucha Inolvidable
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 6 min de lectura calendar_today Noviembre de 2010

Marucha Inolvidable

Las “trabajadoras sexuales” como las llaman ciertos colombianos que no aceptan el orden establecido (léase "impuesto") son personas integrantes de todas las sociedades a lo largo de la historia. Como dice Yelahia, la “doble moral” las confina en un desprecio inmerecido y sobre todo....

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Las “trabajadoras sexuales” como las llaman ciertos colombianos que no aceptan el orden establecido (léase "impuesto") son personas integrantes de todas las sociedades a lo largo de la historia. Como dice Yelahia, la “doble moral” las confina en un desprecio inmerecido y sobre todo injusto.

No es, nunca ha sido, la introducción de un pene la sexualidad. Se convierte en sexualidad cuando la vagina que lo recibe lo desea y añora. Lo que más me impresiona de las prostitutas es la ausencia de sexualidad que padecen, sobre todo cuando no se pueden refugiar, por gustos personales, en un lesbianismo que se la permitan. Estas niñas viven sin ese deseo, sin esa añoranza, lo que me parece trágico. Cuando un poco de lesbianismo les permite escapar a esa soledad, se niegan a besar o dar cualquier otra forma de cariño a sus clientes ocasionales y son de una fidelidad extrema con la persona que les proporciona el calor humano que les hace tanta falta.

La última vez, siendo yo muy joven, que estuve como cliente real con una “trabajadora sexual” fue con una niña muy joven en mi Tuluá añorada. Me dejó hacer el juego de la seducción al que ella misma sucumbió y tuve el atino de pagar sus servicios horas antes de su prestación, lo que nos permitió a los dos olvidar que se trataba de un contrato.

Aprovechando una entrada excepcional de dinero fui a su lugar de trabajo con la intención de gustar a su cuerpito que ya había visto por la calle con deseos. No era grande, de cara linda por lo tierna, su cuerpo sin ser de formas muy sensuales era muy femenino y su voz melodiosa. Su mirada se nublaba de cierta tristeza que las dificultades de la vida le imponían a sus 19 años. Lo único que atraía en su trabajo era la ausencia de toda vocación y hacia lamentar que no fuera una mujer, simplemente una mujer, para seducirla sin ninguna influencia financiera.

Al llegar al sitio le pregunté por sus tarifas y le pagué las tres horas que consideré era el tiempo que compartiríamos. Una propina, también pagada desde que nos cruzamos las primeras palabras me permitió expresarle mis deseos. Le dije que le pagaba por su tiempo, pero que era un regalo que yo quería fuera para los dos. Mi deseo verdadero era que ella solo hiciera lo que quisiera y que ese dinero ya era de ella. Lo que me diera que fuera gratis. Ante su mirada extrañada le expliqué que pensara que salía conmigo como con un amigo sin relación con su trabajo. Que cuando ella me dijera “adiós” yo me iría. Rió levemente, aceptó el dinero y me dijo simplemente “hoy no trabajo entonces” como comentario sin levantarse de la mesa.

Como si estuviéramos en una discoteca charlamos libremente y fue sin presiones y sin prisas que ella se me acercó poco a poco para que nuestros cuerpos se frotaran cuando bailábamos. Al acabarse la caneca de licor me preguntó si tenia suficiente para pagar la habitación y después de pagarla nos fuimos a una de las piezas. En la habitación seguimos charlando, me contó que estudiaba durante el día, para terminar el bachillerato y que sostenía su familia compuesta de dos hermanos mucho menores que ella, su madre y su hija aun bebé. Charlamos como amigos de sus estudios, de muchas cosas, como dos jóvenes que se encuentran.

No sé cuanto tiempo llevábamos charlando cuando se interrumpió casi en medio de una frase, me miró directo a los ojos y me preguntó si de verdad me iría si ella me decía “esa palabra”. Cuando le confirmé que era mi intención, sin dejar de mirarme a los ojos se comenzó a quitar la ropa hasta quedar desnuda. Luego despacio me desnudo, con los parpados a medio cerrar como si recordarse la timidez que la acompañó un día en ocasiones similares. Tomó mi pene en su mano y me acarició suavemente. Mirándome a los ojos me dijo, como disculpándose, que cuando trabaja tenía que “mamárselo” a “los hombres” que hoy no quería hacer “eso”. Le dije que no era ningún problema, que todo hoy era un regalo para los dos y ella siguió excitándome manualmente.

Evitando mirarme a los ojos se montó sobre mí y se acaricio su sexo con el mío como si estuviera sola soñando una fantasía erótica o recordando algo que fue y que no volvía. Le tomé el mentón entre mis dedos de la mano y le pedí permiso para acariciar sus senos que como peras jugosas atraían mi mirada y despertaban mis deseos. Sin mirarme, como si temiese mi reacción me dijo que no, que no quería y me limité a dejarla acariciarse en una total pasividad.

Después de un momento, un largo momento, me introdujo en su sexo cerrando sus ojos y sin abrirlos comenzó a moverse lentamente. En un momento tomó mis manos para llevarlas a sus teticas que acaricié con dulzura. Una sonrisa apareció en sus labios y los movimientos de sus caderas se aceleraron. Se inclinó sobre mí, con los ojos cerrados siempre, y me murmuró al oído si le podía besar los senos. Ante mi aceptación entusiasta cogió mi cabeza con sus manos y como si yo fuera un bebito me dio a probar sus ubres deliciosas, tersas y suaves.

Sus movimientos se aceleraron, me introducía de manera más profunda en su ser y abriendo sus ojos me pidió que le acariciara su cuerpo. Varios minutos después, sus ojos negros se abrieron inmensos, como si vieran un fantasma, y mientras sus líquidos corrían abundantemente por mis piernas, su corazón palpitaba acelerado bajo la mano que le acariciaba su seno izquierdo y en medio de una sonrisa de dicha murmurando un “no es posible” o a veces “aun puedo” las sacudidas de sus caderas se hicieron profundas y un poco desordenadas.

Su orgasmo llegó incontinente y con él lagrimas abundantes comenzaron a brotar de sus ojos y abalanzándose sobre mí pecho me besó alternadamente con ternura o con pasión. Su cuerpo se estremecía en temblores espasmódicos y ya llorando libremente, en medio de sus besos, me dijo: “no creía poder tener otro orgasmo con un hombre”, “gracias Gerardo” y “me hiciste de nuevo mujer”… Confieso que varias lagrimas se escaparon de mis ojos también para mezclarse con las de ella. Una vez apaciguada se abandonó sobre mí y yo la acaricié hasta que dejó de llorar.

Una vez calmada, guardándome al interior, charlamos de manera mucho más intima de cosas que no quiero violar su confianza aquí. Charlamos de cosas más alegres después, sin mencionar más su estado de prostituta y de nuevo se comenzó a mover, partiendo ella en búsqueda de los últimos rezagos de su orgasmo que llegaron de nuevo, esta vez de concierto con el mío. La diferencia principal fue que esta vez hicimos de verdad el amor, los dos buscábamos el placer entrando los dos en una dimensión en la que su “oficio” no existía. Explotamos juntos pues, sin dejar de besarnos, nuestras lenguas acariciándose por momentos, cuando no nos besábamos las mejillas, el cuello, detrás de las orejas o simplemente chupaba yo sus senos.

Como una pareja de novios nos duchamos, nos vestimos y después de salir de la habitación me acompañó hasta la puerta del establecimiento. Llegamos a la puerta, nos alejamos un poco y me tomó del brazo para hacerme parar, me abrazó muy fuerte, me besó con pasión, luego dulcemente y con los ojos inundados de mil cosas no dichas hechas humedad, me dijo “Adiós Gerardo”, se dio media vuelta y regresó al sitio con un caminar lento, la cabeza agachada pero sin volver a mirarme. Una vez ella entró yo también me di media vuelta y me fui.

— gerardo91000

27 de noviembre de 2010

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gerardo91000

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Comentarios

1 comentario

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  • vinividivinci
    vinividivinci · 27 de nov de 2010

    Hombre Gerardo amigo mío, te felicito!,un relato muy sensual y erótico, pero a la vez muy profundo,sentido, cargado de una nostalgia,una añoranza y tambien un romanticismo que aflora por pasajes como revoloteando en el aire. Además recordándonos que  la vida para algunas personas no son solo rosas, sino que en su mayoría son espinas y más para este tipo de damas. Porque para mi son eso,damas y mujeres víctimas de las circunstancias de la vida,y que creo no hay porque entrar a calificar,reprochar y mucho menos juzgar. Solo me resta decir: Un saludo cariñoso y respetuoso a todas las "maruchas" de este mundo,de nuevo mis felicitaciones para ti, y Un abrazo cariñoso y cordial. 

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