Cuando Diana abrió aquella puerta me llevé una gran sorpresa pues nunca había visto tanto lujo, pues los otros camarotes son pequeños y apenas con lo necesario, pues el barco trata de reducir espacios, aquel cuarto era muy grande, tenía una gran cama redonda, su amplio baño, una salita, es decir demasiadas comodidades.
José se encontraba sentado en una de las butacas de la sala, en la mesita había una botella de ron Bacardi, también había una vasijita como de nácar que yo nunca había visto, y adentro de la vasijita unas cositas grisáceas más bien tirando a negro, cosa que yo no conocía, José me saludó alegremente, besó a su esposa y nos invitó a sentarnos, sirvió dos copas mas y nos las ofreció, los tres brindamos y empezamos a recordar algunos pasajes del crucero, en especial la tarde de buceo en islas Vírgenes, Diana estaba sentada a mi lado, algo que me pareció extraño, pues su esposo estaba ahí, pero este no mostró ni la más mínima atención a ese hecho, lo cual me tranquilizó.
Después de varias copas José se levantó, trajo unas galleticas y con una cucharita de nácar también, sirvió de aquella cosa que había dentro de la vasijita sobre las galleticas, me dijo que podía comerlas, el tomó una, lo mismo Diana, también tomé una, la comí y sentía la mirada un poco burlona de José, el sabor no me gustó, a lo cual él me preguntó qué tal me parecía, a lo que le pregunté, ¿Qué era aquello? Él me respondió, es el mejor caviar del mundo, y me explicó qué eran los huevos de un pez llamado esturión, que el mejor caviar era el del mar Caspio, que él lo importaba de allá, y tenía distribución en varias partes de EEUU, CANADA, MEXICO, y también en otras partes de América Central, ahora comprendía por qué tanto lujo en ese camarote, de todas maneras su sabor no me gustó, había probado cosas mejores como el rico sabor del sexo de Diana.
De un momento a otro Diana puso su mano sobre mi muslo y empezó a acariciarme sin que José se inmutara de aquella acción, también yo le puse mi mano en su lindo muslo, la sobaba con un inmenso deseo y cada vez acercaba más mi mano a su vagina, me la imaginaba toda mojadita por sus jugos y por el sudor de aquel baile, ella también subió más su mano y me acariciaba mi pene por encima de la sudadera, mi pene crecía a las caricias de aquella delicada manito, José miraba sin perder detalle de nada y con malicia sonreía, Diana me ofreció sus labios, y nos fundimos en un apasionado beso, al besarnos le tocaba sus lindos senos.
Diana se paró y me dijo: “Quiero que me huelas mi vagina como lo hiciste en el baile”, acerqué mi nariz a ese rico triángulo, y no solo la olí sino que le daba mordiditas por sobre su ropa, José cada vez tomaba más, y se le veía en su rostro lo bien que estaba pasando al ver todo lo que ella y yo nos hacíamos, entonces Diana dijo: Me puedes hacer todo lo que quieras delante de José, es parte de todo, a lo que le dije: Quiero chuparte tu vagina pero sin ropa, Diana trato de quitarse todo, a lo que la interrumpí y le dije: Déjame ese trabajo a mí, quiero desnudarte por mi cuenta, Diana se quedó quietica, le quité su camisetica, y chupé sus lindos pezones puntuditos, paraditos, ricos, con un saborcito como a lágrimas, saladitos.
Poco a poco fui bajando su pantaloncito dándole besitos por su vientre, su cadera, con delicadeza le di vuelta para morder y besar aquellas duritas y redonditas nalgas, mi lengua lamía todo lo que se encontraba a su paso, abrí un poco sus nalgas, y mi lengua casi que llegó hasta ese rico hoyito de su ano, después de esto la cargué en mis brazos, y lentamente la deposité en la redonda cama, me desnudé lo más rápido posible y me lancé a oler de nuevo aquella gruta que tanto deseaba, quería saborear el sabor de aquella deliciosa mezcla, la cual para mí era como el más exquisito manjar, al saborearlo me acordé de la galletica con el caviar, y llegué a una conclusión, que no cambio el sabor de una rica vagina por el mejor caviar del mundo, así venga de Irán, Irak, o Rusia.
Mi lengua entraba y salía de aquella rica raja, y mis lengüetazos llegaban hasta su ano, entre tanto Diana me chupaba mi pene, con una dulzura que nunca nadie me había dado una mamada como aquella, los dos nos habíamos olvidado de José, sobre todo yo, pues Diana, según me explicó luego estaba consciente de todo, no obstante miré a José, y éste se acariciaba su dormido pene, ahí empecé a comprender el porqué yo estaba allí, nuestras caricias y el oral que nos dábamos se prolongó largo rato, pero tanto Diana como yo queríamos una buena penetración, entonces ella dijo : "No te montes tu, quiero montarme yo" ; pero lo vamos a hacer como yo te diga, asentí con un movimiento de cabeza, como podía negarle algo a esa ricura de mujer, me dijo; deja que tus pies cuelguen, así lo hice, ella tomó posesión de mi pene y se lo metió todito y empezó aquel vaivén, de frente, de lado , en redondo, parecía minero lavando oro, así era la forma como ella se movía, al cabo de un rato ella empezó a gemir, como dije antes aquellos gemidos parecían “”Aullidos“”,cada vez “”Gemía“”más…..
Miré a José que se despojaba de lo que tenia puesto, y con su aparato en plena erección se acercó a Diana, acarició sus nalgas, las apartó con sus manos, y lentamente la fue penetrando hasta clavarle todo su atributo en su rico ano, a medida que ella sentía esa doble penetración se movía rítmicamente, ella se penetraba su vagina con mi pene, y su ano con el pene de José, lo hacía de una forma magistral, lo disfrutaba, y nos hacía disfrutar a los dos, en un momento Diana aceleró mas aquel ritmo, sus “”Gemidos””, y su temblor en su cuerpo aumentaron de tal manera que tanto José, Diana, y yo, acabamos al mismo tiempo, ¡¡¡¡Que hembra era Diana!!!!, Todo lo calculaba como relojito Suizo.
Así desnudos como estábamos nos sentamos a tomarnos unas copitas de ron, al cabo de un rato Diana siguió con su jueguito, tomó mi pene, hizo lo mismo con José, y empezó a masturbarnos, cuando calculó el tiempo preciso con una gran seriedad me dijo: Quiero pedirte algo, ¿Lo harás?, Depende, le respondí,--- es muy sencillo contestó, ¡¡¡¡Quiero orinarte!!!!, Acuéstate en la cama, arrugué mi frente y le pregunté:¿pero ahí sí se puede?, Claro que sí, José preparó todo, me acosté en la cama ella se puso de rodillas sobre mi desnudo cuerpo, y empezó a orinarme desde mi pecho, lentamente fue bajando, aquel chorro salía como de manguera de riego, sentía aquel liquido calientico y ese olorcito peculiar de los orines, mi cuerpo se ponía como de gallina, era una sensación nueva para mí, nunca la había sentido, tanta era mi excitación que puse mi mano en ese chorrito, y me la llevé a mi boca y saboreé aquel liquido, su sabor para mí fue como el del caviar.
Entre tanto José se deleitaba con aquel ritual que su esposa le regalaba, y que yo era,””La víctima“”, Cuál víctima?…. lo que lo estaba era pasando delicioso, al mirar todo aquello José se masturbaba, y se lamía sus labios como queriendo estar en el lugar mío, a una seña de Diana José se acostó en la misma posición que antes yo había tenido, Diana repitió lo mismo que hizo conmigo, el pene de José se lo clavó en su vagina, me miró, se dio una palmadita en su nalga, y me invitó a que tomara su rica retaguardia, mi pene entró suave pues todavía tenía semen de José en su rico trasero, repitió exactamente todos los movimientos anteriores, ””Qué calculadora mujer!“” También los dos respondimos al tiempo, terminada aquella rica sesión de sexo y lujuria nos dimos un baño, nos sentamos a tomarnos otros roncitos y a charlar un poco.
Al cabo de un rato Diana me dijo: "Quiero terminar lo que dejé empezado"; tomó a José lo besó tiernamente, y repitió lo que antes me había dicho; amo a mi esposo con todo mi corazón, por el hago todo esto, te explico el por qué: él tiene un problema en su función eréctil, para que su pene se le ponga como ahora, necesita de todo lo que hemos hecho, especialmente al escuchar mis “”Gemidos“”, queno es fácil que yo gima, solo lo hago cuando me siento atraída por la persona elegida, por eso tengo que hacer las cosas sin que él esté presente, cuando lo logro, es que ya participa la otra persona en este caso tú, todo esto hace parte del amor que le tengo, después de esas explicaciones me dijo; espero que no te sientas mal por lo que te dije, y te ruego nos dejes solos pues lo nuestro continua, la besé tiernamente, apreté la mano de José, y me retiré a mi camarote casi al amanecer.
Me sentía muy contento, no solo había ayudado a que José tuviera sexo con su linda esposa, sino que también me había divertido, con todos estos pensamientos profundamente me quedé dormido, como de costumbre desperté temprano, pues para mí no importa lo tarde que me acueste siempre despierto temprano, el día no seria para nada agitado, los caleños estarían en el casino, de todas maneras iría donde ellos.
Tomé mi desayuno acompañado de varios vasitos de jugo, todavía mi cabeza me daba vueltas por los rones, fui donde los caleños los cuales estaban levantados y dispuestos a día de piscina pues la noche anterior habían ganado en el casino y no querían jugar más , en vista de todo esto bajé a mi camarote me acosté y me dormí.
El barco zarparía en unos momentos rumbo a Cabo Cañaveral, sería un día largo, desperté después del medio día, me puse un pantalón de baño, tomé una toalla y me trasladé a la piscina, allí me encontré con mis patrones lo mismo que con Diana y José, juntos disfrutamos del agua, charlamos, nos tomamos algunos traguitos y dejamos que el día transcurriera.
El barco llegó a su destino final al caer la tarde, a la salida cada cual tomó su rumbo a sus hogares y hoteles de las diferentes ciudades.
A la salida uno de los vigilantes del barco me entregó un sobre de manila, era de Diana y José, me daban las gracias, a la vez Diana me había regalado aquella tanguita blanca que quité con mis dientes, todavía tenía ese rico aroma que tanto me enloquecía, también había allí 5 billeticos de 100 de aquellos preciados verdes…. Todo lo que uno tiene que hacer por un puñado de Dólares….Qué más podía pedirle a la vida.
PD…Que pena con mis lectores, hago esta aclaración: Casillero del Diablo no es español, es chileno…Mil perdones.








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login EntrarPues que decir viejo Nelson, eres todo un “filántropo”, no todo el mundo tiene un corazón tan grande y generoso como el tuyo para hacer esa obra de caridad tan valiente, arriesgada, difícil y azarosa que hiciste con esa pareja, ¡Jajaja! Me siento muy orgulloso de ser tu amigo, ahora más que nunca te cabe el apelativo de “SuperNelson”, Bueno, y de paso supiste de qué se trata y en qué consiste la tan nombrada “Lluvia dorada”. Lástima no hubiera sido desde la punta de la cabeza hasta los pies “el aguacerito”, Jajaja!, muy rica cena la que degustaste: “Caviar”, y de postre “Champaña Diana”. !Jajaja! Te felicito mi querido amigo, muy rico tu remate de la historia y como siempre:”Buen viento y buena mar”! Un abrazo cariñoso y cordial.