La idea era salir el viernes en la noche para poder descansar de todo el estrés de la semana en el trabajo. Para ser honesta por mí cabeza no pasaba la idea de que en este viaje tendría una de mis experiencias más inolvidables, sólo pensaba en descansar y pasar un rato agradable con mi pareja.
Llegamos tarde en la noche, hacia frio y yo estaba cansada. Mauricio, como es su costumbre, estaba alegre y divertido. El alcohol y la comida acompañaron la velada. En medio de la música y las risas de todos, mis ojos se fueron hacia un espeso bosque que estaba al frente de la finca. No sé porque, pero mi mente comenzó inmediatamente a desatar su imaginación, fue como una corriente que recorrió mi cuerpo. En este momento recordé que Luisa, mi mejor amiga, me contó hace poco que Carlos, su novio, la había llevado a acampar en una zona rodeada de naturaleza, y me contó según sus propias palabras, que había tenido el mejor sexo del mundo, que la combinación con la naturaleza, sus olores y la idea de hacerlo al aire libre habían sido una combinación que logró despertar sus más fuertes deseos, incluso me contó que sus orgasmos fueron tan placenteros que sólo recordarlos lograba humedecerla nuevamente.
Por un momento imaginé mi cuerpo desnudo en medio de ese bosque. Miré Mauricio y lo transporte conmigo a ese lugar, sólo imaginar su cuerpo desnudo y su delicioso pene fuerte y erguido en medio del frio, fueron para mí como una invitación imposible de rechazar. Pero asenté mi cabeza por un momento, volví a conectarme con mi entorno y pensé para mí, estoy segura que Mauricio no pensará lo mismo que yo, seguramente querrá que hagamos el amor tantas veces como podamos, cosa que me fascina y excita al mismo tiempo, pero en la comodidad de la cama y no rodeado de mosquitos y frío que el espeso bosque nos daría. Respire profundo y logré desconectarme de mi fantasía natural y volver con el alcohol y las risas de los demás.
La noche se extendió hasta la madrugada, eran casi las 2 de la mañana y Mauricio y los demás comenzaron a cantar canciones que sólo los tragos hacen que los hombres pueden disfrutar. Sentí que era hora de dormir, le di un beso algo frio y distante a Mauricio, no quería que el alcohol y mis labios se convirtieran en adrenalina para él. Fui hasta mi cama en medio del fuerte frio, me recosté e inmediatamente me dormí sin pensar mucho en todo lo que había pasado en la noche.
No recuerdo ver a Mauricio entrar a la habitación, pero en la mañana del sábado él estaba a mi lado completamente dormido. Fui a bañarme, y cuando salí de la ducha, Mauricio estaba despierto. Me miró y sonrió, yo entendí su juego. Después de estar años juntos hemos aprendido a entendernos sin palabras, sólo es necesario un gesto o una mirada para saber que queremos el uno del otro. Comencé por levantar mi toalla suavemente, mostrándole mi entrepierna por pequeños espacios. Si existe algo que lo enloquece es ver mi vagina afeitada y recién salida de la ducha. Luego comencé con pequeños movimientos como simulando un baile, y le enseñé mi trasero bajando con movimientos sexys la toalla. La tire al suelo y empecé a tocarme los senos y a mirarlo fijamente con la cara que hacemos las mujeres cuando queremos que nuestro hombre explote por dentro.
Mauricio estaba completamente excitado, su cara y sus manos se movían fuertemente. En ese momento me acaricié mis labios húmedos hasta llegar a mi clítoris mirándolo fijamente, y cuando estaba completamente humada decidí lanzarme hacia él. Iniciamos tocándonos por todo el cuerpo, sus dedos recorrían mis zonas más calientes. Llevó su mano hacia mi vagina y empezó a tocarme con movimientos fuertes y suaves, yo agarré su pene con fuerza, haciéndolo sentir que era mío y que con él podía hacer lo que quisiera, sé que eso le fascina, le excita la idea de pensar que su miembro me enloquece, que lo disfruto. Ya estaba muy mojada y con fuego por dentro. Le quité toda su ropa y me penetró inmediatamente, sus movimientos y mi excitación me llevaron a un orgasmo rápido pero muy placentero. Luego sentí que él no aguantaba más, y le susurré a su oído que se viniera, hizo unos movimientos fuertes y me haló con fuerza, pero con pasión, de mi pelo y sentí como su semen chocaba dentro de mi vagina. Terminamos algo cansados, nos recostamos y nos dimos un tierno beso que culminó ese pequeño pero delicioso momento de excitación.
La mañana continuó sin mayores novedades. Luego de desayunar y charlar sobre la fiesta de la noche anterior, todos decidieron recostarse un rato en las hamacas que había alrededor de la finca. Para mi sorpresa Mauricio me propuso que camináramos por los verdes campos que había por el lugar. Por supuesto mi imaginación me llevó inmediatamente al bosque, mi vagina que aún recordaba las caricias de Mauricio en la mañana, comenzó a sentirse un poco excitada nuevamente, no podía creer que la historia de Luisa y este bosque tuvieran tal efecto en mí, es como si me fantasía me persiguiera a todas partes.
Decidimos ir solos, no sé si Mauricio lo planeó, o simplemente fue la casualidad. Comenzamos por recorrer todo el lugar, hacía un poco de sol y el cielo estaba despejado. Caminamos alrededor de 30 minutos hasta llegar a una pequeña tienda que estaba en la carretera. Pedimos unas cervezas frías. Nos sentamos en una pequeña banca que casualmente permitía ver el bosque de mis pasiones. Mauricio simplemente miraba con rumbo perdido. En este momento pensé que simplemente las cosas no iban a pasar como quería.
Luego de un rato retomamos nuevamente nuestra caminata. Llegamos a una carretera destapada rodeada de árboles, completamente sola, honestamente creo que nadie pasaba por ahí. Por supuesto pensé. “Mauricio reacciona, estamos solos, con la posibilidad de experimentar algo nuevo que seguramente será completamente excitante” pero decidí no comentar nada y resignarme. De repente Mauricio me tomó fuertemente de mis brazos, me llevó hasta su pecho y mirándome fijamente me dio un beso, su lengua recorrió todos las partes de mi boca, sentí un fuerte cosquilleo en mis partes bajas, quedé sorprendida con éste acto, pero no pronuncié ninguna palabra. Si algo he aprendido es que preguntarle a un hombre porque haces esto o lo otro, es bajar sus deseos, como dicen es mejor sentir que hablar.
Inmediatamente después comenzó a tocar mis nalgas suavemente y me preguntó si alguna vez había hecho el amor al aire libre. Me quedé sorprendida por su pregunta, y de inmediato le contesté que no. Sonrió y suavemente me dijo que mirara para el bosque; sí para el bosque que tanto había despertado mis pasiones. Se acercó a mi oído e introduciendo suavemente su lengua con jugueteos deliciosos me dijo que si no me atrevería a estar con él en medio de los árboles. Mis labios sonrieron, dije que sí sin dudarlo un instante. No podía creer que Mauricio, el hombre que pensé que no le agradarían ese tipo de cosas, me propusiera realizar mi fantasía más reciente. Sin dudas a veces creo conocer el comportamiento de los hombres, pero casi siempre me sorprendo con algunos de sus reacciones inesperadas.
Comenzamos a subir por una pequeña montaña, nuestra respiración se agitaba a medida que avanzamos más profundo en el bosque. De repente llegamos a un lugar rodeado por una pequeña fuente de agua, con árboles que cubrían el exterior y piedras que simulaban en mi mente pequeños nidos de desenfreno y loca pasión. Mauricio se detuvo, y sin pensarlo y lleno de excitación me tomó de la cara y comenzó besarme rápidamente, su lengua jugaba con la mía, su respiración penetraba mi rostro, sin duda estamos completamente calientes.
Yo comencé a darle rienda suelta a mi imaginación, recordé por un instante la historia de mi amiga, no podía creer que al fin estaba en ese lugar a punto de cumplir una de mis fantasías más húmedas. Luego Mauricio me quitó la camisa y mi ropa interior, mis pezones estaban firmes, él comenzó a lamerlos y morderlos suavemente como si quisiera devorarlos por completo. Sus manos recorrían mi torso. Sin pensarlo baje sus pantalones y le quite sus bóxers apretados. Su pene estaba completamente erecto y un poco mojado. Decidí llevarlo hacía una de las piedras. Recostó su cuerpo y con su pene cerca de mi rostro comencé a chupárselo con deseo. Lo miraba fijamente mientras él acariciaba mi cara y mi pelo. Tuvo que detenerme un poco, sin dudas hubiera podido llegar a un orgasmo en ese momento. Me tomó de la cintura y me recostó en la piedra. Su lengua comenzó a jugar con mis labios vaginales con movimientos fuertes y suaves y hacia arriba y abajo, mis deseos se hacían más intensos. Alzaba mis ojos, veía los árboles y la naturaleza, sentía una gran excitación. No sé porque pero los movimientos de Maurico y todo el entorno me ponían más y más caliente.
Después me levanté y puse a Mauricio en la piedra, toqué su pene con movimientos suaves pero continuos, y nos besamos delicadamente. Subí mi cuerpo encima de él, sentí como me penetro suavemente, estaba tan mojada que no tuvo problemas para metérmelo por completo. Comencé con movimientos suaves, mis nalgas chocaban con su estomago, esto lo excitaba y hacía que me tocará con más ganas de devorarme. Luego me agarró fuertemente y me puso en cuatro. Mi mirada estaba rodeada de naturaleza, mientras las manos de Mauricio acariciaban mis senos y mi estomago. Sentí como su miembro estaba fuerte y palpitaba de excitación, me penetró con movimientos continuos, lo sacaba y entraba con un ritmo fascinante. Siempre he pensado que en esta posición se siente mucho más la potencia de tu pareja. Sus manos comenzaron a tocar mi trasero con fuerza, sentí como abría mis nalgas con deseo, sus movimientos se hicieron más rápidos, comencé a sentir cosquilleo en mi vagina, pensé en el lugar, los árboles, el aire libre, el miedo existente de pensar que alguien nos estaba observando, en los movimientos de Mauricio, y sentí como estaba llegando al clímax. Di unos pequeños pero profundos gritos de placer y comencé a venirme desenfrenadamente.
Sentía una enorme sensación de placer. Mi cuerpo arrojó por completo toda mi pasión contenida. Pensé en todo lo que había imaginado, y feliz pensé que había estado mejor que en mis sueños. Mauricio pudo terminar encima de mis nalgas, su rostro me decía lo delicioso que lo habíamos pasado. Nos reímos y sin decirnos nada nos recostamos en la piedra mirando hacia lo profundo del bosque.
Ese fin de semana fue sin dudas la mejor sorpresa que mi pareja había tenido en mucho tiempo. Nuestro acto sexual fue un desborde de locura y excitación. Sin dudas una experiencia única que quisiera volver a repetir. Y pude comprobar por mi misma que mi amiga no mintió en cuanto a sus recuerdos húmedos y llenos de placer.








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