Llegue a al ciudad, nada nuevo aparte de los precios y el clima un poco más cómodo, nada nuevo aparte de los hombres que han cambiado y el mismo mundo aburrido.
El chat asiduo en el que entre no tendría mas de 50 personas y de mi ciudad aparte de mi solo dos hombres muy a mi estilo por cierto, dos conversaciones simultaneas, dos deseos entretenidos sin poderme decidir por uno solo, hasta que la invitación hizo su aparición teatral y los dos hombres enlazados en un hermoso juego de halagos hacia mi me plantearon hacer juntos un postre de las tres leches.
Cerca a donde me encontraba estaba el sitio indicado, prolijo, limpio y sin censuras, nos recogió en sitios indicados uno de ellos (el que estaba en la mitad por edad, tenía 26 años y un cuerpo robusto delicioso). Entramos en la habitación y ni siquiera el preámbulo de l saludo fue necesario, porque las tres bocas se juntaron y las flores del recinto se apenaron de nuestro afán de desnudarnos, la cama no resistió los tres cuerpos llenos de erotismo que se apretujaban sobre ella como víboras en rituales enigmáticos o como aves en el mas pornográfico celo, y las bocas bajaban a donde debían y succionaban lo que querían y sin importar el sitio y el orden todo fue placer y en los rincones penetraron mis nalgas como se les antojo (que delicia de momentos) primero uno, después el otro a veces uno en mis labios de amatista, otro entre mi culo de algodón y entre ellos los besos fraguaron el delirio, y estallamos casi al unisonó: todo sobre mi, lluvia de placer.
Nos lavamos los tres mutuamente, como sátiros en camaradería y nos vestimos con paciencia y erotismo y nos besamos de nuevo hasta rompernos los labios y nos despedimos y nos prometimos volver un día a sucumbir en el orgasmo de número impar.








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