Recuerdos
Son imágenes sueltas que vienen a mi mente, cada vez que te visitaba en tu oficina y te recostabas en la pared donde te abrazaba, revolcaba tu cabello, besaba tu cuerpo, frenéticamente, solamente apoyados en la pared, con ganas de liberarnos por completo, sabiendo que no estábamos solos, nuestras miradas se encuentran y una sonrisa cómplice nos une, es solo el preámbulo, el inicio.
Estamos solos, en silencio, mis manos recorren tu cuerpo lentamente, ya hemos hecho el amor y nuestros cuerpos aun sienten el calor, la humedad de nuestros besos, aun refresca nuestros cuerpos, nos dejamos llevar por nuestros instintos, tu cuerpo yace rodeado de los pétalos que formaban el corazón en nuestra cama, te beso, te acaricio, tus ojos están cerrados, tu respiración responde lentamente cada vez que te toco, ahí, si, justamente donde descubrí tu debilidad, mi lengua inquieta no se cansa de lamerte toda, sabes que te deseo, sientes que te deseo, mi corazón late a mil, siempre me dijiste que parecía que fuera a estallar, nunca pude liberarme de esa sensación maravillosa de poseerte, siempre quise demostrarte todo lo que sentía, quería sentir en ti, lo mismo que me hacías sentir a mí, cada encuentro era maravilloso, un descubrimiento nuevo.
Luego, el despertar, el mirarnos, saber que el reloj siempre nos devolvía a un mundo distante, lejano, ese mundo que mirábamos tomados de la mano, sabiendo que éramos un mundo aparte, que ninguna otra persona jamás descubriría nuestro mundo, nuestra fantasía, nuestra realidad alterna, imaginábamos las realidades de esas otras personas, sus fantasías, para alimentar las nuestras y sentir, cada vez que nos miramos, que somos solos tu y yo, amantes desenfrenados, inquietos, fantasiosos, imaginativos, reales y siempre, siempre, hambrientos de más. Y, hoy, después de tanto tiempo, nos miramos, y una sonrisa cómplice dibuja nuestros labios y un beso robado nos dice que aún no hemos terminado.








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