Esta historia sucedió en un municipio de Colombia atrapado por el mágico rio Magdalena, una isla de agua dulce, es de la vida real, aunque yo no fui testigo ocular de los hechos si lo fue un cuentero costeño, a él le consta que todo es real y si a él le consta entonces a mi me consta, el acostumbra a contar la versión fresita de la historia pero yo me sé la verdadera versión y es la que les voy a contar, la verdad no recuerdo el nombre del cuentero pero esta historia me pareció muy linda y la quiero compartir con ustedes con unos matices un poco diferentes.
Si leyeron bien el nombre de la historia trata de amores perros y es una historia de amor entre dos perros, no se trata de Caperucita Roja y el Lobo Feroz, perdonen pero no hay seres humanos en la historia es algo más perecido a un cuento infantil pero su contenido erótico lo hace no apto para niños así que lo quise publicar acá.
Caperuza era un perro criollo pequeñito y algo feo, con unas peladuras de sarna en algunas partes de su cuerpo, su oreja algo mordida, producto de peleas en la carnicería donde buscaba comer los desperdicios que le quitaban a la carne de primera. Aunque Caperuza tenía un hogar, se rebuscaba comida en la carnicería porque sus amos eran muy pobres.
Cuando regresaba de su búsqueda de alimento, pasaba por esa casa de rejas altas, allí, en el fondo estaba esa perra, que perra tan linda, se llamaba Susi, era una French Poodle, muy fina, muy linda, parecía tener un busito blanco, era toda peluda, tenia pelos hasta en la pepa del ojo, aunque era delgada su ternura la hacían padecer una osita, una osita polar de esas de cocacola pero en versión pequeña y light. Todas las tardes a las 5:00 pm, corría por la terraza de su casa, dejando mover su hermoso pelaje, parecía salida de una propaganda de Dog Chow, en verdad era hermosa. A veces miraba a donde caperuza y no se sabe si era por el cansancio o por burlarse, sacaba la lenguita de una manera muy especial, bueno ni tan especial, en realidad parecía una perra tonta, pero eso era letal para Caperuza quien dentro de su estomago repleto de desperdicios de carne sentia que algo se movía y no eran parásitos porque el mensualmente se purgaba con hierba fresca, eran los sentimientos que Susi le causaba, parte de esos sentimientos se iban a sus testículos y bajaban por su miembro que se asomaba como un lápiz labial y dejaba salir unas pequeñas gotas de pasión; otra parte de sus sentimientos se imprimían en sus ojos, les mentiría si les dijera que ponía la cara como el gato de Shreck, pero su gesto era tan tierno que más que perro parecía un ternero degollado, a veces Susi ponía una cara de desespero, Caperuza pensaba que podía ser que su presencia la incomodaba, pero por eso no se iba, antes se quedaba para ver como ella lamia su pata izquierda, quizá para acicalarse un poco, eso excitaba mucho a Caperuza quien inmediatamente empezaba a lamer su pata derecha, no para acicalarse, sino para sentir que la lamía a ella, el motivo de sus pensamientos mas lindos y también de los más morbosos.
Todos los días Caperuza hacia lo mismo para luego irse a su humilde hogar, donde recordaba esas imágenes, video y audio que había capturado en su mente, no dudaba en lamerse su amigo para luego acercarse a esa caja pequeña la cual lamia y fornicaba con fuerzas pensando que esa caja era su adorada Susi.
Cuando Susi se calentaba, le llevaban algunos perros de la cuadra de esos de buena familia por descender de perros de razas extranjeras, Caperuza veía como ella los rechazaba a cada uno, los mordía y no eran mordiscos de cariño, era porque no quería con ninguno, eso hacía que Caperuza cada vez la viera como esa diva imposible para un chanda como él.
Un dia, un nuevo visitante cambió por completo la rutina del pueblo, era el perro de uno de los jefes de cierto grupo insurgente, era un pastor alemán, pero no se trata de esos perros que uno siempre ha visto, era un pastor alemán de verdad, traido directamente de Alemania, era enorme, su mirada era penetrante y asesina, no se llamaba Caicer o Tintín como cualquiera esperaría, su nombre era Cancerbero como ese que cuida las puertas del infierno y es que su mirada era como sentir que el infierno estaba cerca, cuando salía todos los perros se escondían del miedo, hasta los perros de la cuadra que abordaban a Caperuza .
Los perros de la cuadra cansados de esa zozobra se reunieron para plantear soluciones a la problemática, la solución era conversar, si, conversar con Cancerbero para que todos pudieran estar tranquilos, Caperuza desde lejos escuchaba la conversación. Los perros de la cuadra acordaron reunirse con Cancerbero en una finca de su amo llamada Santa fé de Ralito, el vocero de los perros de la cuadra se le acercó a Cancerbero y le dijo, vengo a conversar, Cancerbero abrió su boca, las cuales parecían las puertas del infierno y de un solo mordisco le arrancó la cabeza, y luego preguntó: ¿ quien más quiere conversar?, los perros salieron corriendo a esconderse debajo de las camas de sus amos por el terror causado en esa escena.
Caperuza estaba muy triste, aunque sabía que Susi nunca seria suya, almenos siempre la podía ver desde las rejas y alimentar sus fantasias, soñar no cuesta nada, pero Cancerbero le había robado hasta su derecho a estimular sus fantasias, el pensaba que algún dia Susi encontraría un perro digno de ella y él desde de las rejas disfrutaría ver como otro se la montaba y la hacía feliz, el realmente quería felicidad para ella, así sea que el solo fuera un espectador, pero en esas condiciones eso no pasaría nunca, fue de esa forma que Caperuza se llenó de valor y decidió que no su vida no tenía sentido si Susi no podía ser feliz, por eso decidió hacer algo temerario, comparable a los Kamikazes Japoneses o a los Ingenieros y técnicos que buscan solucionar la emergencia nuclear, les dijo a los perros de la cuadra que lo que sentía por Susi lo llevaría a solucionar el problema, los demás perros quienes siempre se burlaban del origen criollo de Caperuza, esta vez se sintieron unos perros cobardes, de poco valor ante un aguerrido Caperuza quien se convertía en ese momento un personaje de respeto, capaz de enfrentase a alguien tan temerario como Cancerbero.
Caperuza cruzó el rio y llego a la vereda del Guarumal allí estaba amarrado a un árbol un perro con morderrabia, Caperuza lo mordió y este respondió la mordida contagiándolo de morderrabia, Caperuza con mucho esfuerzo se pudo regresar y a rastras llegó hasta donde Cancerbero quien le preguntó: ¿tú también vienes a conversar?, Caperuza le respondió: no, vengo es a acabar contigo a lo que cancerbero inmediatamente le arrancó la cabeza de un solo mordisco, al día siguiente Carcervero en grave estado por la morderrabia comprendió el significado de las palabras de Caperuza, a los dos días el pueblo respiraba nuevamente un ambiente de libertad y alegría, esta vez gracias a Caperuza, el Kamikase perruno, quien dio la vida por la libertad de todos y todas.
Sin saber lo que había pasado, Susi notó que todo era tranquilo, que las cosas parecían ser igual a las de antes pero faltaba algo, faltaba caperuza morboseandola detrás de sus rejas, Susi le preguntó a una de las perritas de la cuadra que era lo que pasaba y ella le contó todo, enseguida una inundación de lagrimas recorrió parte del pueblo, ella le contó a su amiga todo su sufrimiento:
Susi quedó impactada desde la primera vez que esa mirada morbosa de perro callejero se clavaba en sus ojos, lo que más le movió ese estómago lleno de Dog Chow fue saber que la mirada morbosa continuaba cuando ella no estaba caliente, la deseaba cuando todos la deseaban y cuando ninguno la deseaba, caperuza siempre estaba allí morboseandola, desde ese momento decidió que no quería ser montada por otro hasta no sentir la descarga del cariño de caperuza, sabemos que los perros y perras son SW, pero en verdad Susi necesitaba mostrarle a Caperuza lo especial que era para ella.
Cuando caperuza se asomaba, ella se angustiaba porque deseaba pronto estar caliente para ser suya, se lamia la pata izquierda pensando estar entre las patas de Caperuza, ella deseaba profundamente lamerle hasta las sarnas para sanarlas con su esquicia saliva, cuando veía a Caperuza lamerse la pata derecha su excitación era tanta que le pasaba algo raro, se sentía húmeda aún si estar en la etapa de calentura, al cabo de un rato se recogía para lamer su cuquita humedecida por la sola presencia de Caperuza, ella nunca se atrevió a abordar a Caperuza, es que en verdad se sentía muy nerviosa y no sabía que hacer, solo correr de la felicidad por la llegada de ese perro, las demás perras de la cuadra también querían comerse a Caperuza pero ellas sabían que este solo tenía ojos para Susi a pesar de que toda su vida fue bien perro como todo perro.
Susi sabe que Caperuza ya no está pero aún así se asoma a sus rejas y piensa en caperuza mientras se lame las patas y se lame la cuquita no le importa si es delante de varios perros que pasan por allí. Varios perros se la han montado, pero cuando se la montan ella piensa en las embestidas que Caperuza nunca le dio.
Desde esos días todas las perras quieren que sus hijos sean como Caperuza, los perros empiezan a imitar algunos de los comportamientos de Caperuza y morbosean a las perras todo el tiempo, cuando ven a uno bien criollo, lo miran con respeto porque saben de su capacidad de morbo y su capacidad de sacrificio, para ellos es un honor haber nacido en su tierra y saber que aunque algunos tengan algo de origen extranjero, lo que más los enorgullece es saber que también son colombianos y pueden amar hasta la muerte, pueden morbosear como ninguno y cualquier perra por fina que sea se moriría de ganas por uno de los nuestros así sea el más chanda.








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