UN INESPERADO VIAJE A CARTAGO (V)
El fin de de semana anterior, uno de mis socios me llamó hacia las 5 de la tarde del sábado para decirme que un cliente requería un servicio urgente en Cartago y que urgía mi presencia lo más temprano posible.Que hiciera todo lo posible por amanecer en dicha ciudad, puesto que la persona que necesitaba nuestros servicios, necesitaba atención inmediata a su problema y lo más pronto posible.Así que arreglé un macuto con lo personal necesario y alisté el material que tenía que llevar para la labor a desarrollar.
A las 6 y media me fui a la Terminal a buscar un transporte para dicha ciudad y me dijeron que para las 7:10 había programado un vehículo.Compré el tiquete y me senté a esperar que cuadraran el bus.Se me antojó comprar algunas cosillas de mecato y me retiré por unos minutos de la sala y al regresar encontré que el vehículo ya estaba estacionado, por lo que lo abordé y me senté en la ‘banca de los músicos’ hacia el lado izquierdo.
A los minutos se subió una dama y se ubicó en la misma ‘banca de los músicos’ pero al lado opuesto. Noté que llevaba una licra blanca muy ajustada que le marcaba muy bien todo el cuerpo, especialmente se destacaba el ‘pie de camello’ de una manera muy pero muy provocativa.
La dama en cuestión, se sentó inicialmente y, a los pocos minutos, se deslizó sobre los 4 asientos, quedando en una posición semifetal.Con la poca luz que había, sus curvas abultadas se mostraban con mucha precisión, lo que empezó a ocasionarme una erección.
El bus salió de la Terminal con solo 4 pasajeros: nosotros dos y una pareja que se sentó en la parte delantera a tomar ‘guaro’ y a charlar animadamente.El vehículo tomó la vía a Yumbo, quedando casi en la oscuridad el interior.Ya era poco lo que podía observar de la dama, pero lo que si fue que en un momento se estiró y sus pies, quedaron contra mis muslos.Por la cercanía, podía apreciar que eran unos pies muy bien cuidados, muy lindos y cada momento me crecía la intención de acariciarlos. En uno de los tobillos una delicada cadena colgaba con un dijecito.
Suavemente empecé a pasar un dedo por uno de los tobillos y estuve alerta para ver la reacción de la dueña, pero ésta no se manifestó en lo absoluto.Luego procedí a aventuriar más y me dirigí hacia los dedos y empecé a acariciarlos más delicadamente; entonces, se acomodó boca arriba y subió sus pies sobre mis piernas.Símbolo que asumí como que quería algo más.
Y me encarnicé a acariciar esos suaves pies.Lamentablemente no había crema ni aceites, así que tocaba a puro contacto físico, razón por la cual, había que hacerlo con mas cuidado para evitar lacerar la delicada piel.Primero uno, luego el otro.La chica, no mostraba el más mínimo enojo y por el contrario parecería que lo disfrutaba enormemente.
En un arranque de aquellos que uno no sabe porqué lo hace, me llevé un pie a la boca y empecé a besarlo.Sentí entonces, que la chica templaba su cuerpo y un leve estremecimiento la recorrió.De besarlos, pasé a chupar el dedo gordo y de ahí, los demás.La respiración de la niña se hizo más agitada.Alterné uno y otro; empecé a deslizar mis manos suavemente desde el tobillo hacia la rodilla por encima de la suave licra en una especie de masaje y la chica no decía ni hacía algo que no fuera disfrutar las sensaciones que percibía.Fueron bastantes kilómetros en que me mantuve hasta que decidí avanzar más con mis inquietas y cálidas manos.
Ascendí entonces, por el muslo hasta llegar a su cadera.Y la chica no manifestó ninguna sensación de incomodidad por mi avance, por lo que decidí entonces continuar y en uno de los regresos de mi ascenso a su cadera, tomé el camino del Monte de Venus en un suave descenso que no fue objeto de rechazo.
Al pasar por Tuluá, el vehículo se detuvo brevemente para darle ingreso a dos pasajeros más que se sentaron en la parte delantera y continuó raudamente hacia el norte.Mis manos, entonces continuaron los viajes de ida y vuelta.En uno de ellos, cuando descendía del famoso monte, la mano de ella, me detuvo.No me hizo quitar pero me apretó fuertemente contra su cuerpo y claro, como a buen entendedor, uno de mis dedos se dedicó a moverse ágilmente en el fondo del cañón que remata el Monte.
Fue cuando la dueña de ese espectacular sitio, empezó a moverse, a suspirar y su respiración iba ‘in crescendo’.Se levantó ligeramente, se arqueó, suspiró, aspiró, espiró y su cuerpo tuvo una corta convulsión y luego cayó sobre la incómoda cama en que estaba.Allí quedó por unos minutos y se incorporó.
Por las luces de los lugares que pasábamos, pude apreciar el cuerpo que tenía.Se corrió hasta el sitio que yo estaba y sin decir palabra, empezó a acariciar el prisionero que tenia en medio de las piernas.No demoró mucho en abrirle la prisión de tela que tenía y dejarlo libre.Para volver a encarcelarlo entre sus fauces.Una severa y profunda sensación corrió por mi cuerpo, cuando sentí esa cavidad calida y húmeda que con el apéndice lingual me provocaba un maravilloso masaje.
Empecé entonces a recorrer con mis manos ese cuerpo cálido y suave.Alcancé sus senos que tenían terminación en punta dura cual trozo de diamante.Luego, una de mis manos descendió al sitio que originó la hoguera y se encontró con que la cubierta estaba totalmente húmeda, babosa, tibia.
Mi inteligente mano, entonces, subió hasta su cintura y pegándose bien a su piel descendió al sitio nuevamente encontrándose que el monte estaba bien rozado, que no habían trazas de arbustos filamentosos crespos y que el cañón que formaban sus labios estaba inundado totalmente.Una vez más ejercí la presión y los movimientos necesarios para que esta dama, tuviera un fogonazo de placer igual o superior al anterior, motivo por el cual mi eterno prisionero recibió en su dura humanidad los embates de la emoción de esta dama.
Terminada la explosión femenina, jadeando se incorpora y con un ágil movimiento desliza la licra hasta el suelo y sentándose de espaldas, suavemente murmulla en mi oído: Penétrame.
Ella guió de nuevo al preso hacia la nueva cárcel de placer que obligadamente le indicaban y sin ningún preámbulo, descargó todo su cuerpo, utilizando al preso como guía para direccionar su caída.El movimiento del bus, la sensación de estrechez de ese cálido agujero, la apretada ‘mamada’, sirvió de estímulo severo para que al prisionero le diera un fuerte mareo y derramara en el interior de la dama, un abundante y espeso líquido que provocó un largo orgasmo en la fémina que si no es porque le aprieto la boca con la mano, untada de ella, el grito se hubiera oído en Obando como una sirena de ambulancia.
Sólo musitó: ‘Rico’ y volvió a la carga.El prisionero por suerte, se mantiene en buena forma y aguanta el uso y el abuso, así que haciendo honor a su condición arrancó para el otro acto.El cual, terminó cuando el vehículo disminuía la marcha para ingresar a la ciudad de Cartago.La chica de la licra blanca entonces, sacó de su bolso un kleenex, el cual pasó por su entrepierna con mucha femineidad, se subió y acomodó la licra, cogió su maleta y se fue a decirle al conductor dónde se quedaba.Sin voltear a mirar ni siquiera un adiós, se bajó y se perdió en la oscuridad de las calles.
El problema me lo dejó a mi: mis pantalones quedaron untados de fluidos corporales y al otro día muy de mañana tenía una reunión de trabajo muy importante y era obvio que no los podía lavar.Y ya no había tiempo para comprar otros…Así que una limpiadita con pañuelo antes de bajarse y entrar a la casa con muchas precauciones para evitar cualquier mirada o comentario indiscreto…








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