Esta historia es real, sin embargo, no tiene una ubicación temporal especifica. Tampoco un lugar exacto ni mucho menos nombres. No existe algún contexto que establecer. Solo el sexo y el placer importan. La experiencia y las sensaciones.
La emoción que trae consigo volver a nuestros instintos animales a conciencia, de perder el control deliberadamente, de romper las reglas disfrutándolo, fue el que me llevo a ese bar oscuro.
Esta música negra, que a tantos les es ajena, contribuyen a la atmosfera de lujuria que se estableció tan pronto me senté a su lado y nuestras miradas se encontraron. Sin mediar una palabra, ella llena el vaso de licor y lo pone sobre mis labios, obligándome a inclinar la cabeza hacia atrás para beberlo. No sé su nombre y tampoco quiero saberlo. Quiero estar con ella, simplemente y en silencio. Quiero tocarla y no pensar en nada mas allá de sus piernas blancas, más allá de sus medias enmalladas, largas y negras.
Sin darme tiempo a terminar de beber el líquido abundante que baja por mi garganta, mi oscura princesa se abalanza sobre mi boca, apoyando sus manos en mi pecho para alcanzarla y sumerge su lengua en mi boca, probando la bebida que yo le cedo de a pocos. Un poco para ella, un poco para mí.
Cierro mis ojos y disfruto de esa urgencia, de su ansiedad. Dejo que mi mente se pierda cautiva del descaro, de la osadía que demuestra esta niña grande, a quien nunca antes vi. No sé quién es ni a que se dedica, pero sé que en breves minutos he llegado a conocerla como pocas personas, quizá nadie, lo hizo en su vida. Paso mi brazo por su cintura y la presiono fuerte, obligándola acercar su pelvis a mí, mientras me recuesto para atrás en el sofa en que estamos sentados, hasta que su pecho y cintura quedan parcialmente sobre mi pecho y abdomen.
Al estar recostados deja de besarme y me mira a los ojos. ¿Qué pensamientos estarán pasando por su cabeza en estos instantes? Yo lucho fuertemente para dominar mi instinto social: No debo hablar, no debo iniciar una conversación, no debo arruinarlo. Solo miro sus ojos y me pregunto si ella está dispuesta a continuar y rezo mentalmente para que ella tampoco hable. Lo último que quiero, es que ella me diga que esto nunca le había pasado. No quiero oírla decir "Normalmente no soy así"
Rompiendo el hechizo de su mirada, me fijo alrededor para notar si alguien nos mira. Seria difícil, dada la ubicación de nuestro sofá y la casi inexistente luz. Entonces tengo la feliz impresión de que la estridente música que suena, esa batería que estalla sin descanso y el sonido larguísimo de los violines constituyen la mortaja perfecta para cualquier intento de cruzar palabras.
Acercando mi nariz a su cuello, comienzo a tomar su aroma con aspiraciones breves pero fuertes y rápidas, tratando de atrapar el lugar exacto de donde proviene, persiguiéndolo por su piel como un sabueso, al tiempo que siento como su mano se posa sobre mi pene a través del jean negro que llevo puesto provocando en mí la deliciosa sensación de sentirlo endurecerse. Me presiona por momentos con la palma de su mano y en otras ocasiones lo frota de arriba abajo, como si quisiera trasmitirle algo de calor en esta noche fría.
Ahora que esta recostada sobre mí, puedo rodear su cintura con ambos brazos y vuelvo a besarla profundamente, mientras desde el interior de mi mente le grito que la amo, que la necesito justo ahora, que siento mi cabeza girar con el olor de su cabello que cae a lado y lado de mi cara mientras nuestros labios y lenguas siguen batallando. No quisiera abrir los ojos nunca.
Poco a poco siento, con los ojos cerrados, que mi cremallera baja y su mano inmoral busca mi verga entre la tela que lo protege, causando esa corriente maravillosa que sube por mi espalda.
Mil inquietudes cruzan ahora mi mente. ¿Por qué a diario tenemos que protegernos emocionalmente de aquellos que nos rodean? ¿por qué rechazamos con fuerza a quienes se acercan demasiado, a quienes violan nuestro espacio inmediato? Al tomar mi verga con su mano, al presionarme fuerte, me rindo al abandono total que significa cederlo todo ante otra persona. Ella aprieta mi pene con fuerza y yo hecho mi cabeza para atrás, sintiendo como me tiene en sus manos, dejándole sentir que me tiene en su poder y que soy suyo sin reservas, sin defensas ni mascaras absurdas. Apriétame el miembro más fuerte, princesa, tan fuerte como puedas!!!
Estirando mi brazo izquierdo, logro capturar la botella de tequila que continua medio llena en la mesa que está a nuestro lado y me la llevo a la boca, cuando siento el frio en mi pene que ya ha sido liberado. Ella levanta su cara y la ladea levemente, exigiéndome así su porción de tequila.
Mi cadera se empieza a mover al ritmo de su mano que sube y baja sobre mi verga dura y palpitante. No puedo evitar apretar sus nalgas obligándola a presionarse contra mí, y finalmente, mis dedos se escabullen debajo de su falda, la cual no puedo subir en este lugar público, pero en ningún momento considero la idea de llevarla a otro sitio. Lo que nos está pasando, está pasando ahora y aquí. Y debe suceder aquí.
Al tocar su vagina por encima de la ropa interior, siento que acerca sus labios a mi oído, llenándolo de su aliento tibio y alicorado y escucho su suave suspiro, que se va convirtiendo en una sucesión de gemidos suaves y rápidos, cuando mi dedo esquiva la barrera de encajes para penetrarla unos pocos centímetros. La presión de su mano se hace ahora más fuerte llenando de espasmos de placer mi cuerpo que no desea controlarlos, pero me obligo a disimular para no ser notados por las personas que disfrutan de la música en nuestras cercanías.
Al abrir nuevamente los ojos, me encuentro con la oscuridad aplastante que nos rodea, miro al techo y me concentro en sentir esa deliciosa mano que me masturba.....por un segundo solo abro los brazos, dejando de abrazar a mi pequeña diablita y me dedico a disfrutar de sus embestidas, de esa presión que sube y baja fuerte, llenándome de la sensación increíble de que al estrechar mi pene de esa forma, estrecha también mi alma entera. Que lejana parece entonces la soledad que a veces nos embarga. Casi puedo olvidar la angustia que nos acompaña escondida en un rincón secreto del corazón.
Ahora deslizo mi mano por entre nuestros cuerpos, buscando decididamente su humedad y penetrándola con dos de mis dedos. Siento la boca llenárseme de agua al sentir sus jugos escurriendo por mis dedos y trago grueso, evitando la tentación de traer mis dedos a la boca para capturar ese sabor salvaje y enloquecedor que las mujeres guardan. Sus caderas empiezan a moverse por momentos, de manera brusca, llevando mis dedos aún más profundo........su lengua me lame los labios, describe círculos sobre ellos, sobrepasándolos y dejando un rastro húmedo en las comisuras de mis labios y más aún, siento como traza un camino que la aleja de mis labios y la lleva a mi mandíbula, a mi mentón y baja por mi manzana de adán para girar luego hacia la cara izquierda de mi cuello, donde me proporciona lengüetazos largos que me estremecen, haciendo que aumente el ritmo de mis dedos en su movimiento de entrar y salir de su vagina.
En mi cabeza siento poco a poco como el licor va causando su efecto. La música se escucha amortiguada, lejana, solo el tacto de su mano y la cara interior de sus piernas sobre mi pene están presentes. Mis dedos buscan su clítoris ahora y comienzan a frotarlo con firmeza y rapidez, motivados por los estremecimientos de su cuerpo, por esos temblores que provocan que sus senos se aplasten por momentos duro contra mi pecho....siento que su placer se acerca al máximo y que voy perdiendo el control de mi mismo, mis caderas comienzan a empujar fuertemente adelante, contra su mano y su pierna. En este momento, solo existe en mi mente su mano y mis dedos, que se mueven ambos de una manera violenta y rápida, sin compasión, procurándonos placer y más placer, humedeciéndose ambos, llenándose de deliciosos líquidos que incrementan nuestra excitación. Sus estremecimientos se hacen cada vez más continuos y mis labios sienten la presión de sus dientes, que los acosan con mordidas, breves, descontroladas, rápidas y llenas de un delicioso dolor que me excita hasta al máximo......ahora solo siento el deseo de penetrar, de desgarrar y morder. Al tiempo que mi mano izquierda continua enterrada en sus piernas, haciendo presa en su clítoris, mi mano derecha se apoya en su cadera y la empuja desesperadamente para ponerla a la altura de mi pene, mientras de mis labios se escapa a su oído sin planearlo una única e imprecisa palabra llena de desespero: "Ven!!"
Y en ese momento, siento como una de sus piernas me rodea y mi pene pasa del frio ambiente al cálido interior de su vagina, que lo cubre con deliciosos jugos.....está totalmente inundada en ellos y siento como escurren a lo largo de mi miembro para finalmente llegar hasta mi pantalón. Sus brazos me rodean la nuca estrechándome fuertemente, obligándome a besarla de nuevo y casi inmovilizándome mientras el empuje de sus caderas logra que mi verga llegue a lo profundo de su vagina, retrocediendo solo un par de centímetros y llevándolo de nuevo a lo profundo de su ser, haciéndome sentir que logro tocar el fondo de su deseada gruta.
Entonces solo logro gemir mientras trato de respirar en medio de sus besos apasionados, de sus embestidas de cadera, mis manos llegan hasta sus nalgas y acompañan el movimiento, empujándolas en cada embestida con desesperación, acelerando su ritmo y su violencia hasta el límite máximo cuando su cuerpo entero comienza a temblar y el fluido que desciende a lo largo de mi pene se convierte en un torrente que lo cubre por completo al tiempo que empiezo a bombear todo mi semen a su interior, en un intercambio estremecedor y eterno, alargado por esos temblores breves que causan que su vagina aprisione más mi miembro durante nuestro orgasmo simultaneo.
Luego, durante breves segundos, su cabeza descansa sobre mi pecho, que sube y baja presa de la agitación. Pero nuestra paz no podría durar mucho en una situación como esta, ¿verdad? A los pocos segundos, se sienta nuevamente acomodando su falda y atisbando rápidamente alrededor. Todo parece normal, salvo que mi amiga, en una mesa cercana, parece aburrida de montar guardia. Deseo aun estar unos minutos más con mi princesa, abrazados, pero el momento de locura ha pasado. Ella debe volver a asumir las normas sociales comunes: Debe ir a arreglarse al espejo.
Y dejada atrás esta noche, no puedo evitar pensar en la forma en que los convencionalismos sociales nos impiden vivir de la única manera que realmente se puede hacerlo: Por medio de las experiencias. Me considero, pues, un amante de las experiencias nuevas, intensas e incluso rechazadas. ¿Qué piensan ustedes? ¿Que limitaciones sociales desearían superar?
Esta historia, ya lo mencioné, es real y como en relatos anteriores, me encantaría recibir sus opiniones o charlar sobre este tema. Mi correo es 📧.
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