En La Disco… Mi Orgasmo Más Largo.
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 7 min de lectura calendar_today Agosto de 2011

En La Disco… Mi Orgasmo Más Largo.

Las veces que habíamos pasado un fin de semana juntos, nos encontrábamos en la tarde y no podíamos evitar encerrarnos en un cuarto de hotel y hacer el amor hasta quedar exhaustos, después de eso, quedaba tan acabado que si salía a algún lugar, al poco tiempo me dormía.Ese fin de semana,....

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Las veces que habíamos pasado un fin de semana juntos, nos encontrábamos en la tarde y no podíamos evitar encerrarnos en un cuarto de hotel y hacer el amor hasta quedar exhaustos, después de eso, quedaba tan acabado que si salía a algún lugar, al poco tiempo me dormía.

Ese fin de semana, decidimos encontrarnos en la noche para evitar que la agresiva faena sexual, acabara con mis fuerzas.

Ella ya estaba en Cartagena, le pedí que visitara a una amiga ya que en otras ocasiones la había dejado por fuera de su agenda y era justo que por un lado compartiera tiempo con ella y por otro, que le diera tiempo a la noche de hacer de Cartagena la ciudad mágica, aquella cenicienta que se viste de gala hasta la madrugada, para luego volver a cubrirse de trapos viejos y cartones al salir el sol.

A las 9:00 de la noche, llegué hasta un parque cercano al hotel donde se quedaba, cierto sabor a salsa se apoderó de mí, sentía las congas y los bongoes sonando dentro de mi pecho, yo estaba vestido un jean y con unas zapatillas que me permitían caminar suave y ligero. Mire para un lado, miré para otro y no vi nadie, y a la carrera pero sin prisa crucé la calle. La llamé a su cel para avisarle que ya llegaba, contestó y me dijo que ya estaba en la avenida. Me dirigía para el hotel y mientras tanto, de la esquina salía esa mujer, refunfuñando por mi tardanza, mientras caminaba, pude ver en sus manos un celular y lo guarda en su cartera para que no le estorbara, allí también guarda un cortaúñas y un alicate para que la libraran de todo mal, también para poderse hacer el manicure en cualquier lugar. Corriendo rápido, sin que ella se diera cuenta, le fui para encima, mi sonrisa malévola iba alumbrando toda la avenida, mientras reía le hundí en su boca un beso sin compasión, luego un abraso y le di como regalo unas películas que había descargado de internet.

Nos fuimos al cuarto de hotel a guardar mi regalo, allí le dije:

-Oyeee, quiero sentirte, déjate puntear.

Como siempre, la punteada terminó cuando mi semen recorrió todos sus adentros en dos ocasiones.

Nos quedamos acurrucados como hasta las 11:30 de la noche, a esa hora decidimos irnos a la disco, ya que las ansias se habían apoderado de nosotros y a ese ritmo, si durábamos unos segundos más, nos sería difícil salir de nuestro delicioso encierro.

Cerca de la disco, comimos algo y al ingresar, anduvimos por distintas zonas del lugar, hasta encontrar un sitio oscuro y algo solitario, en donde nos sentíamos cómodos, allí bailábamos y nos besábamos apasionadamente. Le abrí las piernas y ella dejó que mis manos se deslizaran dentro de su vestido negro hasta llegar a ese fogón. Estábamos felices, con algunas cervezas encima, cervezas que no tomábamos de la botella sino de la boca del otro.

Mientras las caricias abundaban en la mesa y en la pista de baile, mis dedos ansiaban algo más de libertad, por eso le pedí que fuera al baño a quitarse la tanga, ella tan obediente, no dudó en ir. Al regresar, su tanga fue a parar a mis bolsillos, me dijo que se sentía desnuda, pero a la vez con mucha ventilación en aquel lugar. En la mesa y en el oscurito, mis dedos se gozaron esos pliegues suaves y húmedos, hubieron algunos intentos fallidos de tener relaciones sexuales, pero no logramos hacerlo bien.

Nos fuimos al primer piso, ingresamos a un sótano oscuro, decidimos entrar y encontramos unas cabinas, allí dejé salir mi verga y la pude introducir en su vagina. Con cierta incomodidad lo estábamos haciendo, hasta que llegó uno de los meseros, pedimos unas cervezas y nos fuimos para otra cabina a intentar hacerlo. En la cabina del frente ingresó una pareja, la cual hizo muchos movimientos y ruidos sin darse cuenta que estábamos detrás de ellos. Eran incómodas las cabinas, por eso decidimos mejor terminar de tomarnos las cervezas e irnos al hotel. Nos fuimos a un rincón del sótano más amplio, con mesas y con un bar, allí bailamos con una fuerte carga erótica, no había nadie, estábamos solos, ella se sentó en una de las sillas de la barra, allí le abrí las piernas y empecé a penetrarla, a sentirla, ella estaba demasiado excitada y poseída por el deseo y la lujuria.

-Oye, ¿si alguien viene y nos pilla?, esa fue mi pregunta.

-No te detienes, no me importa si nos ven, todo el que entre a este lugar, viene a hacer lo mismo así que no te detengas por nada, esa fue su respuesta.

Un sentimiento de libertad se apoderó de mi, la penetraba con fuerzas y con una emoción inmensa, nuestros besos estaban cargados de pasión, de alegría, de…. Eran muchos sentimientos mesclados en ese momento, pero sobrecargados todos.

Lo hicimos en cada rincón de ese pequeño bar, en la mesa, contra la pared, mientras bailábamos, etc… Cada minuto, mi cuerpo se llenaba de energías, de felicidad. Mi corazón sentía la fuerte necesidad de agradecerle por ese momento tan maravilloso que estábamos viviendo, mientras la penetraba, queria besar y venerar cada parte de su cuerpo, por eso le pedí que nos fuéramos, pero ella me dijo:

-No, de aquí no te vas hasta que no termines, quiero sentir como palpita tu pene cuando te vienes, quiero sentir como sale ese líquido caliente que me lleva al éxtasis, quiero sentir ese momento que es como si dentro de mí, en lo más profundo se disolviera una pastilla de Alka Seltzer efervescente.

Sus palabras me llenaron de emoción, por eso la puse a que se acostara boca abajo en la mesa, con sus pies en la tierra para penetrarla con ansias. A pensar de la música a alto volumen, escuchaba sus gemidos, que se hicieron más intensos, en ese momento en el que colme de líquido blanco su interior.

Mi cuerpo cansado por lo que hicimos, se sentó en una silla que estaba al fondo, mi alma aún no se sentaba, por eso no pude evitar abrazarla fuertemente. Miré hacia todas partes y me sentía como aquel mafioso que entra a la disco, paga la cuenta de todos y manda a cerrar el chuzo, sí, en ese momento sentí como el magnate más grande de este país.

El orgasmo físico, pasó a otro nivel, aún sentía un orgasmo en mi corazón que no paraba de crecer, no podía dejar de besarla con desespero por todas partes, con la intensión de que cada parte de su cuerpo recibiera mis reverencias, sentía un deseo intenso de saborear sus brazos, su cuello, sus manos, sus piernas, sus pies ... toda. Pero sobre todo; rendirle pleitesías a cada una de las partes de su cuerpo, ya que me había brindado un momento realmente maravilloso, un orgasmo que seguía aún cuando estábamos en el taxi, cuando nos acostamos en la cama del hotel, cuando con un beso y caricias me despertó, por eso le propuse hacerle un masaje con mi lengua.

Al ritmo de música suave y sensual, acaricié con mis dedos su nuca, luego introduje mi lengua en su oreja, besé su cuello, acaricié con mi lengua su espalda, mordí sus brazos, mordí y lamí la palma de sus manos y luego cada uno de sus dedos. Bajé por su espalda y su trasero hasta tocar con ni lengua ese lugar, pero ella con un grito fuerte me pidió que no siguiera, debido a las cosquillas que son tan fuertes y profundas que su cuerpo sensible no puede con ellas. Bajé mordiendo y besando sus piernas, ella acompañaba las canciones con gritos que se escuchaban en todo el hotel, seguí bajando hasta llegar a sus pies, mordí y lamí las plantas de sus pies, luego cada uno de sus dedos recibió las caricias de mi lengua, de mis labios, mis mordidas cariñosas mientras sus gritos me decían que parte de sus pies merecían ser consentidas.

Por sus piernas fui subiendo hasta llegar a esa línea recta, es realmente maravillosa, me provoca muchas sensaciones, no solo deseo, sino también ternura, mis besos, mi lengua y mis labios se internaron en ese rincón por un buen tiempo. Sus gritos me seguían acompañando, luego la penetré por un momento en la posición del misionero. Su vagina estaba calientica, muy caliente, más al final del túnel, luego ella se posó encima de mí, para deleitarme con sus movimientos hasta hacerme venir y con esa venida, vino mi necesidad de apapachamiento, estuvimos apapachados hasta medio día. No puedo creer que haya dejado que su cuerpo fuera el desayuno de un comelón como yo.

— negrocarta

25 de agosto de 2011

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negrocarta

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Comentarios

1 comentario

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  • barbiee-san
    barbiee-san · 26 de ago de 2011

    muy descriptivo, buen relato, hace que te metas en la historia y realmente pareciera que estuviese ahi presente , sin quitarle realismo y sin fantochear como en algunas ocasiones sucede. te felicito negrito.

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