La Chica De Los Tintos
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 4 min de lectura calendar_today Agosto de 2011

La Chica De Los Tintos

Cuando se habla de la “chica de los tintos” por lo general (y ese es el significante que habita en la memoria) pensamos en la mujer de escasos recursos. Un poco maltratada por el tiempo que es más inclemente con los seres que no pertenecemos a la “crema innata de la sociedad”. Es la imagen....

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Cuando se habla de la “chica de los tintos” por lo general (y ese es el significante que habita en la memoria) pensamos en la mujer de escasos recursos. Un poco maltratada por el tiempo que es más inclemente con los seres que no pertenecemos a la “crema innata de la sociedad”. Es la imagen de la mujer de pueblo que no tiene otra alternativa; o la mujer de ciudad que no aprovechó la academia y se acostó con cualquier hijo de barrio. Pero la dama de la cual les quiero hablar, no tiene esos rasgos clásicos. Es una trampa de la realidad. Es otra realidad.

Llegar al Parque Caldas se había convertido en un hobby morboso para los jubilados de mi ciudad. Sabían que sus ojos disfrutarían de un gran placer. Placer, porque sin duda sus mentes recreaban y revivían, incansablemente, los más deliciosos actos lujuriosos mientras miraban caminar y servir a esa bella “chica de los tintos”. Es que su figura se prestaba para muchas cosas. Es que sus piernas largas, que sabía mover con tal elegancia y picardía, permitían imaginar una dama con mucho que dar. Es que sus glúteos, esas dos pequeñas montañas redondas, discretas pero firmes, permitían imaginar las nalgadas más sexuales del placer. Y esa boca que se interrumpía con sonrisas, dejaba pensar que era maestra honoris causa del sexo oral.

Pero basta ya, mis queridos lectores, de tanta descripción y vamos al asunto: todo comienza cuando todos se preguntaban por la “chica de los tintos” después de su inusual pérdida del Parque Caldas. Pasaron dos meses sin saber de ella. A los jubilados, la luz de sus ojos morbosos se les había apagado. Personalmente sentía que a la ciudad le faltaba la picardía.

Ejerciendo mi labor periodística en una tarde ardiente al norte de la ciudad, me encontré con un almacén de venta de jugos. Su nombre, insinuante: pecado original. Sin pensarlo tanto y con el afán por la sed entré a pedirme una bebida:

¾Buenas ¿en qué le puedo servir?

¾Hola, quisiera saber… ¿Sofia?

¾¡Hola! Qué haces por acá

¾Eso te digo a vos. ¿Qué haces por acá? Nos dejaste abandonados

¾No, es que monté con una amiga está micro empresa y pues, vos sabes, uno tiene que ir es para adelante.

Bla bla bla… como era domingo, en el lugar nos encontramos solo ella y yo, claro uno que otro cliente que pedía su jugo y se iba. Hablamos bastante, pero lo que realmente me tenía concentrado era el vestido deportivo (al estilo de las jugadoras de tenis) que llevaba puesto. Cuando se paraba y me daba la espalda, una línea dividía su culo en dos. Además, su cuerpo delgado era perfecto para ese vestido. Sus senos, que no son grandes pero sí suficientes, se unían por causa del brasiel invitando a una rusa. La sentía inquieta y algo lanzada en sus comentarios. ¿Comentarios de qué? Comentarios sexuales o sensuales, porque poco a poco y sin saber de dónde, entramos en el tema:

¾Ahh… es que esos viejitos allá te veían con una maña

¾Que sí que, me escapaban de comer. (risas)

¾Pero a vos como que te gustaba.

¾Ehh… que tal. ¿Se me notaba? (risas)

¾Bueno, a decir verdad los viejitos no eran los únicos que te miraban así.

¾¿A no? Quienes más

¾Te vas a hacer la inocente… no, no, no. Era mucha gente…

¾¿Te incluís?

¾(Risas) solo te diré, si me dices de que va a servir mi respuesta

Miro su reloj y dijo que era tarde (las 3pm)… que le ayudara a cerrar mientras ella realizaba la contabilidad. Desde hace rato venía con una duda: no se le veía la línea de la ropa interior ¿llevará algo puesto?

¾Santi. Ven ayúdame un momento.

¾Haber, haber que se me cae.

¾Sostenme ahí.

Confirmado. Mientras una pierna se sostenía en el mesón de aquella cocina y la otra en la pequeña escalera, pude disfrutar de las delicias de su sexo. Las piernas bronceadas, llegaban hasta su panocha que pude ver era pequeña, de labios pequeños pero algo abiertos. Que delicia, quise besarla.

¾Ya. No se emocione (sonrisa)

Cerré con candado por dentro, como ella me lo había pedido. Me acerqué y le dejé las llaves.

¾Estas hermosa ¿te había dicho?

¾No, pero gracias.

¾Bueno, hermosa y sexy

¾(risas) ¿Solo sexy?

¾¿Vos qué crees? Si quiere mire y juzgue por las apariencias.

Miró con la curiosidad de una niña de quince años que desea ser desvirgada.

¾¿Pero como te hizo mal el juguito no?

¾¿Te parece que está mal?

Me le acerqué insinuante y le cogí una mano para besarla, bajarla por mi cuello, mis pechos, mi abdomen y dejarla libre en mi verga.

CONTINUARÁ... Para el domingo 28 de agosto o antes.

— angelver

25 de agosto de 2011

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