Si ustedes hubiesen podido estar allí como voyeristas con cámaras o sin ellas, se habrían encantado y algunos habían llegado al orgasmo al ver esa cara de loba, de deseo… esa mirada penetrante que confirmaba, sin decir nada, que estaba para lo que fuera.
No quise dejarla hacer lo de siempre: bajar, que me la mame unos 10 minutos y después metérselo. No. Quise disfrutar: la agarre con fuerza de la cintura delgada y la acerqué a mi cuerpo mientras buscaba una pared para recostarla y sobarle mi verga erecta a la vez que la besaba y mordía sus labios; sus labios sensuales. Ella, subió una pierna a mi cintura y yo resbalaba una de mis manos hasta sentir su culo. No decíamos nada, el hacer era suficiente. Besé su cuello, la parte superior de sus tetas. ¡ahhh, que rica estaba! Ella me quitó la camisa y antes de que bajara (se le notaba que quería hacerlo) la voltee para quitarle, completo, su vestido. Solo quedó en brazieles. Un abdomen plano, un pubis en rectángulo, unas piernas firmes y una panocha a flor de piel.
¾Es mi impresión o ¿no te gusta que te la mamen?
¾(risas) No, solo quería verte desnuda. Esto no es de todos los días.
¾¿dime que te parezco?
¾Una delicia, estás bien rica. Quiero metértelo.
No dijo más y en un santi amen, ya lo tenía afuera. Lo empezó a besar y a hacer círculos con la lengua en la cabeza. Después lo metió casi todo.Lo sacaba y rosaba por su cara. Si muchachos y muchachas, era honoris causa en el sexo oral. Yo no podía más que cogerla del cabello y hacer algo de fuerza cuando sentía que ya iba. Ustedes entienden. Recordé el sitio perfecto, la mesa de adentro. La carge sin meterle la verga y la llevé hacía la mesa, en donde la senté y ella de inmediato me abrió las piernas: ya estaba húmeda, le metí los dedos; estaba algo abierta, le metí la lengua; el clítoris estaba tenso, le hice círculos con la lengua; ella estaba disfrutando, llegó al orgasmo. Eran gemidos no muy fuertes pero sonoros.
Se subió en mí, con la piernas se agarró a mi cintura y yo para ayudarme la recosté contra la pared; le metí la verga por fin… uffff, que delicia: era uno de esos coños apretados, de esos que quedan bien o que se amoldan a cualquier pene. Ella se impulsaba un poco; yo la ayudaba con mis brazos.
¾Ven que acá tengo una silla… quiero sentarme encima y moverme.
Se sentó de espaldas a mí y chocaba su culo; parecía brincar en una pelota grande de goma. “ay, que rico”, decía. “Es una delicia”, complementaba. Quería verla en cuatro. Posó sus manos en la mesa donde atendía, al lado de la registradora. Alzó su culo y unió un poco sus piernas. Me miró, ya en esa posición como diciendo estoy lista. Era tan rica, que sus caderas y culo parecían formar la parte superior de la figura clásica del corazón. Se lo metí suave. Cogí ritmo y la sentí llegar… cuando estuve a punto de llegar (momento que para mí es una mezcla de desgracia y gloria) se arrodilló y recibió toda mi lefa en su cara, boca y manos.
Sonreímos, cómplices y llenos de placer.
¾¿Quieren un jugo o un tinto?








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