Hola señorito (risas)
¡Hola mujer! ¿Y esta grata sorpresa? Vos llamando…
Para que vea que también sé dar sorpresas. ¿Qué hace?
No hago, no tengo con quién
Uyy… no, me está ignorando (risas)
Le comenté que estaba en Suarez-Cauca, lo que estaba haciendo y ella se ofreció a esperarme en la terminal para que fuéramos a cenar algo y de ahí “mirar para dónde nos llevan los pies”; pero yo diría que más que los pies, los deseos.
Se hicieron como las 7 de la noche y arranqué para mi ciudad. Son dos horas de viaje aproximadamente. Cuando iba llegando la llamé para que saliera a esperarme al terminal de transporte. Cuando llegué la encontré mirando para todos lados y esquivando hombres que hacían de todo para pasar por su lado. Aproveché que no me vio y le compré un rosa roja. Me le acerqué lento, por detrás, y se la entregué.
Ayyy… tan lindo. Gracias
Espero te gusten. No a todas les gusta
Pero a mí sí. ¿En cuál llegaste?
Cenamos en el éxito. Cuando acabamos, me pidió que la esperara afuera mientras ella realizaba una compra de algo. Al salir del supermercado su bolso (ese día más grande que lo normal) se veía abultado.
Como era de esperarse “los pies” nos llevaron poco a poco a mi apartamento (o aparta-estudio): un lugar agradable, con una pequeña sala, una pieza, una cocina, baño y un pequeño patio.
Me imagino estás cansado, por qué no te sientas y dejas que te atienda
Ella tramaba algo. Se podía ver en sus ojos y su sonrisa juguetona. Si la conocieran lectores, si tan solo la vieran por un momento, se darían cuenta de que es un ángel malvado; que en ella la delicadeza se choca con lo mundano; en ella, la elegancia es su sensualidad, su sexualidad. Transcurrían las ocho y algo de la noche cuando me dijo que me diera un duchazo y que me demorara porque me tenía una sorpresa (no lo niego, dude). Me dejé llevar. Me tuvo unos 35 minutos o algo más en la ducha. Cuando salí lo había transformado todo en mi pieza. Imposible sentir rabia porque era agradable: velas aromatizantes, luz apagada, cama tendida, unos frascos de aceite corporal en mi nochero y por allá, en mi mesa de estudio, una botella de Baileys. Pero lo mejor de todo era ella. Era ella con la rosa que le di en el cabello; era ella en tacones; era ella con medias de ligero; era ella con cachetero de encaje y braziel negro. Era ella, lectores, casi desnuda en mi apartamento. Su piel tersa, su figura delgada, sus piernas, su abdomen, sus labios con sonrisa y sus ojos con deseos. Una mujer de iniciativa. Una decidida.
Te quiero hacer un masaje. Con tanto trabajo te lo mereces
Guao… cuando me dijiste sorpresa, no me recomendaste estar preparado para tanta belleza
Cuando te dije sorpresa es porque te va a gustar
Me quité la toalla, quedé desnudo. Me acosté de espalda. Sentí cuando se subió y dejó caer aceite en mi espalda… empezó a acariciarme, a recorrerme con sus manos. Era relajante, antes que excitante. Lo excitante llegó después cuando besó mi cuello y me dijo al oído:
Me encantó lo de ayer… Mi imaginación voló y hoy me masturbé pensado en eso. No sé qué me has hecho, pero aquí estoy para que me hagas.
Me voltee y sentí me pene (apenas endureciendo) en su vagina aún cubierta por la ropa interior. Es juego de caricias, besos, manoseo, de tocar su culo, sus piernas, sus tetas… ese juego de calentarnos poco a poco es el mejor de una jornada sexual. La desnudé, muy lento (el momento hay que disfrutarlo), pero estuvo lista para recorrerla: sus senos, al aire libre, eran firmes. Su abdomen era plano. Sus caderas en su justa proporción. En su pubis un tatuaje de un delfín. Su panocha, una pequeña maravilla de color rosado. Su culo, discreto con dos huequitos donde finaliza la espalda.
La duda acechó ¿Quiere que sea su primera vez?
Espera que para algo compré esto.
Miró el Baileys y lo trajo… bañó de Baileys mi abdomen e hizo un camino hacía mi verga, que para ese momento ya estaba lista. Bañó de crema de licor mi verga y lamió toda, siempre mirándome. Se me acercaba a la boca me besaba y me daba un trago de aquel licor. Siguió en su trabajo, en lo que más le encantaba: mamar. Le robé el licor y la acosté, era mi turno. Endulcé sus tetas que tenían pezones duros, las chupe hasta sentir sus primeros gemidos; hice el mismo camino; visité al delfín de su pubis y suavicé su coño con el néctar de licor mientras pasaba mi lengua una y otra vez. No se hizo esperar la cogida de mi cabeza y los gemidos más fuertes, igual estábamos en un lugar privado.
Ohhh… siiii… más duro, muévela más duro. Uffff… así.
Me subí y por primera vez quedó mi verga junto a su coño. Ella me miró y con su mirada me dijo sí. Así es lectores, está mujer iba a experimentar su primera vez, yo era el afortunado… por fin entendí lo que quería decirme aquella primera vez.
¿Tienes protección?
Claro, espérame…
No ,no, no… quiero que la primera penetración lo hagas sin condón, después ya te lo pones. ¿Sí?
Cómo decir no, ¿Ustedes lo harían? Su cara, sus ojos… cambiaron de expresión. Pasó de ser la que llevaba las riendas a ser lo que era: aprendiz. Abrió sus piernas, pude ver sus labios vaginales brillando por efecto de sus líquidos. Rocé la cabeza de mi verga abriendo espacio. Cuando sentí que ese era el lugar empecé a empujar:
Quizá te duela un poco. Seré delicado
Lo sé. Igual has sido delicado y me has hecho lubricar bastante o si no ahí hay aceite (risas)
Empecé a sentir su estreches mientras ella intentaba relajarse. Mi verga empezó a entrar, lo sentía. Ella me apretó con sus manos mi espalda. (los hombres saben cuan delicioso es) Cuando entró la cabeza de mi verga hubo un movimiento algo brusco difícil de controlar:
Metelo todo. Quiero sentirlo
Se lo metí suave y lo saqué un poco para volver a embestirla. Así duramos un momento. Me puse el condón y empezó una faena como pocas: delicada, sin afán, con momentos fuertes. Ella estaba dispuesta a todo. Le abrí su coño para metérselo…
Así…. Ahhh que rico
¿Estas bien, no te duele?
Duele un poco, pero más son las cosquillitas
La puse en cuatro en un arranque de locura y me agarré de sus rizos, mientras chocaba parte de mi cuerpo con su culo. Ella gemía, pareciera que la estaban liberando. Me estaba follando a una virgen. Ella pedía que no parara… que se lo metiera más duro.
Su panocha era apretada y mi verga gruesa, vaya combinación tan traicionera (sabemos que poco resistimos).
Uffff… es una delicia… esto quería. Lo haces deli.
La tenía debajo de mi con sus piernas en mis hombros cuando empezó a gemir más duro y a cogerme más fuerte con sus manos: Estaba llegando. Sentía su concha palpitar y humedecerse. Era su primer orgasmo con un miembro dentro de ella. Era la primera vez que follaba y según ella le encantó.
No quiero dar mucho detalle lectores, esos me los quiero reservar para el final. Ese final, ese encuentro inolvidable.








Comentarios
1 comentario
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login EntrarUfff...corto pero sustancioso compadre. Buen manejo del idioma ( un poco rudo quizás, aunque eso es subjetivo ), buena ortografía y manejo de las secuencias. Logra crear la espectativa y....si se paró la "Guadua"...Lo confieso. Buen relato