MULTIPLES DISFRACES:MÚLTIPLES ORGASMOS
Era 1995 y estaba próxima a graduarme del colegio, para ese fin, teniendo en cuenta que sería nuestro último año y el comienzo de una nueva vida, mis amigas y yo, éramos un grupo de cinco, planeábamos una fiesta la cual nos ayudaría a recaudar fondos para el Prom y la excursión de grados.
Mi colegio era femenino, liderado por monjas no queriendo decir que todas las directivas lo fueran, nuestra coordinadora de grupo, Amelia, era una cómplice de nuestras travesuras, además de ser una mujer extremadamente hermosa, de mentalidad abierta que paradójica pero afortunadamente iba en desacuerdo con las estrictas normas infundidas durante muchos años de colegio por lashermanas de la institución. Compartíamos mucho con ella no sólo dentro del cole sino por fuera, nos la pasábamos entre tareas y esos “algos” divertidos que sólo quedan dentro de los mejores recuerdos de la época estudiantil.
Un viernes de “algo” planeábamos lo que sería la súper fiesta del año, para nosotras, nos caracterizábamos frente a otros grupos por tener las mejores fiestas , les poníamos empeño, amor y pasión, todo esto garantizaba el éxito que teníamos, sobresalíamos por tener presentaciones impecables dentro y fuera del colegio, lo mejor: lo hacíamos de manera tal que para las monjitas no representábamos peligros tanto así que muchas veces nos patrocinaban de alguna manera algunos eventos; ¡Qué cosas¡ siempre he pensado que en la vida no hay que ser bueno sino parecerlo, y nosotras éramos las reinas de ello.
Amelia propuso una fiesta en la casa de sus padres en las afueras de la ciudad, ellos sólo la tenían para ir los fines de semana, ésta sería el viernes. Halloween representaría una manera de manifestar a través de los disfraces la parte oculta de cada cual. Yo por ejemplo he amado los disfraces, los elaborados, que te metas en el cuento del personaje que escogiste y lo sepas llevar, por eso elegí el de cortesana, jaja no porque quisiera serlo literalmente sino que adentro cada mujer tiene esa sensualidad, ese erotismo, esa pasión indistintamente de su apariencia y profesión.
Mis amigas, las cuatro restantes, escogieron el de bailarinas de Can-can y Amelia escogió el de vaquero del oeste, por lo que el tema de la fiesta sería una cantina del viejo oeste con toda su decoración respectiva.
El viernes llegó , yo me preparaba en casa para ese día, me arreglaba por tresrazones específicas yo era la reina de los disfraces, por años consecutivos, iría Andrés , el niño de un colegio de hombres que me encantaba y por último quería impresionar a mi profe que sería inaugurada por nosotras, algo así como la “primiparada” de Halloween, ella era nueva ese año en el cole.
Fue todo un reto esa fiesta para mí, desde mi disfraz hasta la decoración, pero lo amaba, esa era mi vocación: organizar.
Andrés, mi amigo de fiestas, del colegio, el que representaba la curiosidad por explorar las cosas ricas de la sexualidad a esa edad me recogió y quedó obnubilado ante la perfección de mi traje y más aún con la actitud propia que me vistió en el momento justo de ponérmelo, el rojo escarlata hacía juego con mi cabello negro, adornado con encajes negros y ropa interior del mismo color que sobresalía de mi escote y por debajo del vestido que quedaba a media pierna, unas medias sostenidas por un liguero y el plus era que a diferencia de los repolludos calzones usados por estas damas del siglo XV yo andaba sin ellos lo cual Andrés aprovechó para acariciarme un poco y probar la excitación que de verdad me daba mi personaje y la situación.
Llegamos tras una hora de camino a la “cantina” que nos esperaría para darle un buen uso a nuestros trajes y demás; nuestros amigos esperaban ansiosos porque yo sería quien daría el inicio realmente a la fiesta, Amelia estaba muy bien disfrazada nadie pensaría que era una mujer, lo primero era que cada cual se sentara en cada mesa y disfrutara de sus tragos, y en el escenario todas (mis cuatro amigas) se encargarían de bailar el Can-can que prepararon días antes, todo el ambiente evocaba el viejo oeste.
Mientras yo elegí sentarme al lado de Amelia quien a pesar de su masculino traje no logró esconder ese olor que sólo tenemos las mujeres no proporcionado por los perfumes sino el delicioso olor a feminidad y sensualidad que se nos escapa por los poros.
Esa noche yo sería quien iniciara a Amelia en el ya muy escudriñado mundo que tras salir del colegio vivíamos con mucha frecuencia mis cuatro amigas y yo.
Sentadas frente a frente escuché su promesa, con un poco de miedo, de que esa noche estaríamos dentro del personaje sin objeciones, yo como puta del siglo XV Y ella como mi cliente; era excitante ver como una niña de 17 podía seducir a una mujer de 28, ¡Ah! esa era la mejor parte de la fiesta, mi mente maquinaba a gran velocidad al ver sus gestos femeninos bajo el maquillaje caracterizando a un hombre hostil, machista pero muy lindo. Que rica dualidad.
Comencé por acariciar con mi pie su entrepierna mientras le decía que sentía la dureza de su pene entre mis dedos (simulado) mientras ella reía; aprovechando la oscuridad a propósito del lugar deslicé una mano para simular una pajita y con la otra toqué un poco mi vagina que para ese momento y con tantas emociones encontradas andaba tan hinchada que al abrir las piernas ya ni los encajes lograban disimular y tan mojada que lo aproveché para menearme estando sentada lentamente y así con el roce logrémasturbarme, quería llevar a mi cliente ya a otra parte pero les confieso que tras pasar el tiempo aún conservo esas ganas tan inmensas que me dan al contenerme un poco ante aquello que puede ser ya.
Con mi boca y el pitillo de mi bebida simulaba una mamada, delicada y erótica propia de una dama de mala reputa-ción; hablamos del precio que esa noche pagaría por mi y tras cerrar el negocio nos fuimos a la habitación, yo caminaba tan lento y sensual como pudiera y ella a decir verdad al caminar no podía ocultar el hecho de su condición femenina.
En la habitación éramos una; comencé por desnudarla bajándole sus jeans y percibiendo aún más su olor, ya ella se había venido tras el juego en la mesa y me dediqué a lamer ese resto de flujo que quedaba en su rica vagina; le metía mi lengua tan adentro que sus gemidos y temblor hicieron que yo tuviera un rico orgasmo; yo sólo por ese momento quería disfrutarla, Amelia jamás había tenido siquiera un acercamiento lésbico y menos con una de sus alumnas que para el caso yo no sólo ahí era su cortesana sino su maestra. Eso del juego de roles comenzó a gustarme a partir de ese día hasta hoy.
Tras lamerla, besarla, hacerle un buen sexo oral; ella recordó que el cliente pagó por un servicio, que sólo me dijo dentro de la habitación, exigió que me vistiera con mi uniforme del colegio el que ella había llevado, sin ropa interior para poder observar mis tetas entre la trasparencia de la blusa colegial y con mi falda sin tangas, me puso en cuatro y con su arnés (el del disfraz) me cogió tan duro como podía y aunque dolía lo disfrutaba mientras con sus manos delicadas halaba por encima de la blusa mis pezones, enloquecía al saberme su alumna ahí y en un colegio de monjas ,¡qué delicia!.
Abajo sólo se escuchaba la música, la gente no existía por lo menos para nosotras, imaginaba que mis cuatro amigas andaban en su fiesta entre ellas, no sería raro, Andrés finalmente calmó sus ganas provocadas por mi con otra vaquera de décimo y mi servicio pasó de horas al fin de semana -esta vez gratis- Amelia sacó del clóset otros atuendos que quería que luciera y sintiera para ella; una fiesta de disfraces donde además de dulces (impregnados en el cuerpo), hubo caricias, orgasmos múltiples dobles y un final esperado disfrazado de esa doble moral que manejamos tanto alumnas como profesoras en este tipo de colegios, para el lunes Amelia era la coordinadora de grupo como siempre y yo TAYRA, la más aplicada de sus alumnas.








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1 comentario
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login EntrarEXCELENTE RELATO DESPERTARON MIS YA DEGENERADOS SENTIDOS, RICO HACER PARTE DE ESA FIESTA.