Era el día de mi cumpleaños, estaba en un municipio lejano, solito, sin amigos, sin nadie que me diera un beso tierno, un abrazo, sin mi mami, sin mi manita, cuando estoy lejos en una fecha tan especial, es cuando valoro lo que es seguro y es mi mami y mi manita despertándome cantando de manera desafinada y descoordinada el feliz cumple, es lo que siempre está y ese día recordé lo divinas que son.
Un día antes, la chica de los ojos miel me invitó a almorzar a su casa, que detallazo, el día de mi cumple esa invitación, esta chica sí que es estratégica, me quiere hacer la vuelta y claro, con esos detalles le está dando donde es, a mi estómago. El día empezó como de costumbre, solo que con algunas llamadas de feliz cumple, a las 11 de la mañana fui al puerto, allí recibí sus instrucciones, me monté en una chalupa y navegué por las aguas del rio Magdalena, ese rio que lleva toda una cultura, historias, mitos leyendas, la piragua, la piragua..., ya sabía que el almuerzo era pescado, pero me preguntaba: ¿qué será el postre?.
Llegué al puerto de su amado municipio, su patria adoptiva, aunque no nació allí, en ese municipio se queda, como el Joe con Barranquilla. Nos fuimos en mototaxi hasta su casa, y nooooo, no estaba sola, había otra persona, ella se disculpó por tener que hacer otras cosas y no estar solo para mí, me presentó al muchacho, era un compañero de trabajo, ella vive allí con dos compañeros de trabajo.
Me senté, miré hacia el patio, el tapete de ese patio era color mango, si, estaba lleno de mangos, nadie los recogía, ni las gallinas de los comían, una de ellas acosaba sexualmente a un gallo, pero este se hacia el difícil, se acostaba y la ignoraba, tras de polvo de …, guevo muerto, ella lo picoteaba y este ni se inmutaba se quedaba allí tirado.
Le dije a ella:
-Ya quisiera yo tener unas gallinas acosándome.
Se lo dije con malicia, ella solo sonrió y me dijo:
-Ni tú mismo te crees ese cuento de que no hay gallinas acosándote.
-Nada, hoy el día de mi cumple estoy bien solito, tu eres la única que me ha dado un detalle y que se ha preocupado por hacer de este día algo distinto a la rutina.
Ella se cambió de ropa, lucia ahora un pescador negro, le quedaba ceñido al cuerpo, mi mirada quedaba ceñida a esa torreja de torta que tenía entre sus piernas, eso se veía imponente, parecía un estadio de softball, una morrocoya volteada, ella es un fenómeno, un fenómeno vaginal, por mi mente se pasaron muchas cosas: ¿será así de grande como se pinta?, ¿podre yo con todo eso?, si me comí dos pescados grandes, tal vez también pueda con eso aunque no parezca. Definitivamente es mala, sabe lo que tiene y como usarlo, va con toda, tiene su mirada de francotiradora sobre mí, y aunque trato de disimular y que no se me note, seguro sabe que su plan va como quiere, ricooo voy a caer, no solo me brindó un almuerzo delicioso y abundante, sino que además me brindó las ilusiones de probar eso tan abundante que tiene entre las piernas…
Ella me invitó a salir para día siguiente, dsique a comer helado, me lo dijo con sus ojos felinos, es como si su boca dijera una cosa y sus ojos complementaran el mensaje, esa torta la partiríamos el jueves...
Tomamos un bus y luego llegamos a una zona donde nos dispusimos a caminar, no había ninguna heladería cerca, solo había monte, moteles y bebederos que tenían una apariencia de clandestinidad, ufffff, ella tenía todo fríamente calculado, torta, torta, torta, heeeee.
Entramos a uno de esos bares donde van los amores prohibidos, en ausencia de helado ella me ofreció unas cervezas, aunque no lo habláramos, ambos sabíamos a que íbamos, le enseñé algunos pasos de champeta y luego para entrar en el tema le dije:
-Yo tengo mas flow que Daddy Yankie y Don Omar cantando a dúo, cuando salgo de rumba tengo mucho cuidado de bailar reggaetón o dancehall, porque lo hago demasiado sexy, después de bailar conmigo todas quieren hacerme la vuelta. A veces aunque tengo ganas de bailar, me quedo quietecito para evitar ciertas cosas…
-Dile al DJ, que ponga un reggaetón para que bailemos.
Entendió el mensaje, ella sabe muy bien que mi comentario era para retarla a dejarse seducir en la pista de baile. Quiere que le suelte todo mi arsenal… rico: torta, torta, torta.
Pusieron el reggaetón, apliqué mi estilo, el que he bautizado como “el buscapicos”, consiste en bailar de manera sensual, pasando mis labios cerca de los suyos, que ella sienta mi respiración y que piense que en cualquier momento la beso, el sentirse en riesgo y pesar que la voy a besar, hará que ella sienta que en todo momento estoy dando mi 90%, a la espera de que ella de su 10% y nos besemos.
Empecé a bailar de manera provocativa, movimientos suaves, bailé a su espalda, le respiraba fuerte en la nuca con el fin de que sintiera mi presencia cerca de ese lugar, mis manos acariciaban las suyas, luego su abdomen, bailábamos de frente, mis manos subían por su espalda, sentía como su cuerpo expresaba placer, como vibraba, sus labios estaban ansiosos, por eso empecé a provocarla con amagues y viajes de beso que se frenaban a pocos milímetros, nuestras respiraciones se sentían… Ella dio, un 5%, solo movió sus labios unos milímetros hacia los míos, yo di otro 5%, para completar el 100%(antes había dado mi 90%), nos dábamos piquitos tímidos, no eran besos profundos, eran piquitos al son de la música…
Pensé que el baile y los besos ayudarían a que nos sintiéramos cómodos y ya aclaradas nuestras intensiones, nos dedicáramos a expresar con nuestros cuerpos todo lo que emanaba de nuestras ansias.
Al sentarnos en la mesa todo quedó claro, sus ojos no mentían, mostraban una expresión de miedo profundo, se movían de un lado a otro, ella no sabía para donde mirar, también su cabeza la movía desesperadamente en todas direcciones, mientras bailábamos ella sudaba, pero allí sentada sudaba aún más, sus labios no estaban tan fresas como de costumbre, lucían pálidos, ella no era capaz de mirarme a los ojos por más de 2 segundos, estaba intranquila, la escena era como si te invitaran a un espectáculo en el coliseo romano y de un momento a otro te dieras cuenta que el espectáculo eres tú y el león hambriento que acaban de soltar.
En ese momento supe que todo lo que me imaginé era falso, sus planes macabros no existían, algunas cosas fueron quizá casualidad o tal vez mi mente malévola descifraba lo que quería descifrar, me sentía como si fuera el protagonista de una mente brillante. Yo no era la feliz la víctima, la asustada víctima era ella. Ya había dado mi primera mordida y mis deseos eran los mismos, me sentí algo mal porque ella era mucho más inocente de lo que pensaba, pero mi morbo en lugar de amilanarse se hacía más fuerte, mi mente se hacía más maquiavélica, me sentía como un lobo feroz encontrándose de repente a una caperucita en el bosque, una caperucita linda que le tiende la mano a un lobo hambriento ofreciéndole comida, brindándole detalles como un maravilloso picnic, para que después el le ponga encima sus garras y ella aterrorizada, se dé cuenta de su desgracia.
Lentamente acerqué mis labios a los suyos con la intención de que ella reaccionara, habían dos opciones: o se tranquilizaba o rechazaba mis intentos de seducción, la respuesta fue quedarse quieta, inmóvil, dejar que yo hiciera de las mías. Cuando mis labios estaban pegados a los de ella, no tuvo más remedio que recibir mis besos, mi saliva, brindarme la suya…
Pensé que tal vez estaría más tranquila, pero mmmm, habló con un aire de desespero dijo las siguientes palabras:
-¡¡¡¡¿Qué me está pasando?¡¡¡.
En realidad no se tranquilizó, el terror se acrecentó, junto con este percibí en sus ojos una sensación de impotencia, de incapacidad de reacción, es como si asimilara que con garra encima, no podría hacer otra cosa que dejarse engullir del lobo, para qué oponer resistencia si así solo haría más agónico su fatal destino.
Yo quería una gallina acosándome pero la situación era a la inversa, yo era el gallo picotenado a la gallina y ella allí quietecita, no de la flojera o de la necesidad de estimulantes sexuales, sino de los nervios, nervios que hicieron que ella me mostrara sus brazos, tenía los pelos de punta, la piel de gallina, mmm rica, como para un sancocho.
Continúa….








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