Una Historia En Su Inicio
Relato de comunidad Fantasíasschedule 4 min de lectura calendar_today Noviembre de 2011

Una Historia En Su Inicio

No fueron necesarios paisajes, vientos, pájaros, atardeceres; ni sentirse libre, ni si quiera obligado a encontrar algo “porque el entorno así lo exigiera”. No. No fue necesario y sí, por alguna mala jugada del destino, así hubiera sido, el resultado no sería el mismo: lo que hablamos, lo....

angelver

Soy hombre heterosexual·1seguidores

menu_book Más relatos
18_up_rating

Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

No fueron necesarios paisajes, vientos, pájaros, atardeceres; ni sentirse libre, ni si quiera obligado a encontrar algo “porque el entorno así lo exigiera”. No. No fue necesario y sí, por alguna mala jugada del destino, así hubiera sido, el resultado no sería el mismo: lo que hablamos, lo que dijimos y lo que sentimos. No, simplemente no sería igual.

Mi cuerpo, acalorado por excelencia y por naturaleza. Mi situación, en soledad por disfrute y conveniencia. Mi intención, la imaginación y el placer por costumbre. Cuatro tablas: un cubo; una pantalla, una torre, un teclado, un “mause”, una cámara y un micrófono. Ese era mi sitio, mi escondite, mi cubo, mi lugar de la historia.

Su cuerpo, en estado normal pero con ánimo de cambiar. Su situación, sola por conveniencia y por fetiche. Su intención, la imaginación y ser espectadora por disfrute. Cuatro tablas blancas: un cubo. Un computador de alta resolución. Ese era su sitio de la historia.

El destino, que gusta de jugar para bien o para mal, ésta vez jugó con plenitud. Yo buscando; ella encontrando. Y me encontró. Me encontró en la sala de internet de las cabinas. Me encontró haciéndome masajes en el pene. Me encontró con cámara, inquieto. Me encontró y no quería perderse el espectáculo. ¿Una video llamada? Claro, con gusto. Yo también la encontré con ese ánimo de la fetichista; de esa mujer que le encanta ver penes mirando hacia el cielo, fuertes, firmes, imponentes. Así, así estaba el mío esa tarde: vigoroso, animado por las imágenes que fabricaba en mí cabeza, esas imágenes de encuentros sexuales anteriores, de mujeres desnudas bailando, haciendo el sexo oral, masturbándose.

Ella, allá en su cubo de fantasías, reía y abría sus ojos mirando yo no sé qué cosas pero sí imaginaba que cosas. “Es que con lo que me están mostrando quisiera que me hicieran el Kamasutra sin omitir nada” me dijo. “¿Y es que te encanta?” Y un uffff fue su respuesta. “Pues sabes, aquí tengo algo que te gustaría ¿Quieres ver?” “Sí, deli”. Bajé mi cámara para que pudiera disfrutar de mi pene erecto mientras me hacía un pequeño círculo en la cabeza roja. Lo agité un poco. Ella allá con sus ojos abiertos de niña sorprendida y sonriente porque el regalo le ha gustado. Agité con destreza por un momento mi falo que, como un rebelde sin causa, estaba firme y listo para la acción. Mientras ella me hablaba por el micrófono: “que rico lo tienes” “que delicia” “me antojé”, fueron algunas de sus frases mientras yo seguía con mi trabajo exquisito.

Fue de ella la propuesta maestra: “¿Será que nos podemos ver?” ¿Habrá algo mejor que una mujer decidida, propositiva, con iniciativa? Lo dudo. Ella con esa propuesta logró que mi excitación, mi estasis fuera aún mayor. No tanto por lo que implicaba, sino por su significado.

Así es, nos encontramos aprovechando que estábamos en el mismo lugar para ir a tomar algo. Un café-bar y un buen capuccino. Nos sentamos en un lugar apartado mientras le preguntaba de cosas varias. Que ¿Cómo estaba vestida? Una licra negra, tennis y una blusa blanca. La licra se ajustaba a su cuerpo y a esas piernas que, sentada, se veían aún más robustas, daban ganas de tocarlas. Su licra se ajustaba al cuerpo. Con la suspicacia de los hombres lancé miradas hacia su sexo que lograba dibujarse como manifestando que quería ser protagonista. Se veía una vagina delicada que se dibujaba con líneas finas. Ella no se dio cuenta y si lo hizo creo que lo disfrutó. ¿Qué mujer segura de sí misma no disfruta de ser deseada?

Que estaba en cacheteros negros de encaje, y yo que quería darle un masaje lingual recorriendo con mi boca desde su entre-pierna para que ella volara por más tiempo. Que le encantaba el sexo oral y yo con mi verga deseosa de follarse una boca habida y decidida. Que le encanta en cuatro mientras le levantan una pierna y yo mirando la delicadeza de sus líneas vaginales.

Que no tenía ganas, no tenía deseos, pero con la conversación y la imaginación las ganas y los deseos no se hicieron esperar. Yo deseaba sexo. Sexo en público. No aquí, pero sí en otra parte un poco más privada pero algo frecuentada. El clima no ayudaba. “Si no me tuviera que ir te diría que vamos a hacerlo ya”, eso me dijo; la puerta se cerró. Pero no importaba o ¿Acaso no disfrutan del sexo que no se da con afanes? ¿Acaso no disfrutan de las dudas que quedan del primer encuentro? ¿Acaso no se desea más así? Me gustó la propuesta. No pasó nada, pero ella quería que pasara; lo que sin duda dice que pasará. Al fin y al cabo es una historia en su inicio.

— angelver

21 de noviembre de 2011

visibility 1.9k lecturas chat_bubble0
angelver

Escrito por

1 seguidores ·Soy hombre heterosexual

Comentarios

0 comentarios

Inicia sesión para dejar un comentario.

login Entrar
Sé el primero en comentar.

Sigue leyendo

Otros relatos fantasías

Mujer Grande.

Fantasías

Mujer Grande.

elmen21elmen21·hace 12 horas
schedule 1 min
visibility 95favorite 0chat_bubble 0
Un sueño

Fantasías

Un sueño

luisgalzateluisgalzate·hace 16 horas
schedule 2 min
visibility 86favorite 0chat_bubble 0
Entregada a mi amigo

Fantasías

Entregada a mi amigo

CornudoteCornudote·hace 2 días
schedule 3 min
visibility 838favorite 2chat_bubble 1

Lo más reciente

Recién publicados por la comunidad

Ella es Mía

Sexo con maduras

Ella es Mía

Frank0922Frank0922·hace 10 horas
schedule 7 min
visibility 126favorite 0chat_bubble 0