El Placer De Comprender A Mi Esposa
Relato de comunidad Fantasíasschedule 4 min de lectura calendar_today Noviembre de 2011

El Placer De Comprender A Mi Esposa

Por razones laboralesviajé a Bogotá el jueves en la noche debido a que tenía una reunión a primera hora del viernes. Con mi esposa acordamos aprovechar este viaje para pasar el fin de semana solos, pero ella solo pudo viajar el viernes en la tarde. Al desocuparme de la razón que me llevó a....

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Por razones laboralesviajé a Bogotá el jueves en la noche debido a que tenía una reunión a primera hora del viernes. Con mi esposa acordamos aprovechar este viaje para pasar el fin de semana solos, pero ella solo pudo viajar el viernes en la tarde. Al desocuparme de la razón que me llevó a Bogotá, caminando por la zona rosa pasé por el frente de una tienda de venta prendas para adultos y se me ocurrió comprarle una vestimenta sexy a mi mujer para nuestra salida de esa noche por lo que fui al centro comercial Andino y allí le compré una faldita bastante corta y una blusa con un profundo escote y con una textura de tela bastante suave y transparente.

Mi esposa llegó al hotel como a las 5 y 30 de la tarde, conversamos sobre varios temas, nos acostamos, dormimos un rato, como a las 8 y 30 bajamos a cenar en el mismo hotel y a las 10 de la noche cuando nos aprestamos a vestirnos para salir, la sorprendí con la entrega de lo que le había comprado, se sonrió coquetamente y con gestos de complicidad se puso su atuendo sexy.

Decidimos al llegar a la discoteca, quedarnos en la barra, pedimos las primeras copas hasta ir entrando en ambiente, luego de un rato nuestro baile iba siendo mas sensual.

El ir a la barra y regresar a bailar se repitió varias veces, siendo ya como las 2 de la madrugada el ambiente estaba bien caliente y nosotros igual, yo le acariciaba sus nalgas subiéndole la falda, le dí la vuelta y ella movía sus caderas mientras le restregaba mi pene en sus nalgas, estando en eso le pedí que se quitara el brasier, no me contestó, solo me miró y fijamente y la verdad no supe interpretar su mirada, al rato volvimos a la barra, ´tomé un nuevo trago y le dije que me esperara un momento mientra iba al baño. Al regresar, me dijo, "abre las manos, toma", se había quitado el brasier en mi ausencia, sus senos se adivinaban en la transparencia de su ropa y se veían próximos a salirse de lugar en medio de la profundidad del escote, la verdad me excité mucho al ver a mi hembra así toda provocativa.

Bailamos nuevamente y ahora motivado por la sensualidad de mi mujer la agarraba por todas las partes de su cuerpo, mis manos tocaban sus nalgas casi al descubierto, metía mis manos en medio de su escote persiguiendo sus senos erectos, los que por momentos quedaban a la vista de quienes bailaban a nuestro lado, eso la preñaba de morbosidad y a mi de un inmenso placer. Ella bajaba sus manos buscando mi sexo el cual acarició primero por encima de mi pantalón, luego me pidió que me lo sacara y la complací sin protesta alguna, que deliciosa noche pero como la faena quería culminarla con una fornicada apropiada con la noche vivida estimé que era el momento apropiado para partir.

Tomamos el taxi rumbo al hotel convencido que allí terminaría esa cálida noche de sexo, pero en mis pensamientos no estaba que la excitación de mi mujer no la dejaría tranquila hasta llegar a nuestro destino. No bien le había dicho al chofer cual era nuestro destino, ella lanzó su sedienta boca a mi pene, lo succionó como nunca, sin parar se sentó en mis piernas, la comence a acariciar, ella se sacó uno de sus senos y me lo metió en mi boca, metí mi mano entre sus piernas, las cuales abrió de inmediato. El taxista redujo la velocidad del vehículo, no hay duda que quería disfrutar ese espectáculo gartuito que le ofrecíamos. Mis dedos continuaban acariciando su clítoris mientras mi boca mamaba sus senos y el taxista no paraba de vernos por el retrovisor, ella alcanzó el orgasmo antes de llegar al hotel, yo lo recibí en mis manos, el taxista en sus oidos pues ella nada hizo para callar sus gemidos.

Lo que gozamos después en el hotel con el vibrador asomados al balcón recibiendo el frio de la noche y pa perspectiva de ser vistos fué la culminació de esta noche loca.

Ahora quizá se me pueda entender mejor la razón que me asiste cuando afirmo que las esposas tienen derecho a vivir sus propias fantasías y hasta algo más y que el marido que así lo comprende logra un disfrute espectacular.

Claro que respeto los que opinen sobre este relato, expresando opinión diferente

— locuras-de-muje

29 de noviembre de 2011

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