Mateo ¡Me Hiciste Una Puta!
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 6 min de lectura calendar_today Diciembre de 2011

Mateo ¡Me Hiciste Una Puta!

Cuando terminé con Mateo el mundo se me vino al piso. ¿Cómo era que yo, una obesa adolecente podría volver a ser amada por cualquier hombre? Además él había sido mi primera vez, adivinado cada uno de mis recovecos y deseado profundamente, yo también lo había amado; pero creo que empecé a....

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Cuando terminé con Mateo el mundo se me vino al piso. ¿Cómo era que yo, una obesa adolecente podría volver a ser amada por cualquier hombre? Además él había sido mi primera vez, adivinado cada uno de mis recovecos y deseado profundamente, yo también lo había amado; pero creo que empecé a amarlo más cuando ya no estuvo, cuando decidió irse con ella, una puta cualquiera de la cual sólo recuerdo su nombre: Juliana.

Puede que Juliana sólo fuera una niña más que había visto en Mateo lo mismo que yo ví, unos deliciosos brazos anchos, una inteligencia excepcional y un cabello largo que se movía al ritmo de las mejores bandas de thrash metal, no había sido complicado para ella, igual que para mi, enamorarme de la dulzura de sus ojos, de lo bien que besa y desnuda. Aunque aún, varios años y polvos después sigue siendo para mi un doloroso producto de mi mente imaginarlos fornicando en la misma cama (o el mismo suelo) donde tantas noches me había hecho absolutamente suya.

Aunque al final de cuentas el objetivo de esta historia no es reflejar mi diario íntimo en una página de internet y desahogar mis más profundos anhelos sí es importante iniciar hablando de lo que fue él y lo mucho que lo amé, tanto que con su ausencia de mi vida me llevó a un foso profundo y oscuro, nadie podía llenar el vacío que él dejó. Buscando con qué llenar ese hueco llegué a ser una puta.

Acababa de graduarme del colegio e ingrese a la universidad. Yo siempre llevando en mi memoria al lastre de Mateo me había vuelto algo huraña, pero aun así pasaba mis noches rumbeando, drogándome, estudiando… una de esas noche donde la droga y la rumba estaban a full, empecé a hablar con Carlos, él estudiaba conmigo y desde esa noche pasó a ser algo más. Luego de que 3 botellas de aguardiente se agotaran terminé en un motel barato. No me podía sostener en pie, así que no recuerdo mucho de lo que pasó esa noche con él. Recuerdo que lo movía rápido y duro y yo gritaba por cumplir, también recuerdo que se lo mamé por mucho tiempo (O por lo menos mi referencia mental de mucho tiempo en ese estado de alicoramiento). Recuerdo que me lamia mis senos con gran experticia y que sus manos hicieron maravillas en mi clítoris. Recuerdo ver su expresión cuando terminó… como quedó tendido en la cama mientras yo me recostaba en su pecho, tratando de borrar el recuerdo de Mateo, había sido una buena faena… pero estaría mejor con Mateo.

Luego de hablar unos minutos sobre cosas básicas, desde el color de las paredes o el efecto de el calentamiento global según algún estudioso (o eso nos hacían creer en la universidad) él se empezó a vestir, yo me demoré unos segundos más en sentarme en el filo de la cama, obviamente yo como mujer me demoré más en terminar de ponerme las botas, anillos y collares… mientras estaba en ese proceso Carlos se sentó a la derecha de mi, se quedó en silencio hasta que terminé de vestirme: “Estás muy gorda, pero que rico que lo mamas”. Yo solamente atiné a reírme, es verdad que estaba muy gorda pero jamás me había emocionado el hecho de que me dijera que lo mamaba rico.

-¿Lo mamarías así por plata?

-Depende de cuánta plata - le dije - yo no soy ninguna puta.

-Pero podrías convertirte, sin ningún problema.

Me paré y riéndome de la manera más sarcástica que encontré y di una vuelta sobre mi propio eje. ¿En serio creería que alguien pagaría porque se la mamara un mastodonte?

-Mira, Angelita, no todos los hombres tienen los mismos gustos, no sé de dónde sacan ustedes las mujeres esa idea de que todos los tipos quieren a las raquíticas que desfilan en Milán. Conozco varios amigos de muchísima plata que pagarían una buena suma porque una gordita calentona como tu les diera un tour por la ciudad para luego terminar en cualquier hotel de lujo.

-¿Tu enserio crees que pueda ganar dinero por andar chupando pijas y vendiendo mis huecos? – Le dije sentándome.

-Claro que lo creo. ¿No te parecería genial que la próxima noche que estés con Mateo seas una experta en la cama? Ahí si no hay Juliana que valga, a un hombre se le convence en la cama.

Con ese argumento me desbarató. Tres noches después, vestida de niña linda me encaminaba con tacones altos a encontrarme con mi primer cliente, quien al verme me entregó, sin ninguna otra información $200.000 pesos. De él no tengo mucho que decir, era alto, cabello canoso y ojos miel, de un inteligentísimo humor, dueño de una pequeña empresa la cual le permitía vivir con bastantes lujos. Hablamos más o menos una hora, no sé si yo realmente le parecía brillante o solo fingía para que fuera más amable con él a la hora del té, luego dimos una vuelta y terminamos en un hospedaje de paso donde cumpliría mi labor de puta.

-Es mi primera vez haciendo esto por dinero – susurré casi entre dientes.

-Es mi tarea entonces, que no sea la última – me dijo suave en el oído, de inmediato empezó a besar mi cuello.

Nos desnudamos, él a veces con agresividad me quitaba la ropa yo en cambio jugaba con sus ganas, quitarle la camisa lento, jugar con la bragueta del pantalón, pasar mi mano como quien no quiere por su bulto erecto, tocarlo, disfrutarlo, suave… más que ser una puta cualquiera a la que le rompería el culo toda la noche quería que realmente disfrutara, así que me quedé un rato en su pene, subiendo y bajando con mi lengua, dejando que entrara por completo hasta sentirlo en mi garganta, lo mordí ligeramente… al descubrir que le gustaba continué haciéndolo, disfruté de sentir sus manos en mi cabeza obligándome a mamarlo más profundo. Luego me acosté al lado de él y dejé que el hiciera conmigo lo que quisiera. Primero me besó el cuello y fue bajando con excepcional conocimiento de causa, me mordió los pezones y eso me mojó absolutamente. Gemí, no por compromiso sino por placer, me abrió las piernas y me hizo uno de las más deliciosas chupadas de mi vida… estuve a punto de acabar en su boca, se movió, quedó con la cabeza de su pene justo en la puerta de mi vagina.

- ¿Quieres que te de bien duro, gorda puta?

-Dame como quieras, le dije con lujuria en los ojos.

Un torbellino de vergazos empezó a caer, me la metió al fondo con tal rapidez que sentía que estaba por explotar, por orinarme… llegué mientras me penetraba y él lo notó en mi rostro, fue fantástico como subió aún más el ritmo para que gozara al tope, era un extraño y había logrado llevarme al cielo de forma única. La sacó, me volteó con casi violencia y siguió metiéndomela mientras tenía sus manos en mi cintura. – Qué rico culo tienes -.

Terminó, y luego de un gemido prolongado quedó tirado a mi lado, entrecerró los ojos y guardó silencio. Me quedé mirándolo casi con afecto. Pasó la mano por mi rostro y con un cariño casi paternal me dijo suavemente “Cuánta ausencia hay en tus ojos, chiquita”

— metalera

21 de diciembre de 2011

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metalera

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Comentarios

2 comentarios

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  • cent90
    cent90 · 7 de jun de 2017

    Buenas letras, me genera una duda. Hay más historias tuyas, cómo está?

  • felipin
    felipin · 21 de dic de 2011

    Excelente relato interesante pero discutible

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