Ahí entendí por qué la novia lo había dejado. Jorge no entendía cuán grande es el apetito sexual de una mujer y probablemente no la dejaba satisfecha, cosa que el otro sí hacía.
-Jorge…creo que has hablado con la mujer menos indicada para tu caso.- le respondí.
Me miró con sorpresa. Supuso de inmediato que yo le iba a contradecir, pero su expresión no desaparecía. Quería saber cómo le iba a refutar ese argumento. Aparentemente, para él, estaba a punto de desmentirle uno de sus grades paradigmas de su vida.
- Mira, una mujer puede hacerlo varias veces por semana incluso con personas diferentes. El apetito sexual de nosotras no es tan pequeño como el saber popular informa. Te lo digo por experiencia.-
Reinó por unos minutos un silencio. Jorge tomó un trago de ron, como tratando de digerir lo que le acababa de decir. No sé qué se le habrá cruzado por la cabeza en ese momento, no sé si se habrá sentido triste por no saber que las mujeres lo hacemos tanto, no sé si se habrá sentido feliz de saberlo. En fin.
En ese momento volvió a sonar su moribundo celular, se excusó y se retiró. Cuando regresó, hablamos de otro tema. Empezamos a hablar de música, de canciones, etc. Escribí en una hoja una frase de una canción que a él le gustaba mucho. Estaba en otro idioma que no era español. Él la miró, yo le dije como se pronunciaba cada cosa. Me miró, cogió mi lapicero y escribió en la hoja.
Después de la conversación en la hoja (que no se las voy a decir porque es muy larga), nos miramos fijamente y de un momento a otro estábamos besándonos. Fue un beso rico, tierno pero salvaje. Un beso así sólo puede darlo alguien que quiere causar placer sin dolor. Alguien que valora a la pareja. Yo me dejé llevar. Hacía mucho rato no probaba unos labios nuevos. Y nunca había probado unos labios así. Desde ese momento decidí que no me negaría a hacerlo con él. Me había picado el bicho de la curiosidad. Quería saber cómo era hacerlo con un hombre así. Pero el que muestra hambre, no come. Así que de ahora en adelante tenía que hacer las cosas con pies de plomo.
El ron ya se estaba acabando, la luna ya estaba en el cielo y pronto sería hora de partir. Tomamos lo poquito que quedaba del ron, nos dimos otro beso y salimos rumbo a la casa de Jorge. Ya casi llegando a su casa, en una calle desolada, me agarro fuerte, me miró y nos besamos profundamente, como si nunca antes nos hubiéramos besado y como si nunca más lo volviéramos a hacer.
-¿Qué quieres? – me preguntó al oído.
-Lo mismo que tú. – le respondí.
- Tú sabes lo que quiero y quiero estar seguro de que tú también lo quieres. No quiero que hagas nada que no quieras, no quiero forzarte a nada.-
-Mira Jorge, si yo no quisiera hacer esto, ya estarías en un hospital. Así que déjate de pendejadas y cree en mis palabras. – le dije, un poco ofuscada porque no habíamos tomado tanto como para que él supusiera que yo estaba tan borracha para hacer cosas contra mi voluntad.
Nos agarramos de la mano y caminamos el trayecto que quedaba hasta su casa. Bueno, realmente él me guió, pues a mí me sigue pareciendo muy enredado llegar a su casa. ¡Es como un laberinto!
Abrió la puerta, subimos las escaleras, con varias pausas porque no podíamos dejar de besarnos y me llevó a una habitación que yo no había visto. Era notablemente más amplia que donde habíamos estado al principio y la cama era más grande (además que estaba ordenada). Me sentó en la cama y empezó a desvestirme lentamente. Era como un niño que acaba de recibir un regalo y no quiere dañar la sorpresa, así que retira con sumo cuidado el empaque.
Yo también empecé a desvestirlo. Le zafé uno a uno los botones de su camisa blanca. Zafé su correa y le bajé lentamente el cierre. El hizo lo mismo conmigo. Me acostó en la cama, me terminó de desnudar y se desnudó él.
Ahí fue la primera vez que pude ver su pene. Normal, promedio. Nada que encante, nada que espante. Lo cual me alegró, pues a mí no me gustan los penes grandes. Tenía pensado chupársela un rato antes de que me la metiera, pero noté en su mirada que no quería que se la chupara. Quería metérmela de una vez. Eso me excitó de sobremanera, pero antes, había algo que quería preguntarle.
-¿Tienes condón?-








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login EntrarSaides... Yo quiero terminar de leer esta historia, me gusta como escribes, me trasportas al momento pero es que en 4 partes..voy a morir de curiosidad!!!! XD