EL VENECO (PARTE 3/4)
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 6 min de lectura calendar_today Enero de 2012

EL VENECO (PARTE 3/4)

Él abrió una gaveta y lo sacó. Se lo puso y de una se hizo sobre mí. Empezó a penetrarme suavemente, de a poquitos. Se sentía bien, lo hacía muy rico. Cuando todo su pene estuvo adentro, se detuvo un segundo. Me besó e inmediatamente empezó a clavarme. Suave al principio, pero una vez....

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Él abrió una gaveta y lo sacó. Se lo puso y de una se hizo sobre mí. Empezó a penetrarme suavemente, de a poquitos. Se sentía bien, lo hacía muy rico. Cuando todo su pene estuvo adentro, se detuvo un segundo. Me besó e inmediatamente empezó a clavarme. Suave al principio, pero una vez cogió el ritmo parecía como un taladro.

Me puso de medio lado y me siguió clavando.

-¿Esto era lo que querías? – me preguntó.

-Sí Jorge, esto era. –

-¿Y te gusta?-

-Me encanta, es exquisito.- le respondí. La verdad es que lo hacía delicioso, tan así que hasta el sol del hoy no he probado un polvo tan rico como él. Era la mezcla perfecta. Me clavaba fuerte pero sin maltratarme. Me besaba salvaje pero tierno. Me acariciaba toda con sus manos suaves y morbosas. ¡Qué delicia! Me sentía una sola con él, por dentro y por fuera. Esa sensación me hacía desear más y más liberarme como nunca lo había hecho con alguien antes. Era como si descubriera una faceta de mí que había estado esperando por la persona que la pudiera despertar.

- Chúpamela.- me dijo con la respiración agitada.

De inmediato lo acosté, empecé a besarlo bien rico en la boca. Fui bajando lentamente, lamí su cuello, lo mordí, chupé sus tetillas un rato, primero una, luego la otra, bajé cuidadosamente con la lengua, jugué con su ombligo y finalmente llegué a su pene. Su verga estaba toda tiesa, se nota que lo estaba disfrutando. Aún por encima del condón se veían sus venas hinchadas. Empecé primero a pasar mi lengua por la punta, en circulitos.

Jorge me miraba. Tiene una mirada deliciosa, impactante, morbosa. Me pedía más. Él ordenaba y yo obedecía.

- Chúpamela toda. – me decía y yo me la metía toda hasta la garganta. Una vez su verga dentro de mi boca, no dejaba de mover mi lengua. Quería hacerlo sentir tan bien como él me hacía sentir a mí.

- ¡Hasta las huevas! – y yo me sacaba su verga de la boca y pasaba directamente a sus huevas. Las lamía hasta dejarlas bien mojadas y luego las chupaba, una por una. Yo estaba fascinada haciéndole el oral, pero mi cuquita pedía verga y esa petición no la podía ignorar.

Así que me puse sobre él y lentamente fui bajando, metiéndome poco a poco su verga. Notaba en su cara el placer que desbordaba su cuerpo. Empecé a cabalgarlo lentamente sólo para que con su mirada me pidiera que lo cabalgara. Y así lo hice. Cada vez lo cabalgaba más fuerte, más rápido. En ese momento, sentí ganas de decir una frase que juré que nunca más le diría a alguien. Pero era la frase indicada, era lo que yo deseaba.

Detuve mis caderas y me le acerqué al oído.

-Hazme tuya. – Me había prometido que nadie sería merecedor de esa frase, pero hay cosas que se sienten en el momento y se tienen que expresar. Me miró y sentí miedo, pues no pude descifrar su mirada. No sabía si era asombro, excitación, disgusto, etc. Yo lo miraba con convicción. Eso era lo que quería. Mi cuerpo se entendía perfectamente con el de Jorge, más allá de lo que pudieran expresar las palabras, así que por eso estaba convencida que esa era la frase que quería, y debía decir.

Jorge, sin sacarme su verga, me acostó quedando él encima de mí. Me abrió toda y empezó a clavarme despiadadamente. No dolía, se sentía muy rico por el contrario. Nunca había sentido algo así. Es algo inexplicable. Me había vuelto loca de tanto placer y por fin algo en mí despertó. Esa fiera que nació conmigo y llevaba dormida todo este tiempo, que de vez en cuando merodeaba por ahí esperando ser liberada. Esa fiera, mi génesis, había despertado y tomaría control sobre mí.

Yo, controlada por la fiera, empecé a besarlo desesperadamente. Nuestras lenguas se entrelazaban, jugaban una con la otra, como no queriendo soltarse. Nuestro dientes agarraban el labio del otro como queriendo devorarlo. Mi boca bajó a su cuello y empecé a besárselo, a chupárselo, a mordérselo, como si de su cuello extrajera un elixir que me permitía aguantar este ritmo tan frenético que llevábamos. Mis caderas se movían al tiempo que su verga penetraba toda en mí. Era salvaje, era perfecto. Lo quería todo dentro de mí, ser una sola con él.

Como una fiera en su primer día de caza, deseosa de estrenar sus garras, así le clavé mis uñas en su espalda. Lo quería sujetar firmemente contra mí, para que me clavara siempre. Sentía como le infringía dolor y también como ese dolor lo excitaba más. A mí me excitaba verlo así, cada vez que le clavaba una uña era como si le echara gasolina al fuego: una explosión, que era la expresión del dolor y luego un fuego más intenso, representado en la velocidad con que me daba verga en mi cuquita.

- Dime, ¿quién es tu papi?- me preguntaba.

-Eres tú Jorge, tú eres mi papi y yo estoy para que hagas conmigo lo que quieras. – le respondía entre gemido y gemido.

Seguíamos devorándonos, seguíamos haciéndolo. Bien rico, bien salvaje, bien despiadado. Hasta que el colchón se hundió. Nunca supe si se había partido la tabla o si sólo se había corrido, pero el caso es que quedó un hueco en la cama.

-No importa – pensamos los dos al tiempo – todavía queda suficiente colchón para seguir en lo nuestro. Jorge me dijo que no me preocupara y me corrió hacia un lado de la cama que todavía estaba firme. Al poco tiempo habíamos retomado el ritmo y seguíamos en nuestro juego de palabras, donde él era mi dueño y yo era su esclava.

- Dale puta, dale. – me gritaba, con ánimos de darme más energía, más fuerza.

- Si papi, lo que tú quieras. Yo soy tu puta, toda tuya. – le respondía. Normalmente me hubiera parecido grosero y contraproducente decir papi y que me dijeran puta. Pero era tanto el nivel de excitación de ese momento que todas las palabras eran válidas, pues ninguna alcanzaría a expresar todas las emociones que me recorrían en ese momento.

- Dale puta que voy a llegar. – me dijo.

- Vamos papi que yo quiero eso, quiero que me termines de hacer tuya. – le contesté.

En ese momento sentí como Jorge llegaba. Lástima que hubiéramos tenido que usar condón, porque hubiera sido extremadamente delicioso sentir que me llenaba de leche. Jorge tomó un respiro, sacó su verga de mi cuquita toda mojada y se dirigió a limpiarse. Yo me quedé un rato acostada. Me quería bañar, pues había sudado mucho.

- ¿Tienes una ducha? – le dije

- Sí, ven. – respondió.

— saides

12 de enero de 2012

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