Confesiones
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 5 min de lectura calendar_today Febrero de 2012

Confesiones

Confieso que mientras escribo este relato, únicamente llevo puesto una tanga negra entremetida en mis labios que completamente húmedos humedecen la silla donde estoy sentada. Mis senos están duros y mis pezones tan parados y duros que pellizco de vez en cuando mientras hago una pausa. Espero a....

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Confieso que mientras escribo este relato, únicamente llevo puesto una tanga negra entremetida en mis labios que completamente húmedos humedecen la silla donde estoy sentada. Mis senos están duros y mis pezones tan parados y duros que pellizco de vez en cuando mientras hago una pausa. Espero a que llegue mi esposo para que me trate como la zunga que soy. Ojalá y alcance a escribir la totalidad de esta nota.

Soy profesional, tengo 27 años, buena hija, buena hermana, buena amiga, muy trabajadora y buena esposa dependiendo del lente con que se mire. Para mi marido, soy la mejor (guiño, guiño). Toda una dama en la sociedad, pero toda una perra en la intimidad.

Confieso que cuando conozco a un hombre, o me presentan a un nuevo compañero de trabajo, o trato con un cliente, lo primero que hago después de admirar sus ojos y apretar su mano en el saludo, es dirigir una mirada discreta a su paquete. Si se le marca o no. Si mucho o poco. Si su talla es estándar o extra grande. Dependiendo de ese y otros test que le hago a los hombres cuando los conozco, decido si dejarme seducir (o seducirlo).

Confieso que perdí mi virginidad a los 15 años con el hermano de mi padre. Mi tío estaba tan bueno que era modelo de ropa interior para una reconocida marca y me traía por el camino de la amargura. Fui yo quién lo seduje después de noches de agonía hasta que lo llevé a mi cama, pero él me enseñó todo lo que conozco del sexo, como se goza y se hace gozar a un hombre. Hasta que se casó y se fue a vivir al exterior, fuimos amantes por 3 años.

Confieso que muy probablemente mi esposo, sea el hombre más cornudo de Medellín, si es que a alguien que le encanta verme follada por hombres que, por él ser bisexual, él también desea y que algunas veces compartimos, se le puede llamar cornudo. Claramente hay consentimiento en ello.

Cuando estoy con un hombre o más de uno, el clímax del encuentro, además de que me lleven al orgasmo, es poder disfrutar de su falo en mi boca. Me considero una experta en el fellatio: chupar, lamer y usar mi lengua para provocar en ellos todo tipo de sensaciones hace que por mis muslos temblorosos corra ríos de jugos vaginales. Una buena verga, grande, dura, carnosa y venosa puede mitigar el hecho de que su dueño sea panzón, bajito o de cara poco agraciada.

A veces me preocupa que mi apetito sexual pueda volverme ninfómana. No pienso en sexo todo el tiempo, pero rara vez digo “no” a un hombre que me gusta. Seguramente, si yo hubiese nacido hombre, sería homosexual. Así de mucho me encanta el pene.

Confieso que he estado hasta con ocho hombres a la vez en una gang bang que mi amado esposo preparó como regalo de cumpleaños, pero eso es cuento para otro relato.

Acabo de llevarme los dedos a mi concha, introducirlos por el borde de la tanga, penetrarme con índice y el corazón y luego llevarlos mojados a mi boca para recordarme a mi misma que soy una mujer viva, ardorosa, lujuriosa y no me avergüenzo de ello.

Si no hubiese sido ingeniera civil y hubiese nacido en los Estados Unidos o en Europa, sin duda sería actriz porno o trabajaría en la industria.

Me encanta el voyerismo, ver y ser vista. Lo más guarro que he hecho al respecto, fue terminar de una manera poco convencional con un novio que era entre otras cosas, un malnacido que me maltrataba psicológicamente y menospreciaba mis logros profesionales. Una noche en una discoteca de rumba extrema con sexo en vivo, lo humillé frente a su hermano y su mejor amigo y los acompañantes de la mesa, en el momento en que el anfitrión del lugar, con un par de modelos desnudos (hombre y mujer) ofreció un premio de 500 mil pesos a la mujer del público que se le midiera mamarle la verga al galán que además de estar tallado como los dioses griegos, tenía un rostro hermoso y una porra de elefante. Le dije a Carlos frente a sus acompañantes, que estaba cansada de que me tratara con desprecio, que fuera tan poco hombre, precoz y de tamaño indeseable, y que estaba tan jodidamente caliente por lo insatisfecha sexualmente que había estado en un año de relación enfermiza, que daba por terminado el asunto para ser satisfecha por un hombre de verdad. Ante los ojos atónitos de todos y la cara roja de furia de Carlos, me subí a la tarima y le dije al churro del anfitrión (también estaba delicioso) que me diera 800 mil y me dejaba culiar en vivo. Todos aplaudieron y gritaron y al son de la música me desnudé me puse en cuatro y dejé que uno de los hombres más hermosos que he visto, dirigiera su porra gruesa y larga y me poseyera como a una cerda mientras veía como el hermano de Carlos y su amigo lo sacaban del lugar. Aun recuerdo los huevos del tipo golpear rítmicamente los labios de mi vagina y el orgasmo tan tenaz que me provocó. Con los ochocientos mil pesos ajusté y me fui de viaje para Cartagena.

No siempre pienso en sexo, soy una mujer que sabe lo que quiere y que consigo lo que quiero siempre y cuando ponga empeño en ello. Aunque he perdido el número de hombres con los cuales he estado, donde han pasado mi ex jefe, su hermano, compañeros de trabajo, clientes, un sacerdote, dos policías, el vigilante de mi unidad, parejas de intercambio, desconocidos de una noche, mi tío, dos primos, y un lindo jovenzuelo de 16 años hijo de una amiga de mi madre, a quién desvirgué y le enseñé como se hace gozar a una dama; soy una mujer común y corriente. Estudio inglés en una academia reconocida, me encanta el buen cine, viajar, estar a solas con mi esposo viendo una puesta de sol tomándonos unos vinitos, voy a la iglesia y hago gimnasio 3 veces a la semana. Me pueden encontrar sentada en el metro leyendo un libro de Jorge Luis Borges y no saber que de vez en cuando dirijo mi mirada a algún encorbatado y a su paquete, imaginándome al oficinista entre mis piernas mientras suspiro, para luego volver a retomar la lectura.

Mi marido llegó. Estoy tan caliente que espero que haya traído con él a algún amigo, lo más probable es que no, siempre acordamos con antelación algo como eso, igual será una noche memorable.

— cata25

26 de febrero de 2012

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Soy mujer heterosexual

Comentarios

2 comentarios

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  • tatan27
    tatan27 · 30 de may de 2017

    Que relato, pareces insaciable y eso me gusta. Ojala conozca una mujer de ese tipo algún día.

  • desterl
    desterl · 26 de feb de 2012

    Solo fenomenal, eso es vivir la vida y no dejar que vivan de uno ya que el verdadero amor es dejar ser feliz y ser feliz y es dificil de encontrar de seguro tu esposo te esta penetrando como te lo mereces

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