MI REGALO DE CUMPLEAÑOS I
Relato de comunidad Fantasíasschedule 6 min de lectura calendar_today Marzo de 2012

MI REGALO DE CUMPLEAÑOS I

Me encontraba sentada en una cómoda silla ergonómica de paño con una leve inclinación de 60º que me dejaba semi-estirada en el espaldar de la misma, muy nerviosa. Conozco los juegos de Camilo pero esto era completamente nuevo. “¿Confías en mí?” me susurró al oído con esa voz varonil y....

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Me encontraba sentada en una cómoda silla ergonómica de paño con una leve inclinación de 60º que me dejaba semi-estirada en el espaldar de la misma, muy nerviosa. Conozco los juegos de Camilo pero esto era completamente nuevo. “¿Confías en mí?” me susurró al oído con esa voz varonil y serena que me fascina. Sentí su aliento y el olor de su loción.

Con el corazón palpitando fuerte le dije que sí. En realidad lo hacía, a pesar de estar casi completamente desnuda a no ser por la tanga roja que llevaba puesta; mis ojos estaban vendados con un pañuelo de seda muy suave, y mis manos atadas a la silla con un cordón grueso que a pesar de estar firmemente apretado no me hacía daño. Estaba tan excitada que mi concha humedecida hablaba por sí sola de mi ardorosa expectativa. Me besó y recibí su lengua suave y el sabor de su boca con un gemido muy leve. “Es mi regalo de cumpleaños” me dijo y dejó escapar una risa sonoramente suave que también dejaba un asomo de excitación y lascivia. “¿Estás desnudo?” le pregunté mientras imaginaba su cuerpo semi velludo, bien tonificado, de pecho marcado, abdomen plano, piernas gruesas y nalgas redondas y duras. Un cuerpo que tanto había lamido y disfrutado desde mucho antes de casarnos. “Sí, pero no voy a ser el único”, me respondió entusiasta pero sosteniendo la serenidad en la voz para no dejar perder el momento sensual que rodeaba la habitación. Me asusté, luego me emocioné al recordar lo mucho que hemos hecho con parejas de intercambio, tríos o más, pero sobre todo mi fantasía que aún no se cumplía y que él, muchos días atrás en medio de unos tragos prometió algún día complacerme.

Esa noche en casa de su familia, mi esposo se había comportado como el caballero del que me enamoré. Hubo cena, rosas, regalos y mucha diversión con sus padres, hermanos y algunos amigos íntimos que se juntaron para celebrar mi cumpleaños. Una velada muy amena donde me demostraron lo mucho que me querían. Al final, Camilo hizo alarde ante nuestros familiares y amigos de un último regalo que tendría lugar en otra parte y que era un secreto y una sorpresa para mí. Todos rieron y aplaudieron por la ocurrencia de mi esposo, que nunca les dijo que era y que seguramente mientras nos veían alejarnos en el carro, pensaban que sería cualquier cosa menos una gang bang.

Llegamos a un apartamento desconocido para mí, en un exclusivo sector de Medellín, del cual Camilo tenía las llaves. Unos vinitos, música suave, charla picante con evasivas de lo que realmente iba a pasar allí, hasta que terminé en la posición en la que me encontraba ahora. Vendada y amarrada semidesnuda a una silla.

“Sí, pero no voy a ser el único”, me dijo y acto seguido, mientras yo digería sus palabras, escuché el cerrojo de la habitación que se abría de adentro hacia afuera y pasos de personas que entraban a la habitación. Mi corazón estaba que estallaba y pensé por un momento en tratar de zafarme. Fue un momento incómodo que duró poco. “Ella es mi esposa, Catalina.” Dijo Camilo, recibiendo respuestas como: “Es muy hermosa” “Está muy buena” “Que ricura” “La vamos a pasar muy bien” “Te vamos a tratar como a una reina”. Alcancé a identificar 5 voces diferentes, después me daría cuenta de que eran ocho.

Ocho hombres escogidos por mi esposo a mi gusto y a su gusto por supuesto. Camilo y yo compartimos el mismo criterio por los hombres y gracias a ello, hizo una muy buena elección para mí.

Altos, acuerpados, bien parecidos, guapetones, entre edades de 30 y 40, algunos semi-velludos otros no, unos de cuerpo trabajado, otros normalitos, nada de panzones, todos bien cuidados y por sobre todo… dotados. Como a veces se me antoja un brownie, entre los ocho había un chocolate hermoso. Por supuesto, a esta altura del relato aún no los había visto. Recuerden que tenía mis ojos fajados.

Permanecí callada, pero sonriente. Quise que supieran que era consecuente con la intención de mi esposo y mis lamidas y mordidas repetitivas de labios eran una invitación a todo lo que tuvieran en mente para mí. Recuerdo que abrí mis piernas lentamente y arqueé un poco mi espalda en señal lujuriosa con una sonrisa de oreja a oreja. Quería que empezaran ya. Ellos rieron: “Está ganosa” “la vamos a complacer” “la vamos a pasar del putas”.

Sentí una mano grande en mi seno derecho, luego otra en mi seno izquierdo, que acariciaba y pellizcaba mis pezones. Mi respiración se aceleró y comencé a suspirar fuerte para que supieran que me agradaba. Otra mano empezó a acariciar mis muslos, otra mis pies, y otra firmemente pasaba por mi abdomen rodeando mi cintura estrecha y bajando suavemente hasta entremeterse en mi tanga para cubrir la totalidad de mi vagina y luego retroceder hasta pellizcar suavemente mi clítoris. Algo que me pone la piel chinita es una mano grande y firme al acariciar. Me encantan los hombres de manos grandes y dedos gruesos (guiño guiño).

Podía sentir la combinación embriagante de aromas. Muchas lociones, todas agradables; y olores naturales que me recordaban que estaba rodeada de varios machos dispuestos a follarme. Sus respiraciones sobre mí, sus voces, suspiros, pequeños gemidos masculinos, extremidades vellosas rozando mi cuerpo.

Unas manos retiraron mi tanga y un frío delicioso susurró mis labios vaginales maximizando la sensación por la humedad en ellos contenida. Se me erizó la piel por enésima vez.

Una boca en mi concha y sin disimulo dejé salir un “ayyyyyyy” largo y chillón como el de una niña. ¡Qué lengua!... luego otra, y otra, y así fueron pasando uno a uno para hacerme erizar, erguir, temblar y endurecer mis músculos de placer y emoción mientras bebían mis jugos. Tantas manos sobre mí, tantas carias juntas de diferentes fuentes. Tantos machos para mí. “Si siguen así me van a hacer venir” dije con voz entrecortada con la intención de que así siguieran.

Para mis ojos… oscuridad total, para mi mente un caleidoscopio de imágenes creadas frente a las sensaciones percibidas desde la punta de mis dedos (uno de ellos estaba chupando los dedos de mis pies) hasta mi boca besada repetidamente y penetrada por varias vergas que se turnaban.

Tantos sabores, tantas formas, tantas densidades fálicas en mi boca y rozando mi cuerpo.

Me encantó que me trataban con delicadeza y sin brusquedad, según Camilo les había prevenido que lo hicieran.

En algún momento de la orgía donde la reina era yo, desataron mis manos para tomar la mitad inferior de mi cuerpo y elevarlo hasta lo más alto que podían con mi espalda alta aún apoyada sobre el asiento; mis piernas abiertas y sostenidas por ellos y mi concha y ano a merced del placer. Yo me relajé y dejé que ellos sostuvieran mi cintura y mis piernas. Fue cuando sentí dos bocas, con sus lenguas y labios lujuriosos en mi zona de goce. Una en mi vagina y otra en mi ano al tiempo. Succionando, lamiendo, mordisqueando, y penetrando con sus lenguas traviesas y expertas. Gemí, grité y temblé para tener mi primer orgasmo mientras me sostenían con fuerza a pesar de mis convulsiones. En medio de aquel éxtasis el par de glotones se turnaban para beber mis líquidos.

Recostada ahora en la silla, desvanecida y sudorosa, fui asistida por mi marido que se acercó para abrazarme, pasando apaciblemente su mano sobre mi frente sudorosa retirando mis cabellos enredados y besándome en la boca. “Esto apenas empieza, cariño”. Y yo sonreí.

Me levantó cargada en sus brazos y me llevó a la cama. Me quitó la venda y quedé lista para una verdedera Gang Bang con ocho hombres dispuestos a satisfacer mis necesidades de piel, calor, caricias, lengua, pene y placer.

— cata25

3 de marzo de 2012

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Soy mujer heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • jorgedavi
    jorgedavi · 3 de mar de 2012

    muy bueno, quiziera participar en algunas de sus aventuras, saludos

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