Mi Regalo De Cumpleaños II (Gang Bang)
Relato de comunidad Fantasíasschedule 8 min de lectura calendar_today Marzo de 2012

Mi Regalo De Cumpleaños II (Gang Bang)

Extasiada miraba a Camilo, siendo consciente de los demás machos alrededor de la cama, en ese momento de recién recibido éxtasis, solo tenía ojos para mi esposo hermoso que había orquestado tamaña sinfonía de placer para mí. Acariciaba mi rostro y me miraba con ternura, dándome besos....

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Extasiada miraba a Camilo, siendo consciente de los demás machos alrededor de la cama, en ese momento de recién recibido éxtasis, solo tenía ojos para mi esposo hermoso que había orquestado tamaña sinfonía de placer para mí. Acariciaba mi rostro y me miraba con ternura, dándome besos ocasionales en la boca que aún me sabía a verga. “Te amo” me dijo con una sinceridad en sus ojos que me estremeció, en un momento tan íntimo que no podía ser empañado por los otros ocho hombres que se masturbaban observándonos. “Quiero que seas el primero y el último de esta noche” le dije sin mirar ni un solo momento a los otros, a quienes hasta ese entonces aún no había detallado por completo.

Abrí mis piernas y recibí a mi esposo: tan masculino, tan hombre, tan hermoso, tan fuerte, tan dotado. Su pene se abrió paso por mis labios y toda mi cavidad vaginal fue llena por su falo grueso y largo. Gemí como loba con cada una de sus embestidas y llené mi vista con la imagen de cada uno de los machos que nos miraban arrechos esperando su oportunidad para comerme viva.

Lo sacó de improviso para luego metérmelo por el culo dejándome sin aliento en un delicioso coito anal que sacó de mí lo más puta que tenía escondido. Pidiéndole verga a mi esposo y deseando tener mi vagina penetrada al mismo tiempo. Se retiró Cami, y se acercó el más joven de todos, aún más que yo. “Escoge el hueco porque solo te doy uno” le dije lasciva mirándolo como una leona. Me puse en cuatro, y sentí como me penetraba analmente. Me llevé la mano al clítoris y disfrute de un clavo placentero que duró unos minutos. El segundo era un mono acuerpado con una verga torcida hacia arriba que me hizo erizar cuando penetrándome, tocaba en mis entrañas anales lugares que parecían no haber sido rozados por pene alguno. El tercero se acostó de lado y me acomodó dándole yo mi espalda; levantó mi pierna y me penetró lentamente por la vagina. Me volvió loca sentir su pecho y su abdomen velludo rozar mi espalda, en particular éste, tenía un olor que me encantaba y una manera tan morbosamente creativa de decirme cosas al oído que me hacían sentirme la mujer más deseada de Medellín.

El cuarto fue el negro terriblemente dotado. Tenía un cuerpo tallado hermoso y unas piernas que me fascinaron. Su falo era orgullosamente grande y recto. Mi vagina estaba muy húmeda por la excitación pero igual usé del lubricante para gozarme sin reservas semejante trozo de carne. Le dije que se acostara, y acto seguido, de espaldas a él y de frente a todos los demás me senté en su bestia venosa lentamente hasta sentir que lo tenía todo adentro de mi ano. Me ardió por un momento, pero luego solo fue el placer. Los miré a todos. Tan arrechos como animales en celo, masturbándose frente a mí unos con cara de aprobación a lo que me acababa de tragar por mi orto. Entonces empecé a apuñalarme con un tren de verga que mi esposo nunca había visto en mí. Sorprendido y sonriente observaba como su esposa se transformaba en la más glotona de todas las esposas. No gemía sino que gritaba y en mi mente solo estaba la bestia que me estaba metiendo por mi dilatado culo. Una y otra vez subí y bajé a un ritmo frenético mientras el negro gemía sosteniendo mi cintura. Me lo saqué y giré de cara a él para enclavarme por mi concha. Lo besé y seguí mi faena, una faena que como meta tenía cortar no uno ni dos sino 9 rabos. Obtuve mi segundo orgasmo con ese negro bello pero no hice mucho alarde de ello. Camilo lo supo cuando lo miré jadeante, me devolvió la sonrisa y me tiró un beso. Algo que quizá él nunca haría: dejarse comer por tantos hombres a la vez, pero que vivía su fantasía a través de su esposa.

Tomé un trago de licor y aspiré un poco de popper. Apenas iba en la mitad del camino. Acostada con mis piernas abiertas, sentía como el corazón se me aceleraba, la sangre se me subía a la cabeza y el clítoris se me ponía durísimo. Me masturbé frenéticamente mientras observaba acercarse al siguiente amante. El quinto macho era un oso robusto de pecho amplio velludo, que sin ser panzón era grueso y con un pene consecuente con su contextura, grueso el más grueso de todos. Me recordó a un profe de la universidad que a cambio de una nota que yo necesitaba me hizo gozar en su apartamento en el Poblado. “A ti te voy a llamar ‘el profe’” le dije socarronamente. “Llámame como quieras mamasita” me dijo el zurrón mientras me mandaba semejante porrón por mi concha ardorosa. En particular me llenó de embriaguez su peso sobre mí, me encanta sentir el peso de un macho sobre mi cuerpo. Lo acaricié y lo besé lujuriosa. Su lengua se revolcaba en mi boca al ritmo de su coito y yo no quería que parara.

El sexto hombre de la noche se pegó de mi concha sin importar los otros 6 penes que dejaron sus jugos en ella. Su boca me hizo delirar y retorcer hasta sentir que me venía… pero me contuve. Me colocó de lado, levantó mi pierna izquierda y en posición de ‘tijera’ me penetró. Sus piernas, una atrás por mi espalda y la otra delante de mi cuerpo me rozaban de vez en vez mi cuerpo dejando su pie frente a mi cara. Yo lo cogía fuerte de los muslos mientras sentía su pene bien adentro en tan profunda posición. Sus nalgas descansaban en mi pierna derecha dejando que su ano cálido rozara la misma mientras me penetraba con frenesí. Hasta ese entonces era consciente de cada movimiento, roce y gemido que envolvía el lugar. Fue cuando vi a mi esposo acicalarse con el más joven. Me dio rabia, era mi regalo de cumpleaños no el suyo, que dejara al monito para otra ocasión. Con mi mirada se lo dejé saber y de inmediato lo apartó.

El séptimo tipazo de mi orgía era el más guapo de todos, incluso más que Camilo. De cabello negro, piel blanca y ojos azules. Su cara era cuadrada y su cuerpo estaba como para chuparle cada centímetro sin dejar ni un espacio. Creo que se dio cuenta de la emoción que me embargó al verlo acercarse, porque sonrió pícaramente y mordió su labio inferior en señal lasciva y dominante. “A este me lo gozo todito” pensé. Y acto seguido lo detuve con mis manos en su cintura cuando se disponía a penetrarme. Lo miré traviesa y negué con mi cabeza, no iba a dejar que se limitara a penetrarme. Me deslicé debajo de todo su cuerpo hasta que su pene duro y venoso quedó a la altura de mi boca. Entonces descargó sus rodillas sobre la cama y dirigió su porra húmeda de líquido preseminal que se dejaba caer a gotas sobre mis labios. Entonces engullí ese falo golosa. Lo chupé, lo lamí y lo tragué hasta que no pude más. Pasé por sus huevos rosados y lamí el espacio entre los mismos y su ano hasta llegar a su ano. Lo lamí suavemente provocando gemidos de placer. Cosa que solo le he hecho a mi esposo.

Javier me culió en varias posiciones tanto tiempo que los demás debieron haber notado mi predilección por ese majo. Bueno y también por el anillingus que le dí.

El octavo me dejó maravillada, tenía una barba suave de tres o cuatro días unos dientes blancos lindísimos y unas manos que hicieron maravillas en mi concha mientras me penetraba el culo. Después de un rato me levantó cargada sin sacármelo un instante mientras él se ponía de pie sobre el piso. Me rompió el culo fuertemente mientras me levantaba y me descargaba sobre su falo sin dejarme caer. Fue épico y casi me desmayo del placer. Me tiró sobre la cama dejándome como muerta boca abajo, quedando la mitad de mi cuerpo en la cama y mis piernas fuera de ella con mis rodillas en el piso. Cuando aún tenía mis ojos cerrados, sentí a Camilo cerca de mí y sin aviso de nada clavó su cabeza entre mis piernas y me ofreció un delicioso sexo oral que me hizo temblar. Su lengua se retorció por todos los confines de mi concha enrojecida mientras acariciaba mis muslos y mis nalgas. Luego se paró y en esa posición en cuatro, penetró mi vagina y me dio clavo como si fuera el último día. “Estoy tan excitado” me susurraba… “me tienes a mil, mi amor”. Me levantó y me acostó en la cama y siguió comiéndome elevando mis piernas mientras miraba arrecho su pene entrar y salir. Me dio duro y yo me vine por última vez entre gritos de placer mirando como loca a todos mis machos masturbarse por mí.

“Quiero que me bañen en leche” les dije aunque para ese momento, en realidad, ya no sentía tanta excitación como antes. Estaba muy agotada, pero quería darles ese deleite a ellos.

Me acosté sobre la alfombra y ellos se hicieron alrededor mío. La imagen fue lujuriosamente estimulante. Me encendí en caricias recorriendo con mis manos los senos y mi clítoris observando a ocho hombres de pie, desnudos, erectos, masturbándose para derramar su néctar lechoso sobre mi cuerpo.

La habitación se llenó en una cacofonía de gemidos masculinos y chorros de semen caliente se dejaron caer sobre mi cara, tetas, abdomen y piernas. Alcancé con mis manos algunos falos para escurrirlos y cuando las últimas gotas salieron, mi esposo se acostó a mi lado mirándome con ternura y mientras difuminaba con su mano la leche viscosa sobre mi cuerpo me decía: “Feliz cumpleaños”.

— cata25

9 de marzo de 2012

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cata25

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Soy mujer heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • pipe90-08
    pipe90-08 · 9 de mar de 2012

    me regalas el link del primer relato? gracias.

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