Ella despierta en un nuevo día, con un fondo lluvioso y oscuro para iniciar de nuevo con su rutina laboral, ella recibe el nuevo día exponiendo su cuerpo desnudo frente a la ventana de su sala, sentada en su sofá junto a su gato ambos bebiendo leche tibia, es ese su ritual diario donde goza de la luz de la mañana sobre su cuerpo y como esta acentúa los volúmenes de sus muslos, senos, brazos y torso, era una buena forma de iniciar su día, erotizándose con la caricia de la luz, de la belleza y perfección de sus atributos femeninos.
Deja ella atrás su apartamento en santa Isabel, heredado después del fallecimiento de su madre hace unos años causado por un paro cardiaco fulminante que la sorprendió en su finca de Otanche (Boyacá). Silvia no tenia hermanos ni familia cercana, curiosamente la mitad de su familia había muerto de manera violenta en la década de los 80 producto de la guerra esmeraldifera y la otra mitad había muerto de manera natural pero estas muertes estaban rodeadas de misterio pues los rasgos comunes eran la soledad que los “acompañaba” en ese momento y además de poseer una relativa juventud, como su madre que fallece a los 42 años.
Durante su recorrido hacia su sitio de trabajo no pasa desapercibida para muchos y muchas, despertando en ellos la morbosidad, la lujuria o la curiosidad y en ellas incitaba la envidia, el deseo o la admiración en cierta manera.
Estudio diseño grafico y se desempeñaba como comunicadora visual desde hace tres años en un laboratorio de medicina herbal. Cruzaba algunas palabras con las personas de servicios generales. Estaba sola durante el día, nadie sabía quién era ella a excepción de su nombre y una lista de varios hombres y un par de mujeres que intentaron cortejarla recibiendo un elegante y frio rechazo señalando muy puntualmente algún defecto personal del osado pretendiente, obviamente al ser una mujer que decidió aislarse de las demás personas que lo rodeaban en su trabajo, no tendría por qué saber características personales puntuales de estas personas, al dar estas respuestas a los rechazados los sorprendía y aterraba de manera momentánea con una sensación cortante y fría que recorría sus espaldas al revelárseles estos señalamientos tan íntimos.
Y pude ser rechazado más pero algo ocurrió un viernes. Solo quiero narrar lo que sucedió ese día y mostrar lo que ocurre en mí como una manera de dejar esta historia atrás y estar en paz con el recuerdo de Silvia.
Silvia es de cabello castaño, ojos verdes de expresión rasgada con cristales silvestres de agua de manantial de paredes rocosas tapizadas en musgo y cercada con hojas otoñales. Ases del atardecer contrastado con visos de tonos olivares, ojos evocadores. Pómulos y mejillas tumultuosas, carnosas, no conozco su sabor ni lo sabré pero deben ser frutos del placer. Piel blanca y nacarosa como una concha en la playa.
Ella es otro ejemplo de la tentación hecha carne, no solo es una experiencia carnal; es la transición de los sentidos a través de experiencias evocadoras más profundas, mas intimas, más allá de esta realidad.
Hace dos semanas me había integrado laboralmente a la empresa en donde Silvia trabaja y fue suficiente tiempo como para perder mis habituales estribos que apaciguaban mi sentir en cuestiones afectivas pero era inevitable siendo aun una creatura con instintivo sentir salvaje. Corazón desbocado ahora Silvia te cabalga.
Regresaba de una diligencia personal que me dio tiempo para pensar en ella e intentar entablar una conversación, algo de contacto. No cree muchas expectativas y pensaba en tomar su muy probable respuesta negativa de manera positiva o constructiva (solo trataba de crear una excusa lánguida para asumir el rechazo).
Decidido a entablar el encuentro pase frente al baño de mujeres y vi frente a la puerta de este un zapato negro de tacón con una gran hebilla de color bronce y recordé que es un zapato de Silvia. Ante esta extraña situación recogí el zapato y me dirigí al puesto de trabajo de ella en el cual no se encontraba, recorrí las oficinas buscándola e indagando por su ubicación pero no contemple la posibilidad de que aun se encontrara en el baño (imbécil). Ya frente a la puerta del baño golpee esta en repetidas ocasiones sin obtener respuesta y solo se me ocurrió en ese momento q algo estaría mal, intente abrir la puerta, pero la chapa tenia seguro y la preocupación e impaciencia se apoderaron de mi mente así que tome una tarjeta de mi billetera y forcé la chapa logrando abrirla.
La crueldad de los recuerdos esta en revivir el sentir de esos momentos. Dentro del baño y sin querer entender lo que tenia frente a mí, con un vacio en el pecho, inmovilizado por el terror, incapaz de razonar o por lo menos de reaccionar por efecto del horror. Hoy trato de borrar esa escena de mi mente, lo seguiré intentado pero no puedo desasociar el hecho de que Silvia este muerta.
Frente a mi posición se encontraba su cartera, abierta y totalmente vaciada, con su contenido esparcido por el piso y lo más llamativo del caos de objetos era la cantidad significativa de pequeñas hojas hechas de manera artesanal y estas a su vez manchadas con un líquido negro mezclado con sangre. Seguidamente a este cumulo de hojas se encontraba el cuerpo de Silvia. Tirado de medio lado con su ropa rasgada y de manera particular estaba rasgada específicamente en las partes de flexión del cuerpo, rodillas, codos, caderas; retorcidas por una fuerza externa que estuviese estrujándola como ropa mojada. Vi la piel de sus muñecas, tobillos y cuello con un color morado ennegrecido. Y el remate de esta escena de crueldad era ver sus ojos (los que tanto alababa) desmesuradamente abiertos y estos inyectados por un color negro que daba la sensación de que habían vaciado su interior. Seguidamente de su cabeza se encontraba un muro, el cual lo habían tapizado con estos papeles artesanales los cuales sirvieron para escribir un mensaje con ese líquido aceitoso mesclado con sangre “te condenaste a estar conmigo”.
La recuerdo con nostalgia, con los ojos llenos de llanto, mirando hacia una distancia aleatoria con un nudo pesado, denso y doloroso atravesado en la garganta, buscando una respuesta a través de ese aliento robado con momentos de palabras silenciosas aventándose ellas sin más salida que al vacio de la nostalgia. Ojos poseídos de desesperación y desgracia, manos que por dentro se desmoronan y pierden su fuerza vital. Dios perdóname ¿esto es deseo o ya trascendí a ese camino doloroso del amor? La recuerdo con frustración, desee tenerla, desee conocerla, desee comprenderla. El único deseo que experimento ahora es una forma inconsciente que repite sin sentido Silvia, Silvia, Silvia. Supongo que esto hace parte de los episodios de locura inexorables del sentir humano; autómatas del caos impredecible de la irracionalidad, libre totalmente de formulaciones razonadas para convertirlo en odio u olvido, serian mis opciones lógicas ante este incontrolable sentir llamado Silvia.
Y mi deseo por entenderla se cumple a través de un sueño, luego de asistir a su velorio en donde nos encontrábamos solo 4 personas, su arrendatario, su jefe, el sacerdote y yo. Jamás imagine ver un cuadro tan lastimoso en donde casi todos los asistentes estaban por una moral decorosa más que por un sincero gesto de aprecio y afecto por el anfitrión fallecido. Luego de esa escena amarga me dispuse a dormir de manera inmediata sin mediar comida o una distracción momentánea.
Estaba dentro del baño de la empresa y de manera casi instantánea sabia que la razón de sus visitas a este espacio era por su desmedido apetito por el sexo. Encontrando una nueva forma extraña en donde obtenía placer. Y las palabras aquí no podrían dar un calificativo a este acto por qué tal vez extraño seria una pálida aproximación para describirlo, las palabras ahora sirven como relatoras. Usted denomínelo.
Se aseguraba de encontrase sola en el sitio y que con el tiempo que disponía nadie la molestaría. De su bolso sacaba una pluma, una hoja hecha por ella misma, uno sus componentes era azúcar y también sacaba un recipiente de vidrio pequeño muy elaborado con un liquido aceitoso de color negro, seguidamente ella procedía a desabrocharse su falda, se quitaba sus bragas e introducía sus dedos en su vagina. Luego tomaba la hoja, impregnaba esta con su fluido vaginal y con la pluma escribía un deseo, ahora enrollaba la hoja y le rocía unas cuantas gotas del liquido oscuro y aceitoso, lleva la hoja a sus labios y susurraba algo así como una plegaria a un ser que seguía un dictado de órdenes y el papel enrollado ahora era introducido en su vagina. No tomo mas de un minuto en deshacerse este papel en la calidez de su interior al tiempo ella cerraba sus ojos y se sumergía en una especie de meditación donde se concentraba mas y mas en su deseo erótico, y de manera inexplicable su vagina se dilata como si un falo la penetrara lentamente y este “falo invisible” la dilato de tal manera que uno podría imaginarlo de unas dimensiones mas allá de las humanamente reconocibles y rozaba en el límite de lo “dolorosamente placentero” posible y esto la complacía. Este falo era moldeado según la petición del escrito en azúcar y durante el acto ella decía como debía ser fornicada –acaricia mi cuello, coloca tu torso contra mi espalda, muévete despacio con tu verga, dame con la punta, acaricia mis pezones, chúpalos, lame mi clítoris. Y mientras esto sucedía una fuerza invisible la sostenía en el aire, la colocaba contra pared sosteniéndola de sus piernas, su piel se flexionaba ante unos labios inexistentes, unas manos invisibles, unos músculos ausentes, es como si de alguna manera el aire tuviese razonamiento y implementara una suerte de cuerpo humano para intimar con ella. Sus ordenes no solo se limitaban a los movimiento ni a los actos, también se antojaba de agregar en su banquete mas manos, mas torsos, mas labios, mas penes o adicionar miembros femeninos si lo quería, de manera instantánea se les servía nuevos amantes inexistentes a los cuales podía manipular sus miembros según lo que dictaba su deseo. Tenía todo el poder de construir esos momentos, lograba orgasmos variados, tal vez de todas esas variedades que hemos escuchado, húmedos, auditivos, anales, táctiles, vaginales, pueden añadir los que hayan hecho falta por que probablemente estos faltantes ya los hubiese disfrutado. Lo único que puedo dar testimonio es el placer sin límites que obtenía.
Y para la mala suerte del ser humano todos sus actos deben estar dentro de una balanza, deben estar en equilibrio y el placer no escapa a esta ley de vida y ella no era la única beneficiada en este acto. Estos entes también sentían placer llegando a un clímax al igual que los mortales y para estos últimos el experimentar este clímax es casi morir, eyaculan un frio paralizante, solo producen una sensación atemorizante, no solo es un cambio de temperatura corporal, era sentir como se encogía el alma, era como le quitaban un pedacito de vida. Silvia era invadida por un terror petrificante resumiendo esa sensación con ella tirada en el piso, asfixiada, pálida, con sus ojos fijos en la nada, casi sin vida y con un ser sobre ella que aun no estaba satisfecho y no quería solo saciar su placer también quería poseer la vida de Silvia. De ahí en adelante solo se describe su muerte.
En lo inusual solo se podría clasificar esta actuación, nadie podría entenderlo, ¿con que se podría compararlo?, ¿era adicción?, ¿era locura?, ¿era obsesión?, tal vez alguien pueda dar respuesta a estos sucesos y sus razones, pero me atormenta pensar, ¿valió la pena que ella usara su vida como moneda a cambio de placer, pudiendo ella tener a quien quisiera?. Silvia eres un sentir dentro de mí pero quieres eres tú.








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login EntrarEste es mi primer escrito en este espacio, solo quiero ejercitar mi habito de escritura y espero encontrar buenos críticos que me lancen tomates nutritivos, por favor los que tengan tomates podridos no los lancen por que no tienen nada de jugo y la verdad solo tengo una pretencion meramente literaria, espero no profanar el espacio de poesia erotica, lo coloco en este espacio con la esperanza de encontrar criticas constructivas. Gracias por su comprensión con este primiparo