Si bien es cierto que de inmediato imaginarme dicha situación atizó mi ya alta calentura, no pude evitar el piquete de los celos que me obligó a preguntarle quién era el otro.
-Nadie en especial...............ahhhhhhh......el que sea...........simplemente necesito ser poseída por dos al mismo tiempo..............ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.....
Su orgasmo fue terrible. Yo veía como a pesar de estarse viniendo tan largamente, sus dedos no dejaban de frotar se erecto y enrojecido clítoris. Su respiración era un constante jadeo entrecortado únicamente por verdaderos bramidos de placer, mientras arqueaba sus caderas y sus bellas piernas y pies se tensaban de una manera que parecían iban a romperse en cualquier momento.
Me suplicó la penetrara de inmediato, lo que hice sin ningún tipo de reparo. Ya se imaginarán el estado de erección que tenía.
De una manera desesperada, separó sus bellas piernas, y prácticamente se auto ensartó en la verga que rozaba su humedecida vagina.
Totalmente desquiciada, apretó ambas piernas alrededor de mi cadera, y me obligó a desarrollar un frenético ritmo de embestidas hacia delante y atrás, mientras ella seguía teniendo un orgasmo tras otro.
Entre sus bramidos de hembra recibiendo un placer indescriptible, escuché su voz entrecortada suplicando ser penetrada analmente al mismo tiempo.
Obviamente no pude contenerme más, y tan sólo hice un verdadero esfuerzo para sincronizar mi deslechada a un nuevo orgasmo de ella.
La situación debía trascender más allá de solo su imaginación y se lo hice saber, a lo que ella accedió sin ningún reparo luego de hablarlo largo rato y destapar nuestras cartas.
Convinimos en salir de rumba y buscar algún candidato para la tarea, llegamos a un sitio de moda en la ciudad, donde suponíamos encontraríamos algún prototipo, la noche transcurrió como de costumbre, bailamos hasta el cansancio casi todas las piezas entre roces de la multitud y miradas penetrantes sobre nuestros cuerpos, sobre todo el de ella. Las cosas eran más difíciles de lo que imaginábamos, aunque había varios interesados en el cuerpo de mi mujer ninguno pasaba la frontera de la mirada o un esbozo de sonrisa, así que la madrugada cayó y en la calentura de tener todos esos ojos sobre nosotros susurrándonos al oído escenas hipotéticas, decidimos ir en busca de una habitación de hotel. Cuando llegamos allí mi esposa seguía siendo el objeto de atracción del lugar, desde la recepcionista hasta los acomodadores.
Al llegar a nuestra habitación, mi esposa rápidamente se zafó el estrecho vestido quedando ante mi totalmente desnuda ya que como habíamos convenido, en ese momento no llevaba nada de ropa interior debajo de él.
Verla parada al centro del cuarto, sin nada más que el par de zapatillas, me causó de inmediato un estado tal de excitación, que mi pene de inmediato empezó a luchar por liberarse de la ropa, cosa que tuve que hacer, pues ella, separado ambas piernas, se sentó en la orilla de la cama masturbándose frenéticamente.
Al estar yo también sin ropa, me acerque hacia ella, no sin antes sacar el seguro de la puerta, pues pensaba que quizá podríamos tener a alguien interesado en vernos, quedando mi pene totalmente erecto y engrosado a la altura de su boca, la cual golosamente se abrió para dar entrada al inflamado miembro.
Lo rico de su mamada, sus gemidos y el estado de excitación que me embargaba no me permitió escuchar la puerta de nuestra habitación.
De pronto, sentí a mi lado un bulto. Uno de los empleados que no había podido soportar al escuchar los gemidos y alaridos de mi mujer y había dejado solo de ver para atreverse a participar en el espectáculo y puso su duro y moreno miembro junto al mío.
Los ojos de mi mujer se abrieron denotando verdadera sorpresa. El, rápidamente para evitar cualquier aclaración, perdió su miembro en la boca de mi mujer, la cual mamaba golosamente, sin quitar su mirada de la mía y agarrando mi miembro como tratando de convencerse que por fin tenía dos vergas a su disposición al mismo tiempo.
Al asentir con la cabeza, empezó a alternarse ambas trancas en la boca, mientras reanudó su masturbación con tal intensidad, que alcanzó el orgasmo.
Le retiré la boca de la tranca del chico, y recostándola en la cama, invité a mi compañero a prendernos a los ricos pezones que erguidos, pedían a gritos ser mordidos y succionados.
Abocado en lo nuevo, en la boca y el miembro desconocido que recorrían todo su cuerpo aunque la boca y el miembro conocido que hacían lo propio, también le causaban gran placer.
Totalmente desquiciada, colocó su boca sobre la del desconocido amante, enredando sus lenguas mientras acomodaba cada una de sus bellas piernas a cada lado de la estrecha cadera del invitado, quien ni tardo ni perezoso, colocó el miembro que parecía estallaba en cualquier momento, en la chorreante vagina de mi esposa, clavándola de un solo empujón, que causó en la mujer un placer que no sé como narrarles, su cuerpo lo demostraba.
Apretó las piernas alrededor del cuerpo de su cogedor, clavó las uñas en la ancha espalda, y sin desprender la boca de la de él, se agitó frenéticamente debajo del chico hasta correrse de nuevo. Yo, al quedar únicamente como observador, comprendí que era demasiado tarde para arrepentirme y empecé a masturbarme mientras un placer desconocido por ver a mi esposa siendo cogida y totalmente entregada a otro hombre, me embargaba totalmente.
De pronto, cuando creí que la loca noche acabaría luego de ver a mi mujer venirse varias veces, de pronto, se quitó de encima a aquel tipo que al tiempo que chupaba sus pezones y su cuello, seguía bombeándola sin cansancio, como queriendo disfrutar el manjar que seguramente no volvería a tener.
Mi sorpresa y excitación fue mayúscula, cuando mi mujer tendió sobre la cama al chico, sentándose sobre él, dándole la espalda, guío el miembro batido de jugos femeninos hacia su orificio anal. La enrojecida cabeza se colocó sobre el pequeño esfínter, y suficientemente lubricado por los mismos líquidos de mi esposa, lentamente se fue perdiendo hacia el interior del estrecho conducto.
Ella ponía los ojos en blanco conforme la gruesa tranca fue penetrando, abriendo la boca en un desesperado intento por jalar aire. Les juro que claramente pude observar como el esfínter anal de mi esposa, fue haciéndose cada vez más grande, hasta tener totalmente ensartado el miembro.
El mío no era para menos, y sentía yo a punto de salir disparada la leche como respuesta a mi masturbación, cuando mi mujer abrió los ojos y extendió una mano invitándome a meter mi instrumento en su enrojecida y chorreante vagina.
Me coloqué sobre ellos, quedando mi cadera entre las piernas de ambos, y la penetré salvajemente lo que ocasionó en mi mujer un nuevo orgasmo.
Mientras mi miembro entraba y salía del inflamado canal sexual, podía yo sentir como tocaba a través de mi esposa, el duro miembro que ya entraba y salía también del culo de mi esposa.
Gemidos, chillidos, bramidos y los chasquidos de las vergas al entrar y salir de mi esposa fue todo lo que se oyó en la habitación los minutos siguientes, solo interrumpidos por los sonidos in entendibles, que brotaban de la garganta de ella.
Cuando ya no pudo más, casi sollozando, nos suplicó que acabáramos, cosa que creo ambos estábamos esperando, pues nos chorreamos al mismo tiempo.
Créanme que sentí cuando el fuerte chorro de leche inundó el culo de mi esposa, salpicando mi entrepierna, a la vez que el tiene que haber sentido el chorrear de mi leche, al no quedarse toda en el interior de mi mujer dada la fuerza y la cantidad de brotó de mi pene por la excitación que me embargaba.
En el clímax de la situación descrita, mi esposa en medio de su último y desesperado orgasmo, besó frenéticamente mis labios mientras balbuceaba....Gracias, gracias, mi amor...............te amo mucho.---








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1 comentario
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login EntrarMe encanto tu relato, fue delicioso y muy exitante, me dieron ganas al leerlo.Un besito