Bajo El Agua
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 8 min de lectura calendar_today Junio de 2012

Bajo El Agua

Hacemos todo mal, al revés, sin sentido, sin lógica, con prejuicios estorbosos, nos ponemos nuestras propias zancadillas, esa es la regla. Estoy en una clasede natación, son como 40 mujeres y somos no más de 10 hombres en toda la piscina. Perfecto, no? No! O no para mí. La clase es por la....

buc-falo

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Hacemos todo mal, al revés, sin sentido, sin lógica, con prejuicios estorbosos, nos ponemos nuestras propias zancadillas, esa es la regla.

Estoy en una clasede natación, son como 40 mujeres y somos no más de 10 hombres en toda la piscina. Perfecto, no? No! O no para mí. La clase es por la mañana, eso quiere decir que solo pueden ir desocupados como yo o jubilados. Y hay muchos jubilados. De estas 40 mujeres, la mayoría no tienen menos de 60 años. Son felices, el tiempo les quitó las prevenciones de la vergüenza y salen de las duchas a la piscina con lo que tienen, su cuerpos derretidos a fuerza de años, con marcas en la piel, abdómenes hinchados y todo arrugado. Me caen bien, no le ponen pereque a nada, son inmunes, son madres, abuelas, conocen lo esencial de la vida. Luego hay un grupo reducido de felices coincidencias. De esas 40 mujeres, las que no son jubiladas son jóvenes, no son muchas, y hay que tener suerte para que los instructores al evaluar su nivel las pongan en el carril de uno. Y ellas son la razón, la regla maldita de porque digo que todo lo hacemos al revés, mal.

La vergüenza no parece tener sentido, es estúpida, actúa sin pensar, casi deja de ser vergüenza para convertirse en otra cosa, en un juego, en vanidad. La vergüenza debería aparecer para ocultar algo… vergonzoso. Las que se cubren cuando entran a la piscina no son las señoras derretidas, no, ellas son felices, tiene confianza en sí mismas. Las que se cubren son las otras, las jóvenes, ella, la vecina de carril que llega “ensotanada” con su toalla que lanza al último minuto antes de saltar a la piscina. Y ella es la regla. Las demás son iguales, jóvenes, bellas, “ocultadoras”. Ocultando, pero qué? Cuando se acaba la clase hay que hacer fila para salir de la piscina por las escaleras. Yo espero al final. Sale ella, la vecina del carril, el tamal en la toalla, a ver que oculta pues. Se sostiene de las barandas y de un empujón saca su cuerpo chorreante de agua con cloro. Tiene unas nalgas magnificas! sus piernas son largas, blancas, lisas, bellas. No me juzguen. No quiero ser visto como el pervertido de la piscina, y el asunto de esto no es que las mujeres bonitas muestren más, sino el porque una mujer siente pena de mostrar su cuerpo cuando es joven y bello, y no cuando ya está gastado y descuidado. Quizás es por eso mismo, como la lucha de Teresa en el libro de Kudera. Guardián de sus encantos, su individualidad. No, no creo que sea eso. Creo que tiene que ver más con la misma razón por la que cuando uno es joven le pone tantos peros al sexo, justo cuando los cuerpos son más bellos y las mentes son más sugestionables. Pero esa es la regla, la regla de las chicas jóvenes de la piscina, y el relato a continuación, es de la excepción a esa regla.

Al lado de mi carril este mes llegaron dos chicas nuevas, jóvenes, una bonita, la otra no, envueltas en su toga de toallas. Bueno, pinta bien el mes. A mi carril llegaron 6 señoras, viejas, dos tipos, y en el calentamiento del primer día entraron una chica con su madre. Ella, la chica, seria, sin hablar con los demás, muy buena recibiendo las instrucciones y muy joven, 18 años quizás. Nadaba más rápido que su madre pero siempre la esperaba al acabar una piscina. La chica obediente y la madre orgullosa y protectora. Era muy seria, eso me gustaba, iba a lo que iba. Las chicas del carril de al lado gritaban, muy bulliciosas, se notaba que querían atención, y bueno, yo seguía viendo mucho a la bonita de las dos.Pasaron dos clases, y ella, la de mi carril, seguía sin hablar con nadie, aprendía rápido. Hacer burbujas es un ejercicio para recobrar el aliento después de acabar un ejercicio, después de nadar una piscina. Consiste en sumergirse en el sitio y soltar la respiración por la nariz. El grupo es bastante descoordinadoy cada quien lo hace a su tiempo. Ella, la hija, que se llama Laura, lo hacía mirando al horizonte, la mirada perdida, concentrada en sus burbujas. Yo, lo hago mirando a Laura, me causa gracia su concentración, y cuando ella no está bajo el agua al mismo tiempo que yo, miro su cuerpo, es lindo, es bajita y un poco grande, no es gorda pero tiene senos grandes, cadera ancha, y una cara muy bonita, de chica seria.

Un día vi que ella estaba sincronizándose mucho conmigo en esas sumergidas, y pasó algo extraño, algo que no pasa en los días normales, ni en las clases de natación. Laura me miró bajo el agua y entre sus burbujas me sonrió. Laura sonríe, ahora lo se.Salimos del agua y Laura ya no sonríe, la mirada perdida en su horizonte y seria. Entramos al agua (los otros también lo hacen pero salen del agua cuando nosotros entramos) y ella, su burbujas, sumergida junto al cuerpo de su madre, me sonríe otra vez. Parece que juega, juega conmigo, juega con su madre, juega esa mañana de viernes. Laura, esa laura de la piscina, con L de Loca, con L de Lola, de Lolita, de niña juguetona,secretamente irreverente, provocativa bajo el agua, una seductora fantasma que no deja pruebas de la existencia de ese lado que ahora me desconcertaba. Siguió ese juego ese día. La siguiente clase nadó muy bien, como siempre. –Burbujas- dice el instructor. Todos a destiempo, menos ella y yo. Ahora yo me sincronizaba, ella me tenía. Ahora era yo el que buscaba sumergirse al mismo tiempo que ella. Me sonreía, solo sonreía bajo el agua, divina. Me sacó la lengua. Yo no sabía que estaba pasando, ni en esa piscina, ni en ese día, ni en la cabeza de Laura con L de Loca con L de Lola.

Ese día fue un poco más pesado el entrenamiento. Los jóvenes sacábamos una distancia considerablemente larga de las señoras. Son 100 metros de ida. Tocaba ida y vuelta. Llegó a duras penas la madre a los primeros 100 metros.Luego llegó Laura, luego yo. Yo era el último porque siempre me gusta ir de último, sin presión de nadie que venga detrás. Laura me miró, hizo burbujas, sonrió de nuevo. La madre hizo burbujas cuando sacamos la cabeza del agua. Luego sincronicé. Salió la cabeza de la madre, yo me sumergí previendo que Laura haría lo mismo y nos miraríamos bajo el agua y ella me sonreiría o me sacaría la lengua. Pero no. Ella no se sumergió. Siguió de pie y yo bajo el agua vi su cuerpo, liso, bello, junto al de su madre. Salí y nos miramos. Ella inexpresiva como siempre fuera del agua, yo un poco perdido. Su madre, recuperando su alientomirando al techo. Lo intento nuevamente, me sumerjo, ella no lo hace. Su cuerpo, liso, distorsionado por el agua, y sus manos sobre su vientre. Salgo, sigue seria, su madre con la vista al techo respirando con esfuerzo. Me sumerjo, otro intento, ya un poco más confundido, asustado de que se haya aburrido. Ella no lo hace. Sigue de pie. Su mano derecha está un poco más abajo, sigo sumergiéndome, bajando.Ella se toma el vestido de baño rápido y con un movimiento descubre su vagina bajo el agua. Por unos segundos, los segundo que yo estoy sumergido. Delicada, con solo una línea delgada de vello púbico sobre esta, una depilación esmerada, provocativamente esmerada, el tiempo que le habrá llevado, con que cabeza entró al baño a decorarse así? Yo salí con otra cara, pero su madre estaba al lado, ella contenía una sonrisa muy bien y yo… yo no sabía que pasaba. Qué pasa Laura?

La madre sale a terminar los 100 metros que le faltan y no se si tengo que hablar con Laura. Preguntarle. Me sumerjo, de nuevo. No me muestra su vagina pero se acaricia los pechos bruscamente, esos pechos grandes, blancos, con piel de gallina por el frío, reales, contenidos con esfuerzo por el traje de baño negro enterizo.Salgo y la miro, me le acerco. Ella me mira, mira al agua y sonríe de nuevo. Está sonriendo por primera vez fuera del agua! Me doy cuenta del juego, soy el perdedor. Miro porque ella sonríe. Miro abajo y veo mi pantaloneta extendida por mi verga. Si mi verga, con V de vagina, de su vagina que es la responsable de poner mi verga así, con V de vulgar, como es de vulgar tener semejante erección en una clase de natación en una piscina familiar. Ella se sumerge, lentamente, mirándome la cara de asustado. Yo me quedo de pie, no se que hacer. Ella está bajo el agua, ya lleva algunos segundos. No pienso, no se puede pensar después de eso fácilmente. Solo me tomo el pene y lo forro con la tela de la pantaloneta para que ella lo vea mejor. Sale, sigue sonriendo. Y una mirada… Veo y su madre sigue nadando el largo tramo con esfuerzo. Somos los único de ese lado de la piscina. Es seguro. Voy a besarla. Ella se mueve, me sonríe una vez más y empieza a nadar, se aleja de mi, solo me quedo con su sonrisa marciana. Se acaba la clase, ella se va hablando con su madre como siempre lo hace. No me dice chao, nunca se ha despedido de nadie. Se va a las duchas, yo salgo de la piscina con la erección escondida.

Tomo la toalla y llego a la ducha. No se si masturbarme ahí. No lo hago, es mejor no hacerlo. Pero la erección sigue, Laura en mi cabeza también. Me visto. Me voy. Yo también sonrío. Hoy hubo algo diferente, una chica diferente, una decisión diferente, la excepción a la regla. Además, mañana hay clase.

— buc-falo

14 de junio de 2012

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buc-falo

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • nosgustanlostri
    nosgustanlostri · 14 de jun de 2012

    uy esperamos la clase de mañana ... la continuacion , buen relato ! ... 

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