Lo Mejor De Las Promesas Es Romperlas…
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 11 min de lectura calendar_today Septiembre de 2012

Lo Mejor De Las Promesas Es Romperlas…

Había tenido un romance extraño y digamos que turbulento con una chica muy joven hace tiempo. Yo tenía 20 años más que ella en ese momento y esa diferencia se notaba. Por ejemplo, ella era muy tranquila para llegar tarde y tomarse todo muy a la ligera y en cambio yo me sentía a la vez en el....

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Había tenido un romance extraño y digamos que turbulento con una chica muy joven hace tiempo. Yo tenía 20 años más que ella en ese momento y esa diferencia se notaba. Por ejemplo, ella era muy tranquila para llegar tarde y tomarse todo muy a la ligera y en cambio yo me sentía a la vez en el cielo de tener al lado una mujer tan joven y hermosa y en el infierno de que pareciera importarle todo tan poco… son las simples diferencias del punto de la vida donde cada uno está. Eso terminó mal.

Como resultado casi inmediato me prometí no volver a tener nunca nada con una mujer tan joven y contentarme con mirarlas de lejos, desearlas en secreto o quizá no tan en secreto porque la mirada debe ser obvia. Sin embargo, mi promesa es no mover un dedo para acerarme a ninguna ni intentar nada con ninguna. Una medida de auto-protección porque lo contrario era acceder al caos. Me fijé entonces en mujeres un poco mayores y he sido fiel a esa idea.

Debí decir al principio que soy profesor universitario, aunque también hago otros trabajos, así que me paso la mayor parte del día entre mujeres de menos de 23 años y yo en una edad en la que con frecuencia confundo la belleza con la sola juventud, la más de las veces para mí son la misma cosa. Pero bueno, el semestre pasado tenía que pasar.

Una cara casi angelical, de niña consentida y un cuerpo delgado pero curvilíneo, piel de porcelana y una boca que podría ser parte de cualquier cartel de película de Almodóvar. Sus labios a la vez sensuales pero con un gesto inocente, llenos de vida y sexualidad no reconocida. Creo que ella, digamos que se llamaba Catalina para efectos de este cuento, no sabía lo hermosa y deseable que era o lo sabía pero prefería ignorarlo porque probablemente no sabía qué hacer con tanta mirada encima. O de pronto nada de lo anterior y el único que la mira así en el planeta era yo.

Como fuera, desde las primeras clases mi poderosa decisión me impedía pasar de lo más elemental, un saludo, un chiste regular aquí y allá y tratar de capturar su imaginación mientras escribía cosas en el tablero que ella miraba como si comprendiera. Todo con resultados pobres para mí o al menos poco notables. Digamos que no tenía futuro y me eché al dolor de siempre de ver esta mujer de lejos y desearla en la distancia.

Perdió el primer parcial con honores. Hizo todo mal y apareció un día a revisar como si no supiera porqué no había sacado la nota máxima. Como es obvio, dos chistes flojos más adelante, el pedagogo escondido que llevo adentro le empezó a dar dos o tres ideas para que mejorara. Ninguna involucraba el sexo conmigo, aunque francamente era lo único que podía pensar en ese momento. Solo le hablé las cosas usuales de la concentración y demás. Mi único lance fue decirle que tenía que preguntar durante el semestre… que no dejara las dudas sin resolver. Ese fue el momento en que mi resolución se empezó a ir al carajo.

Pasan los días, llega otro examen, ella aparece en la oficina. Preguntas van y en una de esas me paro al tablero que tengo a mi lado para escribir algo que ella vea. Estoy en esas y ella se aproxima para señalarme algo que he escrito y no entiende… y al estirar su brazo colocándose casi detrás mio uno de sus senos roza mi espalda. Ella lo hace como jugando y yo lo recibo como un mensaje del cielo.

A partir de ahí, de algún lugar me sale la inspiración para decirle dos chistes ya no tan malos y dejarle un par de preguntas pendientes. Unos días más y aparece a ver si sus respuestas están bien y esta vez la escena se repite casi idéntica solo que no una sino dos veces… digo, estoy seguro que ella no se da cuenta pero para mí cada roce de esas teticas celestiales es como elixir derramado sobre mi sexo (y mi ego). Cada vez es una ida a casa a pensar en ella, romper el record mundial de onanismo.

En fin, llegó otro examen de los mismos de siempre y ella empieza a venir a preguntar un poco más y yo por supuesto a buscar alternativas para explicar todo en el tablero a ver qué pasa. Usa unos jeans apretados que me muestran unas nalgas deliciosas que adivino firmes y suaves, blancas y aterciopeladas con una curva de esas que solo se puede tener a los 19 años. Su blusa es a veces un poco más corta y deja ver un vientre que arma dentro de mí las ganas casi irresistibles de pasar la yema de los dedos por toda esa piel con lentitud, sentir su calor y ver el efecto que produciría esa caricia. Dibujar la forma de esos pliegues y seguir las esas formas onduladas con los labios…

El hecho es que perdió el curso y yo pasé a dictar cualquier otra cosa. Cualquier día ya un par de meses después se aparece a preguntarme una vez más… al nuevo profesor le entiende menos, dice ella. Esta vez la veo todavía mejor, más llena de vida o ¿seré yo el que está más lleno de ganas? Lo que sucede es que le explico cualquier cosa y luego nos paramos frente al estante de mis libros para yo sacar uno que le voy a prestar… ahí siento uno de esos senos gloriosos encajado perfectamente entre mi brazo y mi espalda. Creo que dejé de respirar como tres minutos y no sabía como moverme. ¿Cómo bajar un libro sin mover los brazos? No quería perder ese contacto suave, firme, perfectamente cóncavo y perfecto. Ese calor que podía sentir a través de mi camisa, su blusa, su bra… sin embargo, en algún momento me moví pese a mi mismo. Pensé, “no hay mas remedio” y maldije internamente.

Creo que ese día creo por primera vez ella ya no llevaba solo la agenda de preguntar algo de un examen. Quería hablar y luego de la escena del libro nos sentamos, ya no uno a cada lado del escritorio sino uno al lado del otro. Del libro pasé a contarle alguna historia, darle mi punto de vista sobre alguna cosa, explicarle el origen del pensamiento o el universo, solo dios sabe de qué puede uno hablar sin darse mucha cuenta y llevado solo por las ganas de no dejarla ir, de tenerla allí al frente el mayor tiempo posible… adivinar sus pechos, calcular la curva de sus trasero y su cintura, ver de reojo la piel de la cintura antes de perderse en un jean que quisiera arrancar de su posición.

Ese día recuerdo su mirada brillante y atenta a la carreta que le estaba echando… y los pequeños roces. Así que ya un rato después me hizo algún comentario sobre la vida y aproveché para saber más de ella y acercarme más y, ante uno de esos momentos en que te cuentan algo medianamente triste, rozar su mano para decirle que eso lo vivimos todos. Y luego dejar la mano un poco más y pasarla suavemente por sus dedos, ella prestando su brazo para ser acariciado y de ahí un poco más. Al final, tiene que partir pero volverá.

Y vuelve. Esta vez todo lo anterior solo que más cómodo y yo más entregado a mis instintos. Esta vez en una de tantas le paso la mano rozando sus muslos por encima de su jean y ella sale como despavorida unos minutos después. La embarré, fui muy rápido, etc. etc., viejos reproches. Pero si de algo sirve de la edad es para decir “de malas”.

Pero no, ella ya se asustó pero no como para no volver. La siguiente vez viene por primera vez con una falda. Es una falda corta y más bien amplia, un vestido de verano fresco, claro y suelto. Hacemos la ronda de preguntas pero esta vez se me aproxima más y me pone sus senos debajo de mi brazo casi desde que nos aproximamos al tablero. Hay que estar muy cerca para eso, pienso en los dos únicos segundos de lucidez que me quedan. Volteo y encuentro sus labios casi en frente mio y me quedo mirándola, no a sus ojos sino a sus labios y luego sus senos y luego de nuevo sus labios que dicen algo que la verdad no sé qué es. Eso puede durar unos segundos pero parece mucho más. Le pongo la mano con cierta firmeza en su cintura y le contesto lo que se me viene a la mente… ya no se puede más y la beso. Siento como tensa y luego relaja sus músculos, siento como su boca primero se contrae y luego captura mis labios en los suyos.

Mis dos manos ahora en su cintura la atraen y le dejo sentir mi erección contra su vientre. No hay forma de disimular es. Ella se mueve contra mi con cierta levedad que me hace excitar todavía más. En una pausa le beso su cuello y la siento asesar y respirar profundo, casi gemir. Ya no hay más remedio, la atraigo contra mi sexo con toda la fuerza de una sola mano mientras la otra la he puesto más suavemente en su cuello para no perder el contacto de esos labios que ahora están rojos y voluptuosos ofreciéndome su sabor a algún de alguna fruta sin identificar. Por fin siento su lengua que se aventura a acariciar la mía y tengo que hacer uso de todo mi autocontrol para no arruinar todo prematuramente.

Mi mano en sus caderas por fin empieza a acariciar esa zona donde las nalgas pasan a ser sus muslos. Siento una mujer completa contra mí, ya la edad importa muy poquito, ya las resoluciones del pasado se han ido a temperar a lo profundo de mi cerebro, descartadas. Dios! ese placer de pasar los dedos por sus caderas y sentir sus muslos solo es superado por la excitación profunda de levantar su falta y tocar su piel por primera vez… ella casi brinca contra mi, su jadeo se vuelve más profundo. No encuentro panty alguno y en mi imaginación la idea de que no tiene nada puesto me hace reventar mi última prevención.

Con mi mano que ha pasado de su cara a sus pechos por fin puedo sentir la gloria de esos dos perfectos senos, su tamaño de mango de azúcar y su dureza apenas consistente con la suavidad de esa piel. Dos botones rápidamente se abren y mi mano sube las copas de sus bra y siento al fin esos pezones entre mis dedos que debo combinar con la sensación de un beso que aun no para. Los siento endurecerse entre mis manos, los beso de pasada sintiéndolos con toda la voluptuosidad que solo puede dar la edad temprana. Finalmente mi mano ha llegado tan arriba dentro de su falta que me doy cuenta que sé lleva panty, solo una tanguita reducida a un tira diminuta que puedo hacer a un lado…

Eso le da pie a mis manos que se desplazan por entre sus nalgas ya sin obstáculos y separan sus muslos suavemente, mientras ella ya respira como solo puede hacerlo una mujer que sabe que el control va por cuenta de su sexo y no su cerebro… lo que es sentir su sexo con mis manos, ya húmedo y perfectamente lubricado, recorrer sus bordes para encontrar el borde que ella pega cada vez más a mi buscando que lo acaricien. Mi otra mano por fin suelta uno de sus pechos y le toma la mano y la lleva a mi propio sexo; creo que el susto es de otro tipo, quizá se da cuenta que de ahí no va a salir solo acariciada sino que esto tendrá otro desenlace. Casi no lo toma pero en pocos segundos me desabrocha el cinturón y baja la cremallera. Toma mi miembro con su mano y por segunda vez casi termino todo antes de tiempo, la suavidad de esos dedos contra los pliegues de mi pene duro, caliente y rebosante, húmedo y brillante ¡pocas cosas se comparan!

Aquí la parte complicada, subirla con delicadeza sobre el borde del escritorio sin que suelte mi miembro y luego extender la mano para alcanzar mi maleta y sin perder concentración encontrar el condón de emergencia… al final lo logro con la ventaja de que ahora mi mano está completamente sobre su sexo que está más cálido que nunca, más mojado y listo.

No puedo sino decir que estar dentro de esta hembra fue la mejor experiencia de la vida, su sexo abrazaba el mio, sentir deslizar mi pene dentro suyo en cada empuje era como llegar al fondo de las preguntas que venía a hacer cada semana. La sentía jadeando debajo, gimiendo con cada embate de mi propio sexo dentro del suyo. Cuando llegaba al fondo ambos perdíamos un poquito más el control. En la incomodidad de esta oficina decidí que esto tenía que ser el polvo de mi vida. Le hice con más vigor, mis manos tomando sus nalgas para hacerlas pegar a mi y llegar a lo profundo de su ser, sus manos alrededor de mi cuello… nos quedamos mirando mientras seguíamos ese ritmo. En algún instante ya no podía sostener más mis ganas de terminar y tuve la suerte de que ella también… bueno seguro alguno de los dos se vino primero pero la sincronización era lo de menos. Esta vez quedé como si me hubieran levantado en alas. Me sentía completamente exhausto y completamente liviano, solo sentía flotar el espacio y gravitar las cosas. No sé cuando nos soltamos y arreglamos un poco. La volví a besar, tenía la sensación de que sería la última vez…

— goldenmen

17 de septiembre de 2012

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