Esta es la continuación de mi primer relato...
Luego de ese primer encuentro las llamadas fueron más continuas, nuestros temas variaban de acuerdo al estado de ánimo de cada uno, pusimos reglas a nuestro "juego" pero yo sabía que tarde o temprano esas reglas se quebrantarían, porque la intensidad de lo que sentíamos a ese punto era mayor que cualquier cosa.
Yo había terminado una relación de muchos años donde el desamor predominaba y al ver este personaje: Carlos, con sus detalles, sus preocupaciones y su ternura hicieron que en mí comenzara a nacer un sentimiento que a ese momento no tenía bien definido.
La segunda vez que nos vimos, yo quería que fuera diferente, quería que no fuera sólo sexo, había deseado estar con él como pareja, como alguien con quien compartir más que mi sexo.
Nuestros cuerpos estaban juntos en su cama, desnudos y arrunchados. Era un domingo de esos que no provocan salir sino quedarse en la casa todo el día.
Nuestros besos fueron y vinieron, las caricias no se hacían esperar, mi humedad me delataba, su virilidad lo delataba, estábamos ardiendo en deseo, estábamos en un ambiente de pasión que no nos hacía esperar... se montó encima, pero esta vez fui yo quien tomó las riendas y cambiamos de posición... yo encima, cabalgándolo y mirando sus gestos, su placer... sabía que no había experimentado nunca que una mujer llevara el control y eso era para él un descontrol, pero a la vez era excitante.
Encima de él la penetración era total, podía sentir como su pene erecto se llenaba de mis jugos interiores y como él lo disfrutaba, de solo verlo excitado me excitaba más y hacía que mi cuerpo se estremeciera... él acariciaba todo mi cuerpo, mis senos, mis nalgas, yo lo bese y él me respondió con un beso delicioso, suave y delicado, luego me agarro la cabeza y sus besos fueron más apasionados, mas bruscos, podía entender que su deseo estaba desbordado.
Dejé de cabalgarlo y ahora fue él quien me montó, en cuatro como más me gusta y como mejor me hace sentir... sabía que tenía un deseo morboso de sentir mi llegada, de sentir como mi cuerpo se estremecía al tener mi orgasmo y en esa posición para él fue mas fácil acariciar mi clítoris (de solo recordarlo me exito) la sensación era estupenda, sus dedos, sus manos grandes en mi vagina, masajeando suavemente mi clítoris, él penetrándome con una fuerza atroz, no pude aguantar, mi cuerpo se contrajo, las pulsaciones de mi corazón eran fuertes hasta que exploté, mi liquido salió como un chorro feroz, él con su mano la sintió, se excitó y quería venirse, no aguantó y también explotó... nuestros cuerpos cayeron inmersos en un delirio de placer y de cansancio que no cambiaría por nada...
El amor comenzó a flotar, en nuestras miradas, en nuestras caricias, pero aún ninguno se atrevía a decirlo, era prematuro y no queríamos dañar todo lo que estabamos viviendo hasta ese momento.








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