Visa Para Un Sueño (Primera Parte)
Relato de comunidad Fantasíasschedule 14 min de lectura calendar_today Octubre de 2012

Visa Para Un Sueño (Primera Parte)

-“Te amo bebe… sabes que lo hago solo por darte gusto a ti mi vida”, me dijo Paola dándome un corto pero intenso beso en mis veteranos labios.-“Lo se corazon…y quiero que disfrutes al maximo cada minuto de esta noche”, le respondi.Nos abrazamos con fuerza, así como lo habíamos hecho....

julio08

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-“Te amo bebe… sabes que lo hago solo por darte gusto a ti mi vida”, me dijo Paola dándome un corto pero intenso beso en mis veteranos labios.

-“Lo se corazon…y quiero que disfrutes al maximo cada minuto de esta noche”, le respondi.

Nos abrazamos con fuerza, así como lo habíamos hecho cuando decidimos salir de Colombia a buscar nuevos horizontes hacia un poco más de 1 año. Sentí su fuerte olor a cerveza, mezclado con su delicado perfume de rosas. Baje mi vista sutilmente y admire de nuevo esos voluptuosos senos de mujer caleña que gloriosos se mostraban bajo el bien escotado vestido negro. Sus deliciosas tetas saltaban a la vista y parecían estar listas para la faena. Ese delicado brasier negro de media copa parecía ceder a la presión de esos melones de diosa que cualquier hombre desearía tener para su lengua y su verga esa noche.

Sabiendo que mi tiempo se había agotado y ese momento que yo siempre había soñado estaba a punto de llegar, baje mis brazos delicadamente y llevado un poco por celos tardíos y el natural nerviosismo empeze a acariciarle por ultima vez esa noche el culo a Paola. Sus bien paradas nalgas estaban listas y ese sensacional trasero valluno parecía mas tierno que nunca. La toque sin escrúpulos y deje que mis jubilosas manos pasaran una y otra vez por ese erotico monumento a las ardientes pasiones masculinas.

Que arrechera la mia saber que el culazo y las exuberantes tetas de Paola tenian otro dueño esa noche.

-“Tengo todo listo Paolita… te espero…y cuando quiera Luchito se nos une”, comento el desde la puerta de su habitación, con un poco de pena por la escena que mi esposa y yo viviamos en la sala de su apartamento, rompiendo el silencio complice de nuestra despedida.

-“Chao corazon”, dijo Paola acabando con ese tierno abrazo, volteandose y caminando agraciada por la amplia sala hacia donde al final, su afortunado invitado, ansioso y con naturales nervios, la esperaba.

El cadencioso y ritmico sonido de sus tacones golpeando firmes el brillante piso del pequeño apartamento la hacian mas sexy y atractiva que nunca. Su bien ajustado y elegante vestido negro destacaba aun mas su voluptuoso y femenino cuerpo. Paola, con su cadencioso, agraciado y femenino movimiento al caminar, le hacia explicito a su amante esa noche, que era un afortunado por estar a escasos minutos de poner las manos sobre ella, y al despojarla de su apretado y sexy vestido, descubrir esos tesoros ocultos de su cuerpo.

Durante ese paseo triunfal por la sala, mientras ella caminaba hacia la entrada de la habitación mis ojos no se despejaron ni un segundo del sensual movimiento de sus paradas y sensacionales nalgas. Sus redondos gluteos se lucian majestuosos y esa rayita en medio de sus nalgas era mas visible que nunca. El ajustado vestido negro destacaba un firme trasero y era ligeramente perceptible como en medio de ese rico culo una fina tanga cubria sus tesoros. Las dos tiernas caras de sus nalgas lucian grandiosas, coquetas y como un apetitoso durazno, la rayita del culo era ligeramente perceptible. Su vestido terminaba bien arriba de la rodilla, dejando lucir sus bien formadas, gruesas y elegantes piernas, complementando con armonia un femenino cuerpo de hembrota caleña. Me parecía increible que hacia escasos 3 segundos mis manos recorrian sin pena ni gloria ese culazo de Paola, mi esposa. Me parecía increible que después de 11 años de matrimonio, y una hija de 10 años, esas tetas y ese culo de diosa se mantenian intactos y bien atractivos. Me sentia del putas en la sala de ese apartamento saber que era mi verga la unica que se devoraba esa oculta, estrecha y salvaje vagina y alli reventaba una o dos veces por semana. Me sentia del putas saber que una o dos veces al mes era solo mi verga, la exclusiva invitada que se enterraba en medio de esas paradas nalgas de reina y disfrutaba a grito pelado de un intenso momento de sexo anal con ella.

Paola se detuvo antes de entrar a la alcoba y volteandose hacia mi me mando un beso al aire, el cual correspondi. El, por su parte, seguia en la puerta con su cabeza baja mirandole el culo a Paola, como sin creer aun que su verga estaba a solo minutos de hundirse dentro de esa belleza.

Me parecía arrecho saber que una nueva verga estaba a punto de ocultarse en medio de ese par de hermosuras y de explotar enterrada en la profundidad de esos dos estrechos tesoros. Me parecía increíble que Paola, al entrar en esa habitación, daba el primer paso para que ambos empezáramos a disfrutar de nuevas experiencias como pareja.

Durante los siguientes 15 minutos, mientras yo permanecía sentado ahí en ese cómodo sillón de la sala, escuchaba como a travez de la puerta entreabierta de la alcoba solo se oían risas, palabras ininteligibles y una conversación rota por cómplices sonidos de mutuo placer.

Creo que lo mas difícil para mi era enfrentarme a ver como el la besaba y la desnudaba. Pero claro, así no me gustara, tenia que aceptarlo, ya que era parte de ese sueño personal no realizado ver como a mi atractiva y juvenil esposa, un hombre la manoseaba y la despojaba en su totalidad de ese ajustadísimo vestido negro.

Finalmente me arme de valor y me pare del sillón para ir también a disfrutar a mi manera de ese morboso espectáculo. Y vaya que valió la pena esperar tanto tiempo por ello.

Justo cuando me acercaba en silencio a la alcoba, un grueso, intenso y masculino gemido se dejo escuchar:

-“Ayyyy Diooossssssitoooooooo…..”.

Allí, completamente desnuda, sentada al borde de la amplia cama, Paola se veía hermosa y mas sexy que nunca. De pie, justo en frente de ella y también desnudo, moviendo su cabeza de arriba a abajo, turnando sus ojos hacia el techo de la habitación y luego hacia el escultural cuerpo de mi esposa, el parecía tocar el cielo.

Con su verga atrapada en medio de las voluptuosas tetas de mi esposa, el hacia también su sueño realidad y con ese gemido así, sin escrúpulos, lo expresaba. Paola, por su parte, con sus manos puestas sobre sus voluptuosos senos, magistralmente masajeaba con ellos la verga de su afortunado invitado. Haciendo lo que el siempre quiso hacer con las tetas de Paola, su verga atrapada en medio de esos redondos y exquisitos melones exploto sin compasión al mismo tiempo que ella le hacia una formidable paja rusa.

Justo en medio de su grito desaforado vi como su verga oculta y ahogada en medio de los exquisitos senos de mi esposa, empezo a vomitar cadenciosamente uno…, dos…, tres…, cuatro… y cinco voluminosos chorros de blancuzco semen que como volcan en erupcion revento oculto, en medio de los bien generosos pechos de Paola.

Que delicia de escena, que fantasia ver como esas tetas de ensueño quedaban cubiertas generosamente de su espesa, viscoza y caliente leche. Que delicia y que satisfacción sexual la mia observar la cara de plenitud a ese hombre al ver como su erecto miembro atrapado por las exhuberantes y ricas tetas de Paola reventaba en cinco chorros de fresco y calido esperma.

Para un hombre cualquiera, empezar una noche de sexo asi, con una hembra valluna como Paola, haciendose una paja rusa con sus encantadores pechos, y ese parado culo y esa estrecha vagina esperandolo, era una noche de fantasia.

Para mi era el principio de un sueno que empezaba a ser realidad después de tanto tiempo deseandolo …

------------------

Diez meses atrás…

-----------------

-“Liliana, apurate que llego Mario y vamos tarde...”, dijo Paola, mi esposa.

-“Si, mami”, respondio mi hija con un grito desde su alcoba.

En una calurosa tarde de Julio, nos aprestabamos a salir a un asado donde una de las amigas de trabajo del restaurante donde Paola trabajaba como mesera desde finales de Mayo.

Hacia 5 meses estabamos alli en suelo gringo viviendo el mal llamado ‘sueño americano’. Habiamos dejado en nuestra amada Colombia a nuestros amigos, nuestras familias, nuestras carreras profesionales, nuestro exitoso y bien elaborado pasado, y ahora nos enfrentabamos a un futuro incierto en el que cada dia que pasaba se convertia en una pequeña batalla de superviviencia y aguante. En un pais extraño, ajeno a nuestra rica cultura colombiana y en un ya enrarecido ambiente de rechazo a los inmigrantes ilegales, Paola y yo tratabamos de salir adelante.

Mario, el caleño amigo de Paola, ese agradable y agraciado moreno, tipico exponente de nuestra pujante raza negra, expolicia y ahora administrador del restaurante de comida mejicana, se ofrecio incondicionalmente a recogernos en su carro, aunque realmente en su amable gesto, yo veia sus verdaderas intenciones.

Mi esposa Paola es caleña, 1.68 m de altura, buena contextura, piel trigueña y cabello crespo. Su encantadora sonrisa no desentonaba con la pronunciada cicatriz de su mejilla derecha, producto de una caida en su moto en Cali hacia 7 años. Sus senos, hermosos, sexys, voluptuosos y 100% naturales, sobresalian de su menudo cuerpo como dos exquisitos melones, dignos para la exclusiva y sedienta boca de su esposo. Sus gruesas y femeninas piernas, y ese encantador trasero de mujer caleña complementaban un bien armonioso conjunto. Juzgando su cuerpo, era dificil creer que ella a sus 32 años, era la orgullosa madre de una nena de 10 años, producto de una escapada de fin de semana en un motel de Yumbo por alla en el año 2000, cuando su juventud, su modo de caminar y la forma como movia sus caderas al bailar en nuestro Cali pachanguero, me conquistaron. En ese momento, mis radiantes 34 años no eran obstaculo para la conquista ni mucho menos para aguantar toda un noche en la cama encima de ella disfrutando de sus lujuriosos tesoros. Esa noche, sin condon ni proteccion alguna, deje que mi verga reventara varias veces enterrada en lo profundo de su juvenil y sediento sexo. Hoy, 11 años después de esa salidita, a mis 45, mi veterania empezaba a cobrar factura y esos 13 años de diferencia en nuestras edades, un motivo mas para pensar que Paola necesitaba mas de mi en la cama y fuera de ella.

Entrando al carro, Mario invito a Paola a sentarse en la silla de adelante. El no era un bobo tampoco y sus intenciones con mi esposa, en solo 4 meses de amistad en suelo gringo, empezaban a ser muy claras. Paola lucia esa tarde una delicada, sexy, vaporosa y corta falda azul que destacaba sus bien formadas piernas. Al ella sentarse, las piernas de mi esposa quedaban fascinantes, visibles y coquetas. Arriba, una bien atrevida y escotada blusa, mostraba claramente el porque ella lucia con femenino orgullo esos exhuberantes senos sin cirugia. El delicado brasier blanco de media copa, ligeramente visible, parecia reventar de su pecho en cualquier momento.

-“Hola Mario… que pena la demora…”, le dijo ella a el, dandole un beso en su mejilla, sentandose y excusandose por la tardanza de mi hija Liliana para salir del pequeño apartamento donde viviamos en arriendo en uno de los suburbios de esta agradable ciudad.

Mientras yo abria la puerta de atrás y Paola giraba su cabeza para ver si nuestra hija Liliana salia ya, vi perfecto como Mario se quedada embelezado, mirando atrevidamente el pronunciado escote de mi esposa. En esos 3 o 4 segundos, vi como sus ojos fantaseaban con los exoticos y generosos pechos de Paola. Luego, descaradamente, sus ojos bajaron a observar como la corta falda dejaba ver un poco mas de las piernas de ella.

En ese momento entendi que Mario le tenia muchas ganas a ella, confirmando las sospechas que Pao me habia comentado una vez. Era un hecho que Mario, de la misma edad de mi esposa, ese amigable caleño administrador del restaurante, con cuerpo firme y moldeado por su glorioso pasado, atletico, musculoso y alguna vez miembro de la mejor policia del mundo, cercano amigo en esta tierra ajena, veia en ella, toda una hembrota y paisana ideal para una lujuriosa tarde de sexo con esa colombiana recien llegada.

En la mirada de Mario se notaba aun la natural envidia e incredulidad de que yo a mi 45 años, bombachon y con barriga descuidada, disfrutaba a pleno del voluptuoso cuerpo de Paola, 13 años menor que yo. Se notaba que a el le parecia increible que los naturales atributos fisicos de esa hembrota caleña tuvieran un solo dueño. Se notaba que a el le parecia increible que ese gordo simpatico y fuera de forma, disfrutaba a pleno del bien esculpido cuerpo de mi joven esposa.

Llegamos a la reunion y alli conoci a las otras colombianas y un par de venezolanas que trabajaban en el restaurante atendiendo clientes. Todas ellas, con sus familias y con sus sueños de éxito aun latentes. Tambien conoci en la reunion a Hugo, el ex-jefe de Paola, un bogotano de 47 años, quien por alla en el año 2005, era el gerente de la sucursal bancaria de Conavi donde ella laboraba, y ahora en suelo gringo, exploraba a mano pelada, las oportunidades de vida que Estados Unidos le daba.

Paola, contadora publica de profesion y con vasta experiencia en el sector privado, llevaba 4 meses trabajando alli mas por la necesidad del dinero que por otra cosa. Traiamos pocos ahorros y nuestros devaluados pesos colombianos se convirtieron en pocos dolares o sea tocaba hacer lo que fuera. Ella se sentia incomoda, ahi sirviendo almuerzos y comidas, y aguantando a los tipos mirandola y diciendole cosas por su cuerpo de 11 am a 11 pm. El uniforme era una blusa azul y un ajustado pantalon blanco, el cual destacaba aun mas sus generosos atributos fisicos. Claro, eso atraia clientes latinos, en su mayoria centroamericanos, y el restaurante lleno a toda hora. Yo, ingeniero civil y aun sin trabajo, veia como Paola se esforzaba al maximo por tener esos ingresos basicos y la propina que los clientes le daban. Nuestra ilegalidad y la precaria situcion economica obligaba a hacer lo que fuera.

Apenas entrabamos y nos presentabamos cuando vi como el se acerco a nosotros de inmediato.

-“Hola Paola… mucho gusto… soy Efrain Marquez… Hugo me dijo que eres una de las chicas nuevas y que parecias sacada de telenovela colombiana”.

Mi esposa le correspondio el saludo. El mejicano, el famoso Don Efrain estaba mirando a Paola de arriba a abajo. Lleno de billete, el negocio de sus cuatro restaurantes perduraba exitoso y sin duda alguna, observaba con sorpresa el cuerpo de mi esposa, como corroborando lo que creo Hugo le habia comentado de ella. Sus dos pesadas y brillantes cadenas de oro, colgando de su cuello, mostraban el ostento y la desfachatez. Su obesa barriga y esa falsa sonrisa demostraban la sobrades de su estilo de vida. Pero, extrañamente, su mirada fija, atrevida y fantasiosa sobre los voluptuosos pechos de mi esposa, me causaban cierta complacencia. Dos segundos después de que Paola se volteara a saludar a una de sus amigas, su mirada perversa y estatica, sobre las femeninas piernas y la corta y sexy falda de Paola, me causaron cierta excitación.

Cuando viviamos en Bogota, mas por la presion y las ganas de que hicieramos algo raro para romper la rutina del matrimonio, y mucho mas cuando varios amigos y clientes mios tenian a Paola entre ojos, le propuse a ella que fueramos a un bar swinger solo a mirar. Ella piernona, caderona, con hermoso busto y buena cola. Tipica mujer bien tetoncita y con un exquisito culo caleño. Ellos mirandola como la deliciosa y sexy mujer del ingeniero Ruiz, y yo fantaseando que algun dia Paola me aceptaria tener un trio HMH con uno de ellos. Desde hacia unos años, a mi me empezo a gustar mucho que ellos la miraran. Y que ella se "mostrara" un poco mas de la cuenta delante de ellos. Era mi fantasia sexual, aun no realizada, ver a Paola, completamente desnuda, acomodada en cuatro, con uno de ellos encima de ella, estilo perrito, clavandole duro y parejo sus tesoros. Era eso, solo una fantasia, ya lejos de ser real, verla desnuda, acostadita boca arriba en la cama bien abierta de piernas, con uno de ellos encima de ella, entrepiernados, con toda su verga enterrada en su cuquita mientras el se devoraba sus sensacionales tetas. Por supuesto eso nunca se dio y Paola siempre rechazo la idea de acostarse con alguien. Obviamente, siempre me nego la idea al bar swinger, asi fuera solo a mirar.

Esa tarde, al ver como Don Efrain, el mejicano, a sus 45 bombachones años, se devoraba frenéticamente a mi esposa Paola con la mirada, ese sentimiento volvio a despertar. Ella mostrando a pleno sus atributos fisicos y la necesidad de éxito. Y el, con las oportunidades tocando en su puerta, esperando a que Paola decidiera abrirlas. Ademas, las atrevidas y descaradas miradas que le lanzaba Hugo, el ex-jefe de Paola, comiendosela de arriba a abajo con los ojos, me daban a entender que el tambien, a sus 47 años, daba lo que fuera por solo tener a mi esposa una hora en la cama, solo para su verga. Que rico ver como Hugo se quedaba mirandole el sexy escote a Paola cuando ella amigablemente le recordaba los viejos tiempos del banco. Que rico ver como Hugo le miraba con intenso deseo como la vaporosa falda dejaba entrever el moldeado culo y las femeninas piernas de mi esposa, cuando ella se retiraba momentaneamente a charlar o a saludar a una de sus amigas. Que excitacion ver como Hugo miraba a Paola fijamente a los ojos y no se cansaba de repetir que ella seguia siendo la misma hembrota caleña que conocio en el banco hacia 7 años.

... Siga este relato en Visa para un sueño (Segunda Parte) ...

— julio08

11 de octubre de 2012

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julio08

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