Ya saben quienes me leen a menudo que a nosotros, a mi esposa Moni y a mí, nos gusta estar con las mismas parejitas siempre, o por lo menos tan a menudo como las ganas y el tiempo libre nos lo permiten. Con una de estas parejas “novias” como dijo alguien alguna vez, pasamos todo un fin de semana juntos puesto que ellos viven en una ciudad un poco alejada de Pereira donde residimos nosotros.
Una de estas parejas son Soledad y Antonio. Conocidos gracias a guía. Ella no es muy alta, bonita de cara y con un cuerpo que coincide en todos mis gustos, senos altaneros, cintura apretadita y una cola deliciosa, grande, musculosa y redonda que me encanta acariciar incluso cuando la pasión ya se ha calmado.
Luego de haber pasado todo el viernes por la noche y el sábado haciendo el amor, yo con Soledad, nombres ficticios desde luego, y Antonio con Moni, estábamos en la oficina charlando y fumando un cigarrillo. Yo en la silla del escritorio, mi esposa y su amante en un diván a la izquierda contra la otra pared y Soledad sentada sobre un baúl que se encontraba en la pared al frente de donde estaba su esposo y mi esposa. Cuando el tema recayó sobre el sexo anal y Moni, a quien le encanta, desde luego dijo que Antonio ya había explorado esa parte de ella. Mientras ella nos hacia el recuento de su experiencia con lujo de detalles Soledad se puso de pie y participando en la charla caminaba por la habitación.
Mientras charlábamos, las dos damas cambiando opiniones sobre la forma de Antonio penetrarlas por detrás y los dos caballeros haciendo bromas cuando nos dejaban hablar, Soledad se paró un instante a mi lado y yo, como de costumbre cuando ella está a mi alcance y las circunstancias se prestan, comencé a acariciarle su rabito. Sobra decir que los cuatro estábamos desnudos y solo unas toallas abandonadas sobre las sillas nos vestían.
Sin dejar de charlar Soledad se acercó cada vez más a mí para terminar completamente a mi lado. Mi mano abandonó parcialmente sus nalgas para acariciarle su cuquita y ella dulcemente subió una pierna sobre el escritorio y permitirnos, a mí penetrarla tanto como quisiera y a mi esposa y a su esposo deleitarse del espectáculo. De ella misma me tomó la mano para llevar mi pulgar a su ano y luego de humedecerlo con su propia saliva lo hizo entrar en ella, mientras un dedo se adentraba en su vagina acariciador.
Antonio le preguntó si ya me había dado “chiquito” puesto que casi nunca lo daba en los encuentros con otras parejas y ante su afirmativa él dijo que quería verlo para creerlo. Moni, acariciando con su mano derecha el miembro de su amante también dijo, con los ojos brillantes, que también deseaba verlo. Dulcemente Soledad se desplazó hasta estar sobre mis rodillas para seguir la charla mientras tomaba mi pene para animarlo lo poco que a éste la faltaba afín de ponerlo muy presentable. Yo aproveché su cercanía total para con la otra mano acariciar sus senos y apoyar a veces la otra mano en las caricias de su clítoris.
Mientras seguíamos divisando de esa manera, con un aire de desafío volteo la cabeza para besarme y decirme ¿Les mostramos? Yo acepté de inmediato y ella, alejando mi mano que entraba el pulgar en su ano y dos dedos en su vagina, se instaló ya dándome completamente la espalda, a horcajadas sobre mis piernas, y suavemente me introdujo en su ano.
Nuestro público se quejó de tener que suspender sus caricias para levantarse a mirar y la linda Soledad me preguntó cómo hacer para que ellos vieran. Le aconsejé entonces que se pusiera frente a mi, apretando los labios de su vagina contra mi vientre y que entrara de esa manera mi pene en su culito, de esa manera ella podría acariciarse contra mi estomago, sentirme dentro de ella y nos daríamos todos los besitos que quisiéramos.
Me sacó entonces Soledad de su trasero y luego de ponerse de pie y sentarse de nuevo sobre mis piernas, esta vez frente a mí, me dio un beso interminable mientras frotaba suavemente sus labios vaginales contra mi vientre al igual que su clítoris. En un momento en que estaba bien apretada contra mí se levantó un poco y llevando con una mano mi pene a la entrada de su ano, que recordemos ya habíamos penetrado momentos antes, me hizo entrar de nuevo en ella. Con sus manos separaba las nalgas para que por su volumen no ocultaran su ano y mi pene que entraba en él.
Ante los aplausos de su esposo y mi esposa por tener una vista perfecta de esta penetración, ella la profundizaba por momentos, abandonado nuestro beso para echarse un poco hacia atrás y entrarme completamente, y por momentos regresar su cuerpo contra el mío y dejar ver a los demás como entraba yo en su culito. Como mi esposa y su Antonio, su esposo, ya no nos observaban puesto que ellos también se entregaban al placer del sexo anal, Soledad puso los brazos sobre el escritorio, sus pies en mis hombros y me hizo entrar y salir de ella al ritmo que ella deseaba, rápido y con cierta brusquedad. Yo acariciaba sus senos que se balanceaban al ritmo de sus embestidas empalándose, sus piernas, su cuquita, su gallito erguido e hinchado de sangre, toda ella que me parecía en esos instantes más linda que nunca, con su cara deformada por el placer y su sonrisa aprobadora.
No resistí mucho este tratamiento y eyaculé momentos después que ella tuvo su orgasmo, no sin haber notado que mi esposa también tuvo el suyo con Antonio y que éste, por las penetraciones profundas que le daba, también llegaba a su clímax. Como dijo nuestro amigo, momentos después y cuando su respiración se normalizó: “lo mejor de estar con otra pareja es cuando los cuatro tenemos el orgasmo al unísono”.
Fue así que les mostramos que en realidad Soledad sí me había dado de su chiquito, lo que significaba la prueba de haber llegado a un grado más de intimidad entre nosotros.








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1 comentario
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login EntrarBuen relato, super experiencias bastante exitantes, rico, Un abrazo