Viernes:
Se encontraron en una estación, ella creía que iban a caminar, a recorrer la naturaleza, él sabia que no iba a ser así; hoy se entregaría a ella, sabía que sería la única vez, por eso era un día tan especial para él; ella como siempre estaba esperando a la salida de la estación, con ropa deportiva; preparada para el ejercicio; él en cambio llevaba ropa común, se saludaron y ambos quisieron besarse, pero ella dijo que en la estación no, saco varios regalos para él, sabia que a él le gustan los regalos, nunca supo porque, pero si sabia que a él le gustaban los regalos; el saco un libro y se lo regalo, insistiéndole en poder abrazarla y besarla; pero ella decía que aquí no, y que su tiempo era limitado; su escape de la realidad había sido sin previo aviso, y está la reclamaría de nuevo, su sagrada realidad, su asfixiante realidad, él sonrió como siempre, como tantas veces le ha pasado; sabía que no era más que una sombra pero estaba decidido a darle felicidad a causa de su propia tristeza, ya sabia el final de la historia; tal vez por que había visto tantas películas y leído tantos libros que ya tenia la extraña capacidad de saber que sigue; pero hoy era turno de hacerla feliz, antes de que tuviera que elegir, que sufrir; cada decisión es una ganancia y una perdida, así que al saber que el tiempo era limitado; la arrastro de la realidad, sueño confesado por ella desde hacia mucho tiempo: “quiero que me lleves, que me secuestres y me guíes a donde quieras para que hagas lo que quieras, no se que me vas a hacer cuando lo hagas, pero eso es lo que quiero de ti” le dijo alguna vez ella a él, hoy era ese día; le dijo que no perdieran el tiempo y tomándola de la mano la saco de la estación para subirse a un taxi, ella estaba asustada pero acepto; él sabia que siempre la intimidaba y eso le molestaba profundamente, así que empezó a contarle una historia sobre una ciudad a la que fue una vez, una ciudad que encerraba un pueblo y otra ciudad en su interior, en donde al atardecer llovía vino en la plaza central.
Llegaron al sitio, en la entrada les asignaron una habitación; él vio que ella portaba su regalo, una pieza de él que estaba presente en la vida de ella; eso lo hizo feliz, ella estaba entre indecisa, asustada y extasiada, lo siguió; tal vez sabia que su sueño se estaba cumpliendo, tal vez no, pero lo siguió; apenas entraron él la tomo y la beso, era incapaz de contenerse y ella lo sabia: “no pudiste aguantarte” le dijo sonriendo apenas el separo su boca de la de ella, ambos subieron, sabían demasiado el uno del otro, ella vio la habitación y antes de que él se lo pidiera le dijo riendo: “no pienses que te voy a bailar”, el rio; sabia que ella no le brindaría la poesía de sus movimientos al ritmo de la música, eso era para la realidad de ella, no para sus sueños, él busco el vino y no lo encontró; estaba algo ansioso y trataba de ocultarlo sin saber que decir, la amaba y sabia que tendría que sacrificarse, eso lo hacia sentir triste, pero eso le mejoraría la vida a ella; se repetía continuamente una frase de una serie que había visto hace poco: “amar te hace débil, entre mas personas amas más cosas harás por ellos, por su bienestar, darás y darás y darás hasta quedar vacio”, y ella ya ha dado mucho, era hora de que alguien diera algo por ella, ya imaginaba sus palabras, tratando de no parecer cruel: “ya no podemos seguir, prefiero algo seguro”, su búsqueda y su pensamiento fue interrumpido: “amor, aquí esta el vino”, rieron, se besaron, ella coloco una emisora de música y él saco chocolates, como siempre le coloco uno en la boca, para que se deshiciera, trataron de abrir el vino con varias cosas hasta que entre sonrisas y reproches; pidieron un sacacorchos.
Él abrió el vino, vino tinto, regando en el piso, brindaron y empezaron a hablar, ella se coloco picara, haciendo preguntas candentes y riendo, él era totalmente complaciente, lo que ella quisiera estaría bien, ese viernes él le pertenecía a ella, ella era su dueña y ella lo presentía pero se abstenía de tomarlo; su cabeza y su corazón luchaban en su interior, así que tomaba más vino para postergar ese combate, tal vez ella también sabia cual iba a ser el final, las caricias empezaron a reemplazar las palabras, y la ropa empezó a sobrar, ella se recostó para soñar un momento, pero él sabia que esta vez el sueño y la realidad habían coincidido en esa habitación; así que en un instante agresivo, por encima del pantalón sport de ella, él la mordió, ella se levanto sorprendida por esa tan inesperada acción: “eso no se hace” dijo nalgueándolo, las bocas de ambos empezaron a reemplazar las copas, el vino ya viajaba de boca en boca y al fin terminaron desnudos uno al frente del otro, ella se cubrió los senos con el brazo derecho y el sexo con la mano izquierda; él mordió la mano de ella suavemente, empezaron a discutir, hablar, discutir, el tema central era: “es que los hombres de mi solo quieren sexo” decía ella y él decía: “yo no soy cualquier hombre, de ti lo que quiero es amor”, él al ver que ella no quería ceder, sabia que lenguaje tenia que hablar, el lenguaje de la piel, empezaría lentamente con sexo y lentamente llegaría al amor, hoy iba a hacerle el amor, ya que el sexo es algo barato y común, mientras que hacer el amor era algo raro y sublime, y lo que ella necesitaba, pero sin darse cuenta ella estaba encima, tomando una copa de vino y dejando caer una gotera entre sus senos, esto causo en él la reacción instintiva de saltarle encima y hacerla suya, de hacerle sexo salvaje como a él le gusta, de traicionarse a si mismo, pero con una sola mirada ella lo domino, después lo golpeo lanzándolo a la cama, siguieron la discusión; entonces el cedió: “el sexo es solo placer egoísta, pero si quieres sexo; te daré sexo amor” y bajo a beber del cáliz sexual de su amada, acariciarla, cuidarla, ella que se decía callada en el sexo empezó a gritar, para él ese eco de gritos de placer era el cielo, aunque estaba excitado, no le estaba haciendo el amor, solo le estaba dando sexo, no obstante a la vez era feliz; él le pertenecía ese día y si solo podría darle sexo, lo haría; eso pensaba mientras la masajeaba con sus dedos, acariciándole el clítoris y penetrándola con su lengua, regreso a su cara y la beso, tratándola como una niña hecha mujer, y regreso a seguirle dando sexo oral, a seguir embriagándose con su olor, a recorrer su sexo con sus dedos; de pronto ella ordeno que parara un momento, tomo mas vino y le dijo que ahora ella le haría oral; él le dijo que no era necesario; ella dijo que si, cuando uno da recibe, el volvió a pedirle amor; ella sonrió, aún parecía confundirse entre amor y sexo: “ajam, te voy a hacer oral” dijo y empezó, acariciándole con la lengua el glande; entrando todo el sexo de él a su boca, colocó su mano para empezar a masturbar mientras hacia sexo oral, él vio esto y la detuvo: “sin hacer trampa” le dijo, ella quito la mano y dejo que él le corriera el cabello para verla devorar su sexo; se levanto al ver que no lograba hacerlo llegar; se acariciaron y tomaron más vino; ella se volvió a recostar y él siguió haciéndole oral, el olor del sexo de su amada lo enloquecía; pero esta vez le pidió que dijera su nombre y ella empezó a gritarlo, él ya la embestía con sus dedos, con su lengua y todo el cuerpo de ella entregado al placer que él le entregaba, con su sudor, con sus movimientos erráticos, incontenibles, se revolcaba gritando el nombre de él en la cama, así estuvieron un rato hasta que él se aburrió de hacer lo mismo, la beso y tomo algo más de vino, ella ya estaba totalmente prenda, él si apenas el vino le había echo algo; cuando se iba a levantar ella le acaricio la espalda; tal vez comprendió lo que él le pedía, tal vez no: “hazme lo que quieras, soy tuya” le dijo; el sonrió, se coloco el preservativo, era el momento de hacerle el amor; y ella intuyo lo que venia, no tuvo vergüenza, no tuvo miedos, no pensó en el pasado, no pensó en el futuro, se limito a soñar despierta en el presente, recostándose boca arriba y abriendo sus piernas para él, él llego y la penetro con cuidado; ella era bastante estrecha, ella se entregó y él también, el empezó a embestirla y ella a vivir, no había dos cuerpos con dos movimientos separados, había un solo cuerpo, el corazón de ambos se sincronizó, latiendo al mismo tiempo; no existían palabras, los quejidos de ambos eran música, era una fusión, estaban haciendo el amor; el ritmo era natural, unas veces fuerte, otras veces suave, ella fusionada a él cerro los ojos y entreabrió la boca, al menos en ese momento entendió que el placer y el amor van de la mano; él era feliz, uno de esos extraños momentos en los cuales él había logrado ser feliz, solo al estar allí haciéndole el amor; entrando en ella y ella acogiéndolo, tan abierta y dispuesta, tan mojada y sincera, sin vergüenza, sin reproches, sin reglas, solo amor… allí quedaron tanto tiempo que tranquilamente pudieron haber muerto de vejes o de inanición abrazados en placer y felicidad perpetua; un instante eterno.
Al terminar él la vistió, ella sorprendida volvió a pelear con él; lo miro con rabia y le grito: “Acaso no ves que no soy más que tu estúpida _______”, el volvió a sonreír, ante su sonrisa ella entendió lo que acababan de vivir y en un tono conciliador dijo: “hicimos el amor”, y sonrió; fue feliz, quedo extasiada al igual que él, él le preguntó si estaba bien, ella le dijo que si, se lo repitió varias veces; tal vez no para responderle sino para convencerse ella misma, tal vez presintió que lo malo de los sueños es que siempre despiertas de ellos; se besaron, el pago la cuenta del lugar y se fueron cada uno para sus realidades, la de él; una realidad sin él, la de ella, una realidad con ella, le coloco un mensaje para que él supiera que estaba bien y se fue a dormir, él vio el mensaje desde el otro lado de la ciudad; ese viernes iba a despertarla del sueño pero no fue capaz, decidió dejarla soñar un poco más.








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1 comentario
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login EntrarEstuvo muy bien la historia, espero que continues con mas relatos:)