MI PRIMER TRIO
Siempre soñé con tal experiencia, ansiaba satisfacerla pero, nunca conocí a alguien dispuesto, hasta ese día.
Llegue A Campo un treinta y uno de octubre, día de brujas de 1997 y, preciso celebraban en el casino la fiesta de disfraces. Aprovechando mi experiencia teatral, quise romper el hielo, por lo que decidí vestirme como hembrita, y tal como lo supuse, me lleve el primer premio- una plancha a vapor.
Al día siguiente el mesero del casino nuestro se me acerco y entablamos comunicación. Me alabo el disfraz, la caracterización y mi capacidad histriónica, en fin se puso a mi disposición.
Con los días nuestra amistad se afinco poco a poco hasta que dimos con el tema. Me conto de su vida de niño en Bogotá, la posterior huida de casa, de sus sufrimientos en las calles de la gran ciudad y de cómo cayó en manos de un zapatero pederasta, que con la excusa de ayudarlo lo inició en los caminos de la bisexualidad.
También me habló de sus relaciones y específicamente de su anterior mujer y, de cómo la había compartido con un amigo, amén del placer que experimento al verla en brazos de otro hombre. A esta parte de la charla no pude aguantar más y exclamé, que eso era algo que siempre había anhelado experimentar. –Cómo supondrán – a partir de ahí, el tiempo restante en campo se fue en planear como convencer a mi mujer y, él a su actual esposa, de participar en el trio que desde ese día se convirtió en nuestra obsesión.
También fui notando como aumentaban hacía mi las atenciones de su parte; ya que un café, ya que un postre, en fin, pude apreciar que en todo eso había una velada intensión. Y sí que la hubo.
mi labor en la empresa era como camarero, por lo que debía madrugar muy temprano en la mañana. El día en cuestión y a punto de terminar el aseo del primer cuarto llegó con un café y, una sonrisa; le agradecí pidiéndole lo dejara sobre la mesita de noche; a lo que riposto: se enfriaría.
Nos sentamos entonces en la cama y mientras yo tomaba la bebida el aprovecho y puso su mano en mi muslo, lo miré sorprendido pero, en lugar de mosquearse la subió un poco más, hasta mi paquete. Mi naturaleza y el tiempo de abstinencia en campo hicieron el resto. Sentí cómo mi verga se despertaba de repente y antes de poder decir algo el tipo la tenía profunda en su boca. La sensación era increíble, su lengua, la humedad, los lengüetazos sobre el glande, su mano en mis testículos y su mirada profundamente lasciva de vampiro cachondo, me hicieron coger su cabeza y empujarla sobre mi verga con desesperación en un intento de traspasarlo con mi estaca de carne.
Con el temor creciente de ser sorprendidos y despedidos eyacule como nunca –creo lo hice- y él bebió con esa sed sexual que pude apreciar tenia. Acto seguido lamió mi palpitante y flácido pene, entre lengüetazos lascivos y juguetones; cómo si gozara de un helado un día de domingo, mientras yo no atinaba que hacer.
Él, notando mi turbación entonces salió del contenedor dejándome vació y, satisfecho.
Continuara…








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