El sonido se me antojaba una tracto mula subiendo la vía Villavicencio-Bogotá y, -ofendía según mi lujuria -a esa bella mujer de pelo alborotado que en silencio aguardaba, como puede un cordero esperar el cuchillo filoso del carnicero.
Noté con curiosidad entonces que hasta ese momento ella y yo, sólo habíamos tenido un intercambio obligatorio de monosílabos sin importancia; y ahora a solas, no atinaba cómo acercarme.
Le ofrecí un trago de Ron y al coger la copa, nuestros dedos se tocaron. Un corrientaso que partió de mis huevos y recorrió mi estómago subiendo hasta mi pecho me corto la respiración y, me recordó, que la faena debía consumarse esa noche.
-¿Puedo besarte? -Recuerdo haber pedido obteniendo un sí por respuesta.
No importó el pendejazo que roncaba bocarriba ajeno a su acalorada realidad. No importó mi temor a una posible treta de su parte. La dulzura de su lengua hurgando mi boca con una pasión que en ella no adivinaba fue suficiente para lanzarme a fondo y cogerle sus ricas tetas. Ella gimió sin control y acarició mi verga por sobre mi pantalón mientras mis manos volaron tocando su culazo.
Con voz ahogada me pidió entonces ir al cuarto contiguo y clavarla, más recordé el trato que hiciera con su marido (Juan) de culiar solamente los tres.
Luego de despertarlo, ella, en un arranque de desvergüenza se agacho, abrió mi cremallera y como si él no existiese, saco mi verga enhiesta, húmeda y la hundió profunda en su boca. Juan, su marido, abrió los ojos como huevos fritos y puedo jurar que por un momento quedo sin respiración.
La sensación de poder era magnifica, saber que el dueño de esa hembra –mi hembra- nos veía sin tomar medidas, me llenaba de una lascivia hasta ahora solamente imaginada.
Levantándola del cabello, me arrodille entonces en su lugar. Tembloroso baje su jean junto con su minúscula tanguita blanca hasta las rodillas; y hundí mi cara en su sexo, ese sexo que chorreaba jugos y me invitaba a comerlo literalmente. He de admitir, ahogarme en él, fue la delicia más exquisita hasta ahora jamás probada. Y no por falta de chochas en mí cara, sino por la situación del tercero en discordia.
Su marido, pasando saliva se despantalonò entonces febrilmente, sacó su verga por sobre su interior y dio inicio a un sube y baja desesperado mientras nos miraba; y Lucía (su mujer) se contorsionaba apretando mi cabeza contra su centro líquido.
Luego abandonando el pajazo, Juan recostó solícito a su esposa contra la cama y casi ahogándola metió su verga hasta los huevos en su boca. Ella mamaba y mamaba enloquecida, en tanto mi lengua hurgaba más y más profundo en su sexo.
Seguidamente entre los dos la desnudamos; me quite la ropa y subiendo sobre ella la penetre una y otra vez hasta que sin poder contenerme derrame mi leche sobre sus tetas.
Pasados unos segundos gire de costado mientras veía como mi socio se metía de cabeza entre los muslos de Lucía, mi Lucía.
Así fue casi toda la noche, polvo tras polvo, durmiendo y pichando.
He de admitir que nunca, hasta ese momento, disfrute tanto de una noche de sexo y pasión; y aunque mi primer trio no fue con dos mujeres, como lo había soñado, si goce a la mujer de mi amigo plena y totalmente.
Temprano en la mañana echamos el último polvo cuando mi socio y hermano de leche, fue por unas cervezas. Luego me bañe y camine por las calles frías y peligrosas del barrio Cundinamarca, sintiendo entre las piernas el recuerdo de un sueño casi…que cumplido.FIN








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