Desde La Terraza Con Pasión
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 9 min de lectura calendar_today Diciembre de 2012

Desde La Terraza Con Pasión

--Ella llegaba a esa estación del metro a la hora acostumbrada. Era algo tarde para la noche, pero no para nosotros. Yo estaba en las escalas esperando el momento de esa explosión hormonal característica de cuando la veo. Su vestimenta era sencilla, sexy, sin mucho color -azules, grises,....

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--Ella llegaba a esa estación del metro a la hora acostumbrada. Era algo tarde para la noche, pero no para nosotros. Yo estaba en las escalas esperando el momento de esa explosión hormonal característica de cuando la veo. Su vestimenta era sencilla, sexy, sin mucho color -azules, grises, blanco y negro. Captaba la atención de todos los extras de nuestra historia. Su sonrisa iluminó mi rostro, como suele suceder cada que sus labios adoptan esa posición particular. Bumm!!! Como de costumbre, explotó en mí la euforia de verla y saber que podía besarla, abrazarla, acariciarla, sentirla, respirarla, todo. Su cabello, oscilaba con la libertad que acostumbra. Ese corte asimétrico y su mezcla de colores que van desde el rubio hasta el castaño oscuro, pasando por un rojo tornasolado, capta la atención de mi mirada y me sumerge en ese aire rebelde rockero, independiente, diferente, que se nota desde su cabello hasta su más recóndita curva. Lucía una chaqueta negra de jean, que no demoró mucho en caer de su cuerpo, apenas logro recordarla. La chaqueta cubría su delgado torso y su blusa blanca que dejaba dibujar sus senos perfectos, perfectos para mis ojos, para mis manos, para mi boca. Perfectos para volar en ellos, volar mirándolos, volar acariciándolos, volar besándolos. Su pantalón se ajustaba a sus caderas, las cuales se contonean de un lado a otro gritando al viento, en letras mayúsculas, lo bellas que son. Sus piernas delgadas, firmes y tonificadas guiaban esas caderas, junto con la chica que las lucía, hacia mí. Yo no podía más que sonreír, sentir como la adrenalina se apoderaba de mí y ponía en evidencia mis más sexuales deseos. Era casi imposible controlar mis impulsos, cada curva de su cuerpo, cada pedazo de piel que dejaba ver, me hablaba, mejor, me ordenaba que lo sintiera, que lo acariciara, que dejara que mi piel se acoplara con ella, que le diera continuidad a esa corriente eléctrica-químico-energética que surgía entre ambos. Su piel de un tono trigueño se me hace irresistible, mis labios se mojan y todo mi cuerpo vibra cuando comienzo a descubrir cada rincón de ese universo tornasolado que es su cuerpo. Luego del saludo comenzamos a caminar.

--Llegando a la estación del metro, en el momento en que comienzo a descender por las escalas, lo veo alineado a mi ruta, casi como si supiera hacia donde me dirigiría, mirándome fijamente, con esa mirada desafiante, intimidante y bastante seductora. A medida que me acerco, sólo cuento con su presencia, los demás pasan completamente inadvertidos, solo son imágenes móviles a mi alrededor. En ese momento se encuentra con los brazos cruzados, una posición algo despectiva que me seduce, voy sintiendo como la emoción invade mi cuerpo y sólo espero tenerlo cerca para poder sentir sus labios gruesos, su calor corporal y su olor, aunque sea sólo por unos pocos segundos. A menudo tengo la mala costumbre de quedarme observándolo detenidamente, admirando su rostro, sus gesticulaciones bastante particulares, su mirada inquieta, su sonrisa maliciosa, me gusta observar su cara cuando se queda pensando en algo. Para mí todo esto se me hace irresistible, y toda la tranquilidad que me caracteriza se convierte en necesidad de saciarme con su cuerpo, de querer más y más de él, me transformo en inquietud, perversión y locura.

--Fue ella quien me guió a casa. Desde el primer instante que vi su rostro esa noche quedé despojado de mi voluntad y conciencia. Estaba absolutamente perdido en su mundo, en su cuerpo, en su personalidad y en sus palabras. Me seduce con cada opinión con cada palabra, con cada paso. Siguiéndola, llegué a mi casa y casi sin darme cuenta terminé en mi terraza, un lugar feo, pero mágico. Estaba oscuro, pero había suficiente luz para verla y disfrutarla toda. Bajo la luz de la luna (como dice la canción), algunas estrellas y el reflejo de la luz de la calle, debatimos de algunas cosas en compañía de unas cervezas, palabras, caricias y besos. Esos, los besos, y también las caricias, comenzaron a tomar protagonismo, tras pocos minutos solo ellos existían.

--Gracias a él se me ocurren las ideas más descabelladas, me exterioriza esta personalidad salvaje y atrevida que no suele acompañarme habitualmente. Haciendo gala a lo acabado de expresar, llegando a su casa se me ocurrió subir a la terraza, con el propósito de desconectarnos un poco del entorno en que permanecemos la mayor parte de nuestro tiempo, pero interiormente moría de ganas por probar su cuerpo en ese lugar. Por lo general no soy la que tome la iniciativa de que la situación se torne algo desmedida y excitante, pero en esa ocasión no pude contener mis deseos de besarle, de acariciar su piel, de sentir su calor muy cerca de mi cuerpo, de disfrutar cada parte de su ser. Se me hizo imposible contener ese impulso de besarlo desmedidamente, sintiendo como su respiración apacible se transforma en un torbellino revoltoso, agitado e irreprimible.

--Ella miraba mi cuerpo queriendo devorarlo –devorarlo con los ojos, con la boca, con sus manos, con todo su cuerpo. Esas miradas son secundadas por apasionantes e intensos besos, que WOW!!! Provocaron una serie de explosiones en mí. Mis manos inquietas, como con vida propia, totalmente incontrolables, hicieron su voluntad, y, en término de unos segundos la desnudaron por completo.

--Él en ese momento dejó atrás su quietud y exhibió su lado más dominante, sometiéndome a su voluntad; sus manos comenzaron a explorarme con gran intensidad, se deslizaban de forma vigorosa por mi cuello, seguido de mi espalda, produciendo en mí un estremecimiento que combinado con el aire frío de la noche dejaban rastros de calor en mi entrepierna. Con la misma intensidad que recorrió mi espalda, me libero de la blusa y se dispuso a explorar mis senos, dejando deslizar sus manos por debajo de mi brasier, agarrándolos con fuerza, explorando mis pezones poniéndolos inmediatamente erectos, generando un corrientazo que va directo a mi vagina, haciendo que me excite mucho más y la humedece inmediatamente. Luego para intensificar esa sensación corre mi brasier, dejando al descubierto mi seno derecho, con su lengua inquieta comienza a realizar movimientos circulares alrededor de mi pezón, luego esta se torna frenética y quiere abarcar más espacio cada vez, se ayuda de sus manos, agarra mi seno con fuerza, provocando que me humidifique cada vez más y más. Finalmente me despojo de mi brasier, seguido de mi pantalón y mi tanga, quedando completamente desnuda, sintiendo el aire frio en mi cuerpo, mezclado con el calor producido por la excitación del momento.

--Ella hace alarde de su cuerpo con cadenciosos movimientos sobre mí. Cada curva no tiene retorno, esas curvas te llevan a un precipicio sin retorno, quedas perdido en ellas, desubicado. Mis manos no paraban de dibujarla, de delinear cada segmento de su piel. Su piel es cálida y suave, tiene una textura única que crea una tacto-dependencia muy intensa. Sus movimientos cadenciosos provocaban todas mis hormonas y volvían loco mi cuerpo. Su respiración se hacía cada vez más acelerada, con cada línea que pintaban mis dedos sobre su cuerpo su respiración colapsaba y se recuperaba a un rito tal que producía un sonido ecxitantisimo que penetraba mis oídos, recorría todo mi cuerpo y explotaba en mi vientre, ahí bien cerca de donde los orgasmos se sienten. Sus pezones me gustan mucho, son bellos, son hermosos: Redondos, pequeños, se erectan con facilidad, y su sabor, ni hablar, aún no sé muy bien cómo describir esos sabores que no caben en tu registro mental. Sus pezones saben a ellos mismos, tienen un sabor único que solo he encontrado en ellos, pero tan adictivo como cualquier droga. Una vez pruebas esos endemoniados pezones no puedes dejar de lamerlos. Pocos minutos pasaron antes de llegar a su entrepierna con mis manos, mientras nuestras bocas se debatían en una batalla de besos sobre todo nuestro cuerpo. Su entrepierna estaba cada vez más cálida. Me encanta la forma como se humedece esta mujer. Rápidamente mis dedos se abrieron paso entre sus labios, buscaron su clítoris, lo encontraron, comenzaron a moverse en círculos, con movimientos lentos y pausados al inicio y terminando con constantes y fuertes vibraciones que hacían que sus piernas temblaran y, su cadera a moverse de un lado a otro. Se me hacía difícil controlar su cadera para permitirle a mis dedos ser más constantes sobre su clítoris.

--Con destreza el llega con sus manos a mi entrepierna, las cuales suben con lentitud, precisión y sin reducir intensidad, mi piel comienza a sensibilizarse, los poros comienzan a contraerse, produciéndome escalofríos, excitándome aún más; finalmente su mano inquieta encuentra mi humedad, sus dedos recorren mis labios, juguetea con ellos un rato, provocándome espasmos y la increíble necesidad de sentir sus dedos dentro de mí. Me acelera la respiración, me hace convulsionar, gemir, y pedir por sentir sus dedos cada vez más adentro; finalmente no puedo contener más mi excitación y lo guío con mis manos al lugar que deseo, en ese instante llego al clímax de la excitación, sus dedos enardecidos encuentran el punto exacto para llevarme al borde de la locura, siento una excitación tan inmensa, tan indescriptible, la suma de una sensación placentera con la necesidad de explotar, porque no se puede llegar a un nivel más alto, porque ese es el final, porque no hay nada más después de eso; todo esto da como resultado una inundación que termina ahogándonos a ambos.

--Ella gemía, se contraía, convulsionaba. Mis dedos internados por completo en su vagina se movían de arriba abajo, mientras mi otra mano la sostenía de la cintura inmovilizando sus caderas, permitiéndole a mis dedos ir vibrando con mayor intensidad tras cada segundo, tras cada espasmo de cada uno de sus músculos. Su cuerpo vibraba al ritmo de mis dedos y su vagina se humedecía, se inundaba, y justo cuando creía que no podría estar más húmeda, se vino una oleada de fluidos que me hicieron reconsiderar mi apreciación. Por Dios como se moja esta mujer. El olor a sexo era penetrante, intenso y llenaba el ambiente de pasión, de sexo, de lujuria. Mi excitación subió exponencialmente sin encontrar límite. Su vagina se contraía y bañaba mis dedos, mi mano, sus piernas, su abdomen y parte de mi cuerpo con sus fluidos. Todo su cuerpo convulsionaba. Sus piernas temblaban. Sus ojos se perdían en el infinito, como un estado de inconciencia. Su abdomen no se relajó ni un segundo. Su espalda permaneció arqueada. Sus manos se sostienen de mis hombros, pero temblaban y apenas alcanzaban a sostenerse mientras todo su cuerpo se rendía ante el clímax que se estaba gestando. Me gusta su expresión. La expresión de todo su cuerpo, pero esa sonrisa orgásmica que dibujaban sus labios en medio de un rostro desconfigurado de placer captó toda mi atención y me motivó a vibrar en su vagina, chocando con cada una de sus paredes vaginales hasta sentir que su respiración se detiene por unos instantes. Su vagina se dilataba cada vez más y los movimientos se hicieron cada vez más fuertes y largos, su respiración se aceleró y sus vibraciones se intensificaron y, sumadas a las mías, el orgasmo vaginal fue gigante. La eyaculación femenina es tan real y emocionante como las cataratas del Niágara, como el Amazonas, como el Océano Caribe levantándose contra la costa en un tsunami poderoso. Tras suspender las vibraciones su cuerpo no paró de contraerse, sus piernas se abrían y cerraban solas, sus manos perdieron toda su fuerza y no paraban de temblar. Su mirada se repuso luego de casi medio minuto, su respiración regresó un poco después. Su espalda permaneció arqueada hasta que las contracciones en su vagina cesaron, luego de que adquirió de nuevo el control sobre sus piernas. Pero aún luego de recuperar su conciencia sobre cada parte de su cuerpo, algunas replicas ocurrieron constantemente los minutos siguientes. Es sublime verla así, recuperándose del clímax, completamente poseída por el placer. Ella, tan mágica como cuando la veía salir del metro y camina hacia mí, sonreía, me miraba y se contraía de nuevo.

— julesyjim

24 de diciembre de 2012

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julesyjim

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Comentarios

1 comentario

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  • topanga1968
    topanga1968 · 24 de dic de 2012

    espectacular sensual y erotico.

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