Ella es delgada; bastante delgada. Generalmente me atraen mucho más las mujeres con esos tres kilitos de más bien repartidos, como ya he mencionado. Sin embargo accedí a salir con ella, intrigado por saber cuál era el secreto que escondía esta mujer, aparentemente sin mayor gracia. La primera vez que salimos, nos tomamos unos tragos; los suficientes para sopesar si aquella noche me iría solo a mi casa o terminaría en algún lugar con aquella mujer de cuyo nombre me acuerdo bien pero no les contaré porque es lectora de guía cereza.
Delicada, con una sonrisa amplia, labios finamente delineados, ojos juguetones y un cuerpo menudo; en algún momento me pareció un poco infantil, pese a sus 30 años. No tardamos mucho en el bar de la 33 en el que habíamos convenido vernos. Dry Martini fue el elixir del primer día y de los otros dos encuentros que hemos sostenido; un trago fuerte y penetrante aunque delicado, con el que empezamos a calentar la noche casi desde que nos encontramos.
La había conocido tres meses atrás de manera sorpresiva, en una fiesta en la que mi exenamorada ‘esperaba que pudiera encontrar una nueva novia que me hiciera olvidarla’, tal como había comentado tan seria como divertida, casi advirtiéndome de no enredarme con sus amigas si quería seguir con vida. Les advierto que es bueno seguir de amigos de la exnovia; sobre todo cuando se puede seguir haciendo el amor con total complicidad y sin levantar mayores sospechas cada que te encuentras furtivamente con ella; con la complicidad de una fingida ruptura definitiva.
Sin embargo, aquella noche prometía más de lo que mi exnovia podía ofrecerme. De pie, frente a una ventana y mirando distraída estaba aquella mujercita aparentemente débil, con un vestido de florecitas amarillas y gafas setenteras. Se veía romántica y extraña. Tal vez eso atrapó mi interés cuando me vi dirigiéndome hacia ella, sintiendo la mirada inquisitiva de mi antigua pareja y ahora amiga con derechos; quien se quedó tranquila seguramente pensando que ese no era mi tipo de mujer. Yo también creía lo mismo.
“Se dañó tu trago”, le dije para sacarle de su recogimiento. Me miró algo sorprendida. Sus ojos eran tan grandes que por un momento alcancé a verme en sus oscuras y brillantes pupilas. Le acerqué un vaso renovando su bebida y empezamos a conversar. Me parecía curiosa su distancia del resto de quienes estábamos en plena fiesta. Ella había aceptado ir porque su esposo era amigo de mi ex y quería complacerle, aunque en realidad su relación andaba bastante mal por esos días. No me interesaba mucho esa conversación, pero quise ser cortés y seguí platicándole y preguntándole, hasta que me sorprendió contándome que andaban así porque ella se había metido con un amigo del marido. “¡Quién iba a decirlo!”, pensé mientras repasaba el cuerpecito leve de mi interlocutora. Me fijé en el marido y el tipo se veía ‘hasta interesante’, tal como le escuchaba decir a mi novia cuando se sentía atraída por un hombre, pese a haberle escuchado igualmente que el tipo era un perrazo de aquí a Pekín. Enterarme de la situación despertó en mí un sentimiento morboso. Tenía que saber qué secreto escondía esa hembra tan delgada que se había arriesgado a regresarle los cachos que el tipo le había fijado.
Sin embargo aquella noche no se pudo. Algo ansioso, me cercioré de poder ponerme en contacto con ella. Facebook ha sido nuestra plataforma para urdir los encuentros que hemos sostenido hasta ahora. Hoy es la cuarta ocasión en la que nos encontramos. ¡Ese cuerpecito grácil tiene magia; atrapa! “Con razón atrapó al esposo”, pensé la primera vez que nos acostamos, aprovechando uno de los largos viajes de su marido; los cuales habían sido el motivo de su infidelidad, según argumentaba, ocultando el asunto de sus frecuentes deslices.
Pero ese no era mi problema. De hecho, cuando me enredo con una mujer casada, suelo dejar a un lado los asuntos que tengan que ver con su pareja; concentrándome exclusivamente en ella y en lo que hace que me atraiga.
De esta mujer; en la cama al abrazarla, se pueden sentir los latidos de su corazón bombeando con afán mientras su cuerpo sudoroso se retuerce con intensidad, vibrando al embate lujurioso con el que le celebro cada gemido. El sexo con ella es delicioso; sin embargo ninguna sensación se compara a sentirla abalanzarse sobre mi miembro para propinarle una mamada que debería estar incluida entre las maravillas del mundo. Su boca entera parece un volcán encendido enfundando mi pene. Sus exhalaciones me encienden y me dejan aturdido, mientras desciende por la extensión de mi verga hasta hacerla desaparecer entre sus labios. A medida que sube y baja, llenándola de su saliva caliente, tengo la sensación de transportarme hasta el centro de la tierra. Con esa boquita me deja estático, lívido – diría que literalmente hasta blanquecino- mientras se traga enterita la lechita burbujeante que sale del fondo de mis entrañas. En cada encuentro – y espero que el de hoy no sea la excepción-, siento que esa boca es la razón por la que los dioses crearon el universo.
¿Quedaron iniciados? Lo lamento; yo por el contrario estoy expectante y extasiado, deleitándome con el anhelo de nuestro nuevo encuentro…








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login EntrarQue buen relato, me parecio ver a mi vecina, bueno n he tenido nada con ella pero veo su boca y fantaseo sin respirar.