La chica se fue, y quedamos agotados. Yo no me quería ir a casa, pero tampoco me quería quedar. Me daba pena todo lo ocurrido. A pesar de haberlo disfrutado un montón, no podía verle la cara a Raúl. Sabía que nos íbamos a enfrentar a un interrogatorio al cual no estaba preparado para responder, y mucho menos escuchar de él cosas que nunca hubiese sospechado siquiera.
Al irse la chica, la chica de mis sueños, la morena que tanto he deseado aún, Raúl y yo fuimos a la cama. Ambos estábamos desnudos todavía. El sueño nos venció, y cuando reaccioné eran pasada las 12 del mediodía. Me levanté como de costumbre, con una erección… fui al baño, me lavé la boca, y me senté en el mueble del a habitación, con un vaso de whisky.
Contemplando a mi amigo dormido en la cama, tomando un trago, y por mi mente pasando todo lo acontecido hacía algunas horas atrás… comencé a experimentar sensaciones que me hicieron mantener la erección que tenía al levantarme. He de admitirlo, me estaba calentando a millón. A pesar de verlo como mi hermano, no podía olvidar lo que hicimos, y menos, lo mucho que me gustó.
A los pocos minutos de estarme recreando la vista y estar lubricando como si estuviera acabando, Raúl empezó a moverse como señal de que iba a despertar, pero no me dio tiempo de cubrirme con algo, ni nada, y cuando me vio en esa posición con mi erección, me guiñó el ojo, y mi cara se puso tan roja como un tomate. Me preguntó la hora y no reaccionaba ni siquiera para ver el reloj… me repitió ¿puedes darme la hora? Y acaté a verlo a los ojos y decirle, ¿se te olvida que llevas puesto un reloj en tu mano? Me sonrió, y me dijo dámela tú. Era obvio que solo quería que mi mano destapase lo poco que podía cubrir, y cuando la quité para ver la hora, su mirada se posó en mi herramienta que estaba por reventar.
Yo no podía con la pena, me levanté y fui por mi ropa, me senté dándole la espalda a Raúl y me dispuse a ponerme el bóxer. Pero no logré introducir bien una pierna en la ropa interior cuando siento una mano que toca mi espalda y esa mano enseguida me toma por el brazo y me tira de un solo golpe a la cama, dejándome boca arriba.
Me tomó por el pene, que ya estaba semi flácido por la misma pena, pero estaba mojado por tanto que había lubricado. Lo agarro con su mano derecha y me miró a la cara. Comencé a mostrar señales de vida nuevamente, y sentí como unas gotas se disparaban de mi pene… era liquido preseminal. Notó la reacción de mi herramienta, la miró y luego me miró a los ojos, fijamente. En cuestión de segundos se volvió a mi cara y me planta un beso, introduciendo su lengua en mi boca. Cuando me dio chance de reaccionar lo aparté de mí y le dije que estaba loco, que me dejara tranquilo.
Me levanté, tome mi bóxer, me lo puse, agarre el pantalón e hice lo mismo. Raúl solo me veía hacer y veía que me mantenía erecto, mi pantalón se veía abultado. Se levantó de la cama y me acorraló. Me preguntó qué te pasa? No lo podía ver a la cara… volvió a preguntar.
Raúl: pregunté qué te pasa?
Yo: No es lo correcto
Raúl: y según tú, que es lo correcto?
Yo: lo correcto es que no debimos habernos tocado ni haber hecho este trio.
Raúl: Me extraña, porque quien quería hacer el trío eras tú, o me equivoco que tú fuiste quien me dijo que convenciera la morena para que lo hiciéramos.
Yo: si vale, pero mi intención era estar con ella, no creí que fuéramos hacer algo tu y yo… yo no soy maricón.
Raúl me dio un bofetón y me tomó del cuello
Raúl: acaso crees que soy un maricón porque hicimos lo que hicimos anoche?
Yo: No, pero no debimos hacerlo, creí que te conocía muy bien y me has demostrado lo contrario.
Raúl: No podía decirte nada, porque nunca había estado con un hombre.
Yo: tu sabes que soy hijo único, que siempre vi en ti, a un hermano, alguien que se preocupaba por mí, que me protegía, y fíjate lo que hemos hecho. No creo que podamos vernos a la cara como siempre. Tu siempre tan mujeriego, y yo igual que tú. Por mi mente no había pasado la idea de estar con un hombre y mírame lo hicimos. Crees que podamos seguir siendo los mismos amigos de antes?
Por la cara de Raúl se deslizaron unas lágrimas, los ojos los tenía rojos. Pero agachó la cara por un segundo y cuando la levantó me dio un beso en la boca aún más fuerte que el anterior, yo lo seguí, pues me gustó mucho. Yo sabía que no era lo correcto pero su lengua jugaba dentro de mi boca y yo sí estaba excitado, tenía su pene a reventar rozando mi abdomen y el mío estaba que rompía dentro del bóxer y el pantalón., sentía su humedad regarse sobre mi abdomen y yo ya estaba hecho un charco. Le quite la mano de mi cuello y no pude hacer más nada que tirarlo en la cama y colocarme encima de él. Estábamos envenenados de placer, él me apretaba contra sí, tomándome por las nalgas, y nuestras lenguas no paraban de entrelazarse.
Paramos un segundo y nos miramos a los ojos, y nos fundimos nuevamente. Yo le agarré el pene, duro como una piedra, mojado, palpitante. Lo masturbada con mucha velocidad, y no nos despegábamos del beso. Así pasamos, y él también empezó a meterme manos por el pantalón, tocando mis nalgas, y tratando de meter sus dedos en la rajita de mi ano. Sentí rico cuando lo hizo, ese roce me hacía bien, pero cuando intentó meterme un dedo aparte su brazo con un brusco manotón, y le dije que no. En eso suena el teléfono celular, y fui rápido por él. Era mi padre que me llamaba para saber dónde rayos estaba metido, que la mamá de Raúl había llamado a mi casa para preguntar por él porque su celular estaba apagado. Yo le dije que no se preocupara, que habíamos amanecido en casa de una amiga y que en pocas horas nos íbamos, que todo estaba bien.
Mientras hablaba con mi padre, Raúl me miraba y se masturbaba suavemente, como provocándome. Yo pasaba tragos fuertes, porque no era fácil lo que estaba viviendo en ese momento, ver su cuerpo tan perfecto, su rabo tan grande, con un glande rojo y grueso, con unos testículos que bailaban con el movimiento de su mano.
Raúl, se acercó a mí y me quitó lo poco que llevaba puesto, sacó mi pene que estaba exageradamente mojado y se escuchaba el chasqueo cuando me masturbaba. Me miraba a los ojos fijamente y yo estaba rojo, no sé si por la pena, o por la calentura que tenía. Me tumbó nuevamente a la cama y se tiró sobre mí, juntando los dos penes mientras nos besábamos, nos movíamos con tanto acoplamiento y se sentía tan rico que le tuve que decir que parara, pues ya estaba a punto de acabar. Cuando le dije eso, el solo atinó a acomodarse de manera tal que quedáramos en un 69 de lado. Raúl me tenía con una pierna levantada dándome lengüetazo por los testículos y recorría mi pene, lo metía en su boca y lo sacaba para darme lengua nuevamente por los testículos y hacer un recorrido hasta que llegó a mi ano. Una fuerte sensación recorrió mi cuerpo y me hizo estremecer, me prendí de su pene y le daba movimientos muy acelerados producto de la sensación que vivía en ese momento. Mi pene daba respuestas, se movía como péndulo de un lado a otro y lubricando inimaginablemente.
Ya no aguantaba más, sabía que de un momento a otro acabaría, y cuando Raúl metió mi pene en su boca le avisé que lo sacara porque me iba a correr, pero no hizo caso, y continuó con su mamada más rápido, hasta que recibió en su boca cuatro imponentes chorros de leche que me hicieron gritar y temblar como un loco. Mi cuerpo tensado se vino abajo con espasmos mientras el mantenía mi pene en su boca sin dejar escapar una gota de semen. Luego que lo sacó se acercó a mí y me dio un beso, que para sorpresa mía, me estaba pasando mi propia leche desde su boca. Eso me llenó de morbo, el semen se escurría por mis labios y Raúl lo agarraba con su lengua, era mucha, y nos estábamos tragando todo, una parte él y otra yo.
Yo por mi parte seguía duro, y podrán imaginarse como estaba mi amigo, que aun no había acabado. Pensé en seguirle mamando para que acabara, pero no fue así, él al verme con el pene aun parado me dijo “cógeme” yo quedé con una cara de sorpresa al escuchar eso, que no lo podía creer, y veo que alza su pierna para luego meterse un dedo en el culo a la vez que de su boca salía un leve gemido de placer.
Excitado como estaba, tome mi pene y le di un golpe en su cara con él. Intentaba agarrarlo con la boca pero yo no lo dejaba, jugaba a dárselo pero se lo quitaba. Y me volvió a pedir que lo cogiera. Me levanté y lo coloque boca arriba con las piernas alzadas, en un extremo de la cama, cuando estuve a punto de penetrarlo me dijo “No, primero mámame el culo, quiero sentir tu lengua… prepáralo para que lo disfrutes”. Eso fue suficiente para levantar más su cuerpo, de manera que su culo quedara en mi boca, le di tantas lamidas como si de una cuca se tratara, el gemía y gemía, del placer que yo le proporcionaba. Mi pene seguía como péndulo, moviéndose para todos lados. En esa posición, Raúl se las ingenió para agarrarlo y masturbarlo, yo hacía lo mío, le mamaba el culo, pasaba mi lengua por sus bolas, la metía en mi boca, y él ya no gemía, sino que gritaba, me decía que le diera más, que le diera una nalgada. Ufff yo jamás creí haber llegado a eso con Raúl, a quien veía como un hermano… Pero la estaba pasando de maravilla.
Me pidió “cógeme por favor papi, necesito que me cojas yaaaaa” lo tiré a un lado, agarré nuevamente el condón y cuando lo fui a poner, me dice “deja eso, no me insultes” lo miré extrañado y me responde “¿crees que conmigo te tienes que cuidar?”… entendí sus palabras y lo puse en posición fetal, con el culo saliendo de la cama, y lo penetré… no hizo falta cremas ni nada, yo estaba lo suficientemente mojado como para que corriera solito. Le comencé a bombear y él tenía que ahogar su llanto con una almohada, yo daba tantas envestidas como podía y con una rapidez increíble, le daba nalgadas, le alcé una pierna y me la puse en el hombro… le di hasta que tuve que parar porque estaba ahogado, el hambre estaba empezando hacer estragos en mi cuerpo y sentí mucho cansancio. Tenía la vista nublada y Raúl tocó ir por un vaso de agua, me la dio y me dio un beso. Me preguntó si quería un trago de whisky y le dije que sí.
Descanse como diez minutos con él a un lado mío, agarrando mi pene, bajándole todo el cuerito, manoseando mis testículos, y ya cuando me sentí preparado le dije: “túmbate en el suelo, acomódate con la cabeza abajo y el cuerpo arriba, sosteniéndote con la cama”. Yo mientras, acomodé mi cuerpo, mitad en la cama, mitad afuera, lo penetré quedando mi cuerpo de espaldas a su cara. Cosa que Raúl aprovecho para pasarme los dedos por la rajita de mi ano… cada roce me provocaba espasmos, mis envestidas iban aumentando… Raúl gemía a gritos, y yo ya estaba por correrme, presentía que en el momento más mínimo me corría. Le dije “te voy a acabar adentro” y solo me dijo, “acábame que me estás reventando”. Su aguante era tal que no entendí por qué no había acabado aún, pero lo que sí es verdad, es que yo le estaba inundando el culo con mi semen. Caí en la cama casi desmayado…. Bañado en sudor, sin nada de fuerzas, prácticamente muerto.
Mi amigo se levantó, ya que su posición era incomoda y se tiró encima de mí rozando su pene sobre mi culo, haciendo movimientos masturbatorios contra mis nalgas y yo solo podía atinar a acariciar su pierna en aprobación a lo que estaba haciendo… me dice “quiero acabar, puedes mamármelo para acabar en tu boca?” no me podía negar, él lo había hecho y yo debía regresarle el favor… aunque a decir verdad, más que un compromiso, deseaba hacerlo. Sentí cada convulsión de su pene… 7 imponentes convulsiones de semen que se depositaban en mi boca. A la 4ta ya yo estaba derramando leche por la comisura de mis labios, era mucha la cantidad que botaba, y cuando terminó, lo sacó de mi boca y enseguida comenzamos a besarnos tragando cada gota como lo habíamos hecho anteriormente con la mía.
Nos acostamos como por media hora. El hambre nos castigaba. Durante ese tiempo, no habíamos pronunciado palabra alguna. Y cuando decidí abrir la boca su dedo me la tapó diciéndome “no…. Me digas nada… después hablaremos de esto, te prometo que seremos los mismos de siempre… pero por favor, cuando nos sintamos preparados para hablar… hablaremos de esto”. Yo le respondí: “solo te iba a pedir que fuéramos a comer… vamos a la casa a buscar ropa, y nos vamos… recuerda que los chicos están esperándonos”.








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