Fue una fría y lluviosa noche de sábado, me encontraba en la universidad y disponía a salir del salón de clases, en el pasillo me encontré con Xandra, chica conocida con la que poco me hablaba pero que cuando lo hacíamos se nos pasaba el tiempo como si nada, ella también salía de su respectivo salón de clases, fue una casualidad aquel encuentro. La noche ameritaba para salir a dar una vuelta y buscar ¿porque no? un sitio para beber algo o mejor algo que calentara la noche. Me ofrecí a llevarla a la casa con el propósito de que me acompañara, mientras caminábamos hacia el parqueadero y sin ningún preámbulo le pase el casco, nos montamos en mi motocicleta, con la escasa lluvia que caía arranque a baja velocidad para que rindiera de a poco el recorrido. Me abrazo como es debido, sentí sus manos introducirlas dentro de mi chaqueta para que no se le enfriaran, con todo a la vista y después de andar algunas calles, hice un alto en el camino, me detuve en una esquina solitaria cuyo único testigo visible era una árbol frondoso que ofrecía un lugar para escapar de la lluvia que se había hecho mas fuerte, le pedí el favor a ella de bajarnos y conversar un poco, la verdad ya no quería beber nada, solo quise aprovechar aquella noche para hablar y ver que pasaba porque de una u otra forma ya habíamos sentido alguna química entre los dos. Me pose frente a ella y al tenerla cerca de mi mirar, vi sus ojos oscuros y brillantes, también detallaba sus apetitosos labios que solo invitaban al beso, beso que rompiera el hielo que existía. Jamás había pasado algo entre los dos. Minutos después de hablar algunas cosas, el silencio se apodero de nuestras voces, nos miramos y nos juntamos en un beso apasionado, que enardeció nuestros deseos. Nos besamos con deleite sin mirar quien pasaba por allí, pues en lo único que pensábamos en ese fugaz instante era en saborearnos mutuamente nuestras bocas.
No se que me paso, mis manos inquietas, sin pedir permiso alguno las dirigí a los senos de ella y lentamente fui acariciándolos con suavidad hasta llegar a sentir sus pezones, mis dedos notaron que estaban duros, exquisitos. En mi mente deseaba abrirle la camisa y saborearlos salvajemente con mi lengua, pues los presumía deliciosos. Sin embargo, entre el juego de mi mente y la realidad, daba rienda suelta a lo que venia sucediendo, ella sentía espasmos de placer que a su vez producían en mi una respiración mas profunda, en el acto, dirigió sus manos hacia mi entrepierna para descubrir que ya lo tenia duro. Desabrochó el botón del pantalón y fue bajando, con cuidado la cremallera. Introdujo su mano y me sacó el pene que yacía erecto y mojado por la excitación generada, seguidamente mientras lo tenía sujeto con la mano, ella dirigió una mirada voraz. No necesitó respuesta alguna de mí, ya que sus labios mudos le decían tácitamente lo que deseaba realizar. La oscuridad de la noche se volvió cómplice de tan alocada ocasión, me apoyé un poco sobre mi motocicleta y ella se inclino con el fin de meterlo en su boca, comenzó con pequeñas succiones, con la lengua y los labios ella se divertía, sonreía tenuemente, luego interrumpió tan fantástica mamada y se me abalanzó para darme un interminable beso. Xandra y yo dábamos muestra que necesitábamos más, se veía a leguas que alguno de los dos quería sentir algo fuerte, podríamos buscar un orgasmo que nos llevara al éxtasis, así que me deje llevar por la ocasión, ella montó una de sus piernas sobre el sillín de la moto, se subió la falda tomó mi mano y la llevo hacia sus panties, en donde mis dedos fueron zigzagueando hasta llegar a su húmeda y lubricada vagina que estaba sedienta de placer; tanto mi mano como la de ella iniciaron un juego de masturbación simultánea que culminó con un gemido espectacular, apretón de piernas y sendas eyaculaciones, mi semen caliente esparcido por toda su mano y mi mano empapada de su espesa miel.
Iban siendo la media noche, la lluvia seso definitivamente y sin decir palabra alguna y con la emoción reciente en nuestros mojados cuerpos, arreglamos nuestras ropas nos montamos en la motocicleta y continuamos el camino hacia la casa de Xandra, al llegar, la acompañe hasta la puerta, una vez allí, un fantástico beso de despedida, al darme la vuelta escuche decir si deseaba tomar un café u otra bebida… Yo, llevaba algún tiempo sin tener sexo y después de lo que había pasado hace unos minutos atras, no lo pensé y acepte, pues sospechaba del cómo podía acabar la noche, al fin al cabo la deseaba y ansiaba poseerla. Me adentre hacia la casa, me indicó el stand en donde estaban las bebidas y las copas. Ella necesitaba ir al baño para ponerse más cómoda.
Tentativamente comprobé mientras la esperaba que era una casa bien decorada con un buen gusto, lindos acabados, los muebles de la sala muy confortables, un bonito tapizado, mejor dicho observaba cada centímetro cuadrado y fue ahí que empecé a caminar por la casa mirando cada habitación, hasta que sin darme cuenta, llegue al dormitorio de ella, me causó curiosidad que la puerta estaba entre abierta, la abrí y observé que Xandra tenía una toalla alrededor de su cuerpo y gotas de agua bajando por sus brazos y piernas por lo que supuse que acababa de darse una refrescante ducha. Ella, omitiendo que yo la estaba fisgoneando se iba secando su cabello, yo seguía observando y repasaba literalmente lo que veía, no era una mujer delgada ni robusta, esbelta diría yo, Xandra tiene lindas y finas curvas las cuales se dibujaban con el blanco de la toalla que usaba alrededor de su cuerpo, lo que vi me encantó. Me acerque sutilmente a ella, la tome por su espalda sorpresivamente, ella como si supiera lo que podía acontecer no se asustó ni altero y al sentir esa respuesta sumisa, la fui acariciando despacio, a la vez le iba dando dulces besos por el cuello. Xandra comenzó a jadear y se dio la vuelta. Cuando sus ojos se posaron frente a los míos, no hicieron falta palabras, la toalla cayó al suelo y aunque hacia frio, ella y yo no lo sentíamos. Comenzó a desnudarme, sin dejar de besarme. Mordisqueaba mis labios con suavidad y las lenguas se fueron entrelazando hasta que las salivas quedaron fundidas en una sola. La tomé por sus brazos y la llevé a la cama. Sin esperar mas me puse sobre ella, besé su cuello, sus senos, su abdomen, busque con mi pene erecto y mi ser excitado el instante de poder penetrarla despacio muy despacio y ambos iniciamos movimientos suaves y acompasados para ser cada vez más rápidos y profundos. Las manos de ella recorrieron mi espalda, deslizándolas con mucha ternura, desde el inicio del cuello hasta llegar a mis glúteos y allí las dejó, para ir empujando mis nalgas contra su pubis. Xandra no podía dejar de gemir de placer, sus piernas me rodeaban por la cadera. Por mi parte yo, iba besando, lamiendo y mordisqueando sus senos, sus pezones; no podía aguantar más, necesitaba explotar y así se lo dije. Pero ella fue la que me embistió de una forma brutal haciéndome estar por debajo suyo, ahora Xandra cabalga sobre mi, totalmente apasionada, entregada a un excelente sexo, muestra de ello eran sus gemidos no tan escandalosos pero si con una dulce melodía que iban al vaivén de sus movimientos, mis manos se posaron en su culo para empujar agresivamente su cuerpo al mío, sentía como entraba y salía de ella incansablemente, gotas de sudor se confundían con las pocas gotas de agua que brotaban aun de sus cabellos. Quizás 20, 30 o 40 minutos que podría decir, sé que estuvimos enredados entre sabanas entregándonos pasionalmente y mutuamente erupcionamos con sendos orgasmos que nos dejaron exhaustos pero muy dichosos.Con súbitas sonrisas nos quedamos un rato en la cama charlando, Xandra se quedó dormida entre mis brazos. Mientras tanto yo me entretuve en observarla detenidamente. Sus ojos cerrados, su cabello largo y ondulado, su torso descubierto, sus senos redondos, su piel blanca y muy suave, en fin toda una mujer atractiva para cualquier hombre, pero yo era el que estaba ahí. Me gustaba definitivamente, me gustaba. Suspire mientras devolvía mi memoria instantáneamente y respecto al sexo que tuvimos no reparaba nada ya que en ningún momento del acto ella se cohibió, lo que me dejo satisfecho plenamente, luego entré en sueño profundo abrazado a ella.
Cuando desperté ya era de mañana, automáticamente recordé lo que hice en la noche anterior, no me lo podía creer la pase de perlas, me voltee y mire al lado contrario de la cama, no estaba ella pero allí había una nota, la cual decía que me tomara lo que quisiera de la cocina, que estaba la casa a disposición mía y que si quería la esperara por un rato pues llegaría con una sorpresa. Me pregunté si seria una locura quedarme, puesto que ignoraba si tenia un plan para los dos, sin embargo eso era lo que menos importaba porque de una u otra forma volveríamos a desearnos y acabaríamos nuevamente revolcándonos teniendo el mejor sexo por el cual no había tenido en varios meses.
Era domingo, no tenía trabajo ni clases, entonces decidí después de darme un baño pasar a la cocina y entretenerme un poco preparando una torta para compartirla con Xandra, pero ¿que sorpresa tendría ella para mí? … Esa es otra historia del cual contare en una próxima ocasión… imagínenla…








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1 comentario
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login Entrarque vacano cuando uno da con una mujer asi dispuesta a disfrutar y dejar disfrutar ,parcerito esas son las mujeres que uno necesita y que nunca lo dejan a uno varado jejejejejjeej