MI PRIMER TRIO
(Tercera y última entrega)
El sonido de sus ronquidos se me antojaba una tracto mula en primera subiendo la vía Villavicencio-Bogotá y, -ofendía según mi lujuria - a esa bella mujer de pelo alborotado y rostro apacible que en silencio y avergonzada, aguardaba cómo puede un cordero esperar el cuchillo filoso del carnicero.
Noté con curiosidad entonces que hasta ese momento ella y yo, sólo habíamos tenido un intercambio obligatorio de monosílabos sin importancia; y ahora a solas, no atinaba cómo acercarme.
Le ofrecí un trago de Ron y al coger la copa, nuestros dedos se tocaron. Un corrientaso que partió de mis huevos y recorrió mi estómago subiendo hasta mi pecho me corto la respiración y, me recordó, que la faena debía consumarse esa noche.
-¿Puedo besarte? -Recuerdo haber pedido temeroso obteniendo un anhelado sí por respuesta.
No importó el pendejazo que roncaba bocarriba ajeno a su acalorada realidad. No importó mi temor a una posible treta de su parte. La dulzura de su lengua hurgando mi boca con una pasión que en ella no adivinaba fue suficiente para lanzarme a fondo y cogerle sus ricas tetas. Ella gimió sin control y acarició mi verga por sobre mi pantalón mientras mis manos volaron tocando su culazo.
Con voz ahogada me pidió –creó yo por venganza- ir al cuarto contiguo y clavarla, más recordé el trato que hiciera con su marido (Juan) de culiar solamente los tres.
Luego de despertarlo, ella, en un arranque de desvergüenza se agacho, y mirando a su marido, abrió mi cremallera y como si él no existiese sacó mi verga enhiesta, húmeda y la hundió profunda en su boca. Su marido entonces abrió los ojos como huevos fritos y se comió la escena de una, puedo jurar que por un momento estuvo sin respiración.
La sensación de poder era magnifica, saber que el dueño de esa hembra –mi hembra- nos veía sin tomar medidas, me llenaba de una lascivia hasta ahora solamente imaginada.
Levantándola del cabello, me arrodille entonces en su lugar. Tembloroso baje su jean junto con su minúscula tanguita blanca hasta las rodillas; y hundí mi cara en su sexo, ese sexo que chorreaba jugos y me invitaba a comerlo literalmente. He de admitir, ahogarme en él, fue la delicia más exquisita jamás probada. Y no por falta de chochas en mí cara, sino por la situación del tercero en discordia.
Juan pasando saliva se despantalonò entonces febrilmente. Sacó su verga por sobre el elástico de su interior y dio inicio a un sube y baja desesperado mientras nos miraba; y su mujer entre tanto se contorsionaba apretando mi cabeza contra su centro líquido.
Luego abandonando el pajazo, Juan recostó solícito a su esposa sobre la cama y acto seguido, casi ahogándola metió su verga hasta los huevos en su boca. Ella mamaba y mamaba enloquecida, mientras mi lengua hurgaba más y más profundo en su sexo.
Seguidamente, entre los dos la desnudamos y con la premura de la desesperación me saque la ropa, para luego subir sobre ella y penetrarla, una y otra vez hasta derramar mi leche sobre sus tetas.
Pasados unos segundos, agotado, sin aliento pero satisfecho, gire de costado mientras veía como mi socio se metía de cabeza entre los muslos de Lucía, mi Lucía.
Así fue casi toda la noche, polvo tras polvo, durmiendo y pichando.
He de admitir que nunca, hasta ese momento, disfrute tanto de una noche de sexo y pasión; y aunque mi primer trio no fue con dos chochas como lo había soñado, sí goce de una, a la mujer de mi amigo, plena y ampliamente.
Temprano en la mañana-ella y yo- echamos el último polvo cuando mi socio y hermano de leche fue por unas cervezas. Luego me bañe y camine por las calles frías y peligrosas del barrio Cundinamarca, sintiendo entre las piernas el recuerdo de un sueño casi…que cumplido.
Fin








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