El invierno golpeaba impiadoso en la ciudad, nadie quiere salir, ni de su casa, ni de su cuarto ni de su cama, sin embargo esa jornada, muy temprano Salí, mas impulsado por la obligación del trabajo a enfrentar el clima helado y lluvioso de Bogotá.
Mi esposa que ese día contaba con la deliciosa fortuna de descansar, permaneció recogida, caliente y profundamente perdida en sus sueños, aferrándose a las cobijas. yo, envidiando su situación caminaba en el helado viento que hacía que dolieran los pasos. Esperando que el transcurrir de las horas terminara por darnos un clima un poco mas cálido.
Pero no! , ni dejo de llover ni dejo de hacer frio, y el día en el trabajo fue aburridor como nunca, y yo solo pensaba en mi esposa, en su nube, bajo sus cobijas.
Como pasadas las dos de la tarde, recibo una llamada de mi esposa, me dice que tenemos visita, Tamara, una de sus conocidas del trabajo, le dio por ir a conocer la casa. Angie me conto con algo de disgusto, que aunque le parecía un buen gesto de parte de Tamara, le molestaba haber tenido que levantarse en medio del frio que hacía a atender a su amiga.
Cuando llegue a la casa en la tarde, Tamara estaba a punto de irse, mi esposa atenta me la presento, tenía como 25 años, pelinegra de piel blanca, como de 1,65 de estatura, llevaba un jean y una blusa ajustada de color gris muy descomplicada. En el momento no le preste mayor atención, simplemente era una más de las amigas de mi esposa. Ya se despedía, cuando de repente, la lluvia constante durante todo el día, llego a su clímax en una tormenta que golpeaba como misiles el suelo con sus grandes gotas. Lo que impido la salida de nuestra visita.
La tormenta se mantenía y no parecía dar tregua, Tamara debía caminar un buen tramo para tomar el transporte público, por esa razón pospuso su salida de nuestra casa, se sentó de nuevo en la sala y comenzamos a hablar de diversos temas.
El frio se tomaba cada vez más el lugar, y mi esposa decidió invitar a Tamara a nuestro cuarto a ver una película. Yo me recosté en la cama y a mi lado mi esposa, y en la orilla al lado de ella se sentó Tamara, nuestro cuarto más acogedor y con la puerta cerrada generaba un ambiente mas cálido.
Comenzamos a ver la película, y para terminar de matar el frio decidí traer de la cocina media botella de aguardiente que había guardado hace tiempo, y mi esposa y yo nos metimos bajo las cobijas disculpándonos con la visita que permaneció aun sentada en la orilla de la cama.
Mi esposa en la mitad de la cama, comenzó a repartir los tragos, y el frio se fue apaciguando aun mas, luego Angie invito a Tamara a que se quitara los zapatos y que se sintiera en confianza de meterse bajo las cobijas. Ella con algo de timidez accedió, y continuamos viendo la película.
En un momento en una de las escenas de la película dos mujeres se besaban apasionadamente y se acariciaban, la escena se hacía interminable y yo, entretenido pero a la vez incomodo por la compañía de la amiga de mi mujer, no sabía si voltearlas a mirar o no, sin embargo, cual adolescente, guardaba un especial deseo por mirarlas y ver que gesto les producía las imágenes que tenían al frente. No aguante mas y voltee lentamente la cabeza y las observaba de reojo, tenían las mejillas rojitas y creo que el frio ya no era problema, tanto la película como el aguardiente hicieron su efecto y a pesar del clima, la temperatura del cuarto había cambiado.
Estaban atentas con la mirada clavada en el televisor, de pronto me fije que en el espejo, cercano al televisor, las podía observar detalladamente sin que notaran fácilmente mi mirada, me di la vuelta lentamente e hice como si ya no estuviese viendo el televisor tampoco. Cuando termine de darme la vuelta, mi esposa salió de su concentración en la película y rompió el silencio, - amor? Amor?, um creo que se durmió, raro porque a él estas escenas de mujeres no le producen precisamente sueño- dijo mi esposa ya dirigiéndose a Tamara,
-debe de estar cansado- replico Tamara- y porque dices que esas escenas? No me digas que también fantasea con lesbianas igual que mi esposo?-
Comenzaron a hablar en voz muy bajita pensando en no despertarme y dejarme descansar.
-jajaja si esa parece ser una fantasía general, lo que pasa es que algunos no lo confiesan, pero casi todos los hombres sueñan con ver a dos mujeres en esas- dijo Angie
Las dos mujeres en mi cama parecían haber perdido el interés en el filme y en voz baja iniciaron una nueva tertulia sobre sus esposos y las fantasías. Yo supuestamente dormido, sin poderme mover, sufría la lucha de mi verga completamente endurecida tratando de liberarse de la presión de mi pantalón aun puesto. La conversación de mi mujer con su amiga me había llenado de morbo e hizo su trabajo convirtiéndolo en una erección.
-por que les gustara tanto ver mujeres con mujeres, que se sentirá? Siempre me he preguntado- le decía Tamara a Angie.
-a mí también me da curiosidad- contesto mi esposa.
Y de repente, se hizo silencio y por el espejo vi las miradas fijas de ellas dos, y un par de risitas y el color aun mas rojo en sus mejillas me hizo volar mi imaginación y me sentí como un iluso morboso que se creyó con suerte por un instante. Cuando de pronto paso algo a lo que no daba crédito, se miraron con lujuria y se fueron acercando lentamente y se fundieron en un beso húmedo, con fuerza y pasión sus lenguas bailaban, probando sus salivas que brillaban cuando se asomaban en el jugueteo de sus labios. El beso que veía me detuvo en el tiempo, creo que hubiese olvidado hasta mi nombre, estaba viendo a mi esposa rumbearse a otra mujer, pero todo no se quedo en eso.
Al terminar ese beso, se rieron, - es delicioso- dijo Tamara, - si es muy excitante, con razón los hombres disfrutan tanto de ver estas cosas- respondió mi esposa.
Y sin decir más se abrazaron y volvieron al juego de sus lenguas, la excitación era gigante, se manoseaban ahora con morbo, se apretaban. Y yo, no tenía idea de que hacer, si me movía y hacia que me despertaba podía dañar todo y por pena tal vez se detendrían, pero si no lo hacía tal vez se iban a limitar por temor a despertarme y me iba a perder de un espectáculo mejor.
Finalmente me decidí y me senté rápido en la cama y las mire, duraron unos segundos más sin percatarse de que las miraba y de repente Tamara me vio y se asusto y soltó a Angie.
Ambas asustadas no sabían que decir, se dejaron llevar y ahora al sentirse “descubiertas” no sabían cómo actuar. Yo me levante de la cama y me senté en una silla que había en el cuarto y ellas pudieron notar mi verga levantada que quería escapar de mi pantalón y con mi mirada las invite a continuar con su experiencia.
Aun con algo de indecisión al principio, pero al notar mi erección y mi actitud, mi esposa ya decidida quito las cobijas que las tapaban y se quito el pantalón y la blusa quedando en una ropa interior muy pequeñita como la que a ella le gusta usar normalmente, de color negro, al verla Tamara la siguió, y ya la vi con otros ojos, perdí el respeto y la mire ahora si detenidamente, tenía unas tetas paraditas y grandecitas, y un culo redondo y provocativo. Se desprendía de su ropa lentamente y su piel estaba erizada. Tenía unos cacheteros blancos y un top igualmente blanco. Solo se dejo en cacheteros dejando sus tetas al descubierto.
Angie se abalanzo sobre ella y comenzó a acariciarla recorriendo su culo con sus manos. Los besos cada vez más apasionados y la mano derecha de Tamara se perdía en la tanga de mi esposa escudriñando su sexo, Tamara retiro el sostén de Angie y comenzó a chuparle las tetas y lamerlas mientras ella bajaba lentamente sus dedos por el ombligo de nuestra invitada hasta llegar a su chocha. La masturbaba con gran destreza, los gemidos de ambas comenzaban a resonar en mi cabeza, mientras mi verga enrojecida tenía ganas de estallar, la saque de mi pantalón y comencé a hacerme una paja en honor al espectáculo.
No podía creer lo que veía, me sentía el hombre más afortunado del planeta, dos mujeres en mi cama haciéndolo. No me atrevía a meterme, mi esposa me tenía muy claro que nunca debía participar si ella no me lo autorizaba, era la primera vez que pasaba eso, pero mientras ella no lo permitiese no tocaría a su amiga ni a ninguna otra mujer. Pero eso no importaba, ya solo con ver ese espectáculo en vivo y en directo yo me sentía en el paraíso.
Tamara acostada boca arriba se retorcía de placer mientras mi esposa bajaba lentamente recorriendo su piel con la lengua, se desplazaba con destino a su entrepierna, el paso por el ombligo acelero aun más la respiración de ambas, mientras las manos de Angie arrancaban el cachetero de Tamara, la lengua rozo el clítoris y la invitada soltó un gemido, ya estaba allí, Angie saboreaba la chocha de Tamara y probaba las mieles de su cuerpo. La invito a ponerse en cuatro, y comenzó a lamerla por detrás alternando las lamidas entre su ano y la chocha.
Tamara me miraba pajearme y mi esposa de vez en cuando me miraba y se sonreía, sabía que me estaba dando uno de los más grandes regalos de la vida y lo mejor era que ella lo disfrutaba como la calentona que es.
Después de darse gusto con el culo de Tamara, Angie se acomodo debajo de ella para su primer 69 con una mujer, la imagen no fue inferior a la expectativa, años de porno jamás superarían ese espectáculo en vivo, olor a sexo, a chocha, dos mujeres saboreando su sexo, dos hermosas mujeres dándose placer
Me moví de mi silla para ver las lenguas perderse en las chochas húmedas y calientes, duraron un buen rato dándose placer oral, y luego mi esposa invito a su amiga a cruzar sus piernas en tijera para rozar sus chochas entre si.
Ambas me miraban masturbarme y eso las excitaba aun mas, mi esposa se puso en cuatro con el culo hacia mí, y me dijo, tu turno.
Salte catapultado por el júbilo, con la verga explotando, y la embestí con pasión, con deseos de agradecerle en esa culiada el espectáculo visto. La cogí de su cintura y le di verga como si fuera la última vez, tratando de controlarme para no venirme rápido de lo excitado que estaba y la paja que ya me venía haciendo. Pero Tamara no se quedo quieta y se paso por debajo de Angie y comenzó a lamernos tanto mi verga como la chocha de mi mujer, comenzó a dar lengua mientras yo se lo empujaba a mi esposa. Creció más mi excitación y la de Angie que gritaba de placer.
Ya no pude más y antes de venirme se la saque, y ya entrados en gastos, les pedí a las dos que se acomodaran juntitas para recibir la leche, comenzaron a lamer la boca de la otra y metí la cabeza de mi verga en medio del beso, y me vine a chorros, cayendo gotas en sus tetas mientras ellas compartían la leche en el beso.
Terminado el acto, fue difícil romper el silencio, habían risas nerviosas, no lo podíamos creer, luego que hablamos concluimos que fue una experiencia que jamás olvidaremos y dijimos que algún día lo repetiríamos y que tal vez Angie me deje participar más de la próxima, aun mejor si el esposo de Tamara viene también y las compartimos. Las horas y los días que precedieron ese momento fueron de sexo aun más intenso con mi esposa recordando el morbo y la excitación de semejante experiencia.








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1 comentario
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login Entrarq riko su comentario me coloco de pie es decir erecto muy bn esta super bn contado