La Niña De La Boca De Fresa
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 7 min de lectura calendar_today Junio de 2013

La Niña De La Boca De Fresa

No podía creer que luego de catorce meses de charlas insinuantes finalmente estábamos en esa habitación de motel, no se sí es normal, pero debo admitir que me atrae el hecho de que una mujer este comprometida, me encanta el morbo que eso significa, poder imaginarme como la penetra otro hombre,....

christianj

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No podía creer que luego de catorce meses de charlas insinuantes finalmente estábamos en esa habitación de motel, no se sí es normal, pero debo admitir que me atrae el hecho de que una mujer este comprometida, me encanta el morbo que eso significa, poder imaginarme como la penetra otro hombre, como se deshace en las manos de otro, imaginarme sus gemidos, en fin ella era lo que yo deseaba desde hacía mucho tiempo y finalmente la tenía en mis manos...

Todo comenzó hace algo más de un año, nos conocimos por azar, de inmediato hubo magnetismo, una sensación de complicidad, desde que la vi le tuve ganas, pero el universo conspiraba, y yo cada día más antojado. Anastasia, una mujer exquisita, culta, inteligente, un metro sesenta y pico, unos cincuenta kilos, ojos castaños claros, piel suave y blanca, sus labios gruesos me tentaban, y su cara pícara... Whatsapp fue una forma de acercarnos, nos permitió conocernos, ella era una exquisita viciosa por el sexo, yo me sentía en celo, cada vez estaba más antojado, pero siempre sucedía algo que nos lo impedía.
Hasta ese momento nos habíamos visto personalmente solo dos veces, a pesar de todas las charlas que habíamos tenido, finalmente accedió a que nos encontráramos, para tomarnos un café, a las 8 am en un centro comercial.
Me saludó con un beso húmedo, delicioso, pase mi lengua por sus labios ella mordio suavemente mi labio inferior y mis ganas se hicieron insoportables, una cosa llevo a la otra y luego de charlar por muchas horas de banalidades, me contó que había publicado un relato en guía cereza, (luego lo leí, y ver lo que le hizo a ese señor me excitaba más y más, su perfil tenía dos fotos, una en la que mostraba su delicioso culo, y otra en la que la estaban penetrando, esta mujer era lo que yo deseaba), la acompañé al baño, pronto nos descubrieron y tuve que salir, pero no sin antes tocar su sexo, lamí suavecito su clítoris, y su olor me embriagó. Ese día no se pudo hacer más, mi deseo subió hasta las nubes. Cada vez que pensaba en ella me ponía como un riel, quería lamer ese chochito delicioso, bañarme en sus jugos, llenarme las manos con ese líquido tibio y delicioso.
Dos días después, nos encontramos en Galerías, ya habíamos acordado todo, ese día iba a ser... Finalmente catorce meses de charlas con esa viciosa sexual iban a convertirse en realidad, abordamos un taxi en la 53, hablamos de su relación, que mierda si amaba a ese hombre, y de como esto que estaba a punto de pasar no la iba a afectar.
No podía creer que luego de catorce meses de charlas insinuantes finalmente estábamos en esa habitación de motel, nos besamos, lentamente le quité la blusa y cuando cayo pude ver esos senos pequeños, firmes, sus pezones crispados y duros, consiguieron en mi otra erección más, pasé mi lengua con paciencia, por el derecho mientras mi mano ansiosa afirmaba el izquierdo, ese torso blanco que recorrí con la lengua, y con mis manos ansiosas, yo deseaba que perdiera la cabeza, el olor de su piel ya había conseguido que yo perdiera la mía, no deje que me desvistiera, quería que sus ganas se multiplicaran, con calma le bajé el pantalón, y pude ver una hermosa tanga negra, que ya estaba mojadita, lamí sus jugos por encima, ese sabor me deleitaba, la besé, se notaba como disfrutaba el sabor de su coño en mis labios, en medio de ese beso húmedo le baje la tanga, me lleve la sorpresa de mi vida, su sexo era aún más hermoso en persona, rosado, húmedo, perfectamente depilado, sus labios mayores eran gruesos, y permitían ver unos exquisitos y prominentes labios menores, ver no aguanté más, me sumergí en sus aromas, y comencé a darles placer con mi lengua, me comí ese coño con ganas, como se besa a una quinceañera, y sus fluídos me cubrieron desde la nariz hasta el mentón, use unas bolas ben wa, lentamente las introduje y vi en su cara una mueca de placer, le di la vuelta acaricié su espalda, quería lamer cada centímetro mientras tiraba su pelo con fuerza, sus nalgas se apretaban y yo lo sentía en mi pecho, quería ese culo para mi.
Me dejo ver que ahora ya era su turno, sin calma me desvistió, poseída por el deseo metió su mano en mis bóxers y haló mi falo que estaba como una piedra, lleno de líquido cristalino producto de mi excitación, lo saboreó y su cara me dejo ver cuanto placer le producía, y si mediar palabra lo introdujo dentro de su boca, lamía el glande, y succionaba con ganas el placer que me produjo es indescriptible, luego con tomo mis testículos en su mano mientras seguía, los lamió y siguió hasta el periné, oh que placer, el sexo oral me hizo perder la cabeza, le pedí que se diera la vuelta, quería saborearle el coño mientras me daba placer, y con cada paso de mi lengua se retorcía, apretaba y suavemente mordía mi pene, creí que no iba a aguantar tanto placer, yo introducía mi lengua en su cuquita, lamía su clítoris y dejaba que ese delicioso olor a sexo se metiera por mi nariz y me embriagara, jugaba al tiempo con las bolas ben wa, y disfrutaba sus espasmos. Pero yo no la iba a penetrar hasta que ella lo pidiera, hasta cuando su excitación hiciera que esa princesa se convirtiera en una puta deseosa.
Y llego el momento, mi princesa de boca de fresa, de labios menores prominentes y jugosos no aguanto más, "lo quiero adentro", fueron las palabras más candentes que había escuchado hasta ese momento, tome un preservativo, rápidamente me lo puse y se sentó, la penetre como sí mi pene fuera una espada, sin piedad, hasta la raíz, sus ojos se pusieron en blanco, y un gemido de placer invadió la habitación, mi princesa puta, me cabalgó como una vaquera, "que verga deliciosa" me dijo, y el morbo, que creí ya era insuperable se elevo a las nubes, nos mirábamos en el espejo y veíamos como mi pene se abría paso a través de sus labios y salía nacarado, ya no húmedo sino empapado en ese delicioso fluido, sus entrañas tibias palpitaban, y sus grandes labios menores abrazaban mi pene multiplicando el placer, joder, que bueno era esto, quería que me cabalgara hasta el final de los días, que esté momento fuera eterno, yo apretaba sus nalgas, acariciaba su espalda, su abdomen, cogía sus teticas chiquitas y deliciosas, mordí sus pezones, le mordía suavecito la cara, y halaba su pelo hacia atrás, su mirada apuntaba al techo y sus gemidos se hacían cada vez más rítmicos y potentes, en ese momento tuvo un orgasmo delicioso, mi escroto y las sábanas se llenaron del líquido producto de su excitación, y las convulsiones de su cuerpo me produjeron un placer indescriptible, su respiración era jadeante, su voz se entrecortaba. Yo quería seguir, quería seguir clavando mi falo en esa sensación de humedad, la suavidad de su chochito y el sonido se sus gemidos en el ambiente, la habitación se había ensolvado con ese delicioso olor a sexo, el sabor de su piel y la suavidad de sus labios gruesos, quien querría finalizar con esto?
Todavía tenía una parte de mi cabeza fría, quería seguir infringiéndole placer, en ese momento me dijo las palabras más excitantes, "dámelo", le pregunte donde lo quería, me miro con picardía y me lo pidió en la boca (¿como sabía esta mujer que eso me excitaba tanto?), me hizo perder la cabeza, y sucedió como sí hubiera apretado un botón para abrir el grifo, inmediatamente sentí que iba a eyacular, no me pude contener, apreté los músculos de mi entrepierna, para darme tiempo a sacarlo, y quitarme el condón, y sentí sus delicados labios al rededor de mi glande, me relaje y deje que mi semen invadiera su boca, no dejo ni una gotita del primer chorro, no vi una sola gota de mi leche, y succionó lo que quedaba.
La miré, su cara de picardía era excepcional, nos recostamos un ratito, yo quería repetir ya, la acaricie y la bese, pero el resto hará parte de otro relato.

— christianj

12 de junio de 2013

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