Hola cerezos y cerezas :)
Hoy les contaré la experiencia de mi primer trio, aunque nunca lo hubiera planeado.
En mi trabajo de publicista he llegado a conocer gente muy loca, curiosa, extravagante y en particular open mind (mente abierta).
Entre ellas esta Diana, una diseñadora gráfica de 26 años; aunque muy sensual, es alguien algo tímida, o eso es hasta que la conoces mejor.
Entre nuestras conversaciones compartimos nuestras experiencias sexuales. Ella esta casada con un ingeniero de 35 años, y las cosas que hace con él me dejan sorprendido. Es una mujer que sabe lo que quiere en cuestiones de cama.
Un día al salir de la empresa fuimos a un bar a tomar para celebrar un logro que tuvimos con una cuenta de la agencia. Y como es bien sabido el licor es un desinhibidor muy efectivo.
Estabamos sentados en un cómodo sillón dentro del bar, y ella se acercó más a mi. Siendo ella mujer casada no me atrevía a llevar la situación más allá, por respeto a su relación.
Hay algo que sé que muchos y muchas me darán la razón, pero cuando una mujer quiere conquistar saben como controlar la situación, ya sea con la mirada, el movimiento del cabello, el tono de voz y en en este caso, el busto.
Diana se levantó al baño, nada raro hasta ahí, pero cuando volvió inmediatamente me di cuenta que uno de los botones de la camisa que usaba estaba suelto, dejando sus senos presentables en un provocativo escote.
Yo estaba algo nervioso, es como esas escenas donde tienes un diablo y un ángel parados sobre tus hombros aconsejándote lo que deberías hacer.
Diana es mi tipo de mujer, es creativa, espontánea, divertida, inteligente, cabello castaño oscuro, mirada tierna y sonrisa alegre. Pero esa noche era su cuerpo el que me atraía.
Sentada de nuevo a mi lado comenzó a hablarme más pegado al oído con la excusa de que "la música estaba muy alta". Sentía el aroma de su perfume y su expiración en mi cuello con cada palabra que me decía.
No soportando más le di un beso suave, despacio y corto pero arriesgado. Ella quedó con lo ojos abiertos, simulando sorpresa, quedé congelado... ¿Hice lo correcto? ¿En realidad no era lo que ella quería?
Mis dudas fueron despejadas con otro beso de ella en respuesta al mio, esta vez más intenso, apasionado, ella mordía mi labio inferior y yo pasaba mi lengua sobre los labios de ella, puso su mano en mi pierna y fue subiéndola hasta llegar lo más arriba. Yo pasaba mi mano sobre su cintura y levantando un poco su camisa logré acariciar su suave y blanca piel. La temperatura y la líbido fue creciendo, sin intercambiar palabras sabíamos lo que queríamos.
Ella me había dicho que su marido no estaría esa noche, que estaba en Medellin debido a su trabajo y que su apartamento se encontraba solo.
Terminamos de un solo sorbo nuestras bebidas y tomamos un taxi hacía allá. Le pregunté si no habría problema con el portero al ver que entraba con alguien que no fuera su esposo y ella me dijo que no pasaba nada, por lo que tuve que confiar en ella.
Subimos hasta el tercer piso, entre besos, caricias y manoseos, abrió la puerta y apenas la cerró la llevé contra el sofá de su sala y la acosté, besaba su boca, su cuello, bajaba hasta su pecho, solté todos los botones de su camisa dejando el brasier expuesto, ella se levantó, yo quedé sentado cuando comenzó a soltar el cinturón y a bajarme el pantalón, sacó mi pene y lo apoyó en sus labios. Levaba meses contándome que hacía buenas felaciones y yo estaba a punto de descubrirlo.
Jugaba con la punta de su lengua en mi glande, besaba el tronco, daba pequeños mordiscos, me tenía impaciente, sus pequeños juegos con mi miembro me hacían desearla más, hasta que sin aviso alguno se la metió en su boca.
¡Ohhh! que delicia, su cálida boca acobijaba centimetro a centimetro mi pene, este se endurecia con cada succión que recibía. Diana no me había mentido, en realidad sabía darle placer a un hombre. Lamia, chupaba, succionaba y escupia mi miembro, era placentero tanto verlo como sentirlo. Se detuvo, se puso de pie y yo le ayudé a bajarse el pantalón. Usaba un sensual hilo color rosa intenso o fucsia como también le dicen, que hacía juego con su sostén.
Besé su vagina por encima de la delgada tela, iba notando como se humedecía y se pegaba a ella. Con mi mano la corría para un lado y pase mi lengua por su clitoris. Ella se estremeció, colocó sus manos sobre mi cabeza y la apretaba para que yo no me retirara. Succionaba, lamia, exploraba aquella hermosa cavidad, me encanta darle placer oral a una mujer y en el caso de Diana estaba extasiado, su cuidado era impecable, estaba rasurada y expelía un delicioso aroma que antes no había probado.
Sentí curiosidad por su ano, ya que ella me contaba que le gustaba ser penetrada por ese lado, así que moje mis dedos con saliva y algo de su lubricante natural y los pase por su ano, introduje un dedo y lo movia simulando una penetración, ella no se resistió, así que probé con un segundo dedo, el cual me sorprendió lo fácil que ingresó.
Entonces me levanté, terminamos de desnudarnos y la puse de rodillas en el sofá. Acerqué la punta de mi pene a su vagina y la introduje de un solo empujón; era cálida, humeda, deliciosa. Su cuerpo inspiraba mucha exitación, sus senos que no son grandes, pero tampoco muy chicos, pendulaban con cada embestida, mis muslos chocaban con los de ella, sus gemidos llenaban el lugar, con mi mano acariciaba su espalda y con la otra jugaba con su culo, escúpia sobre él e introducia mi dedo gordo.
Luego me senté y ella se subió sobre mi, colocando sus pezones frente a mis ojos, estaban duros, parados, y apuntaban hacia mi como pidiéndo que jugara con ellos. Yo los tomé con mis manos y pasaba mi lengua sobre ellos, apretaba sus senos y llevaba mi cara hasta ellos, para besarlos, besaba su cuello y su boca, tenía a mi diseñadora en todo su esplendor, probando cada parte de su sexo.
No quise esperar para explorar su culo, le pregunté si estaba de acuerdo, y ella sin decir nada sacó mi verga de su vagina y la apuntó contra su otra entrada. Fue sentándose poco a poco mientras apretaba sus ojos y dejaba su boca abierta, como ahogando un sutil grito. Poco a poco mi pene iba siento consumido por ese ano, la delicia de sentir un espacio tan estrecho es incomparable, el sexo anal es de las mejores cosas que un hombre puede sentir.
Por fin, Diana había introducido todo, esperó unos segundos y empezó a subir y bajar, primero fue despacio, pero aumentaba su cabalgada, al parecer lo disfrutaba, ella llevaba el control y yo no podía creerlo. La miraba, veía sus gestos, sus ojos expresaban alegría absoluta, hasta que algo llamó su atención por detrás de mi hombro izquierdo...
¡Ohhh! El frío recorrió mi espalda, realmente no lo esperaba, no sabía qué hacer... Su esposo estaba detrás nuestro, fuimos pillados, atrapados con las manos en la masa, o bueno, en su esposa.
Instantáneamente bajé a Diana de mi y cubriéndome con la ropa que había en el piso me levanté. Con mi voz ya nerviosa trataba de convencer a aquel hombre que la había embarrado, que no era nuestra intención y que todo fue culpa mía.
Entonces él se acercó sin decir nada, su cara estaba muy seria, fue ahí cuando noté que bajo su bata se asomaba su verga ya parada y dura. Se acercó a Diana tanto que su miembro quedó frente en su cara. Ella la tomó y la chupó sin decir nada.
Quedé confundido, eso no me lo esperaba, miré a Diana y ella estaba como si nada estuviera pasando. Fue entonces cuando David, su marido, me dijo que continuara en lo que estaba.
¿¡QUÉ QUÉ!? Estaba siendo invitado a un trío por él mismo, dudaba si lo decía en serio o era alguna trampa. Diana dejó de chupar su pene y se acercó a mi, diciéndome que no había nada malo, que era mejor que siguiera el juego. Retiró mi mano que cubría mi desnudez y se llevó de nuevo mi pene a su boca, que del susto ya estaba flácido.
Era muy morboso ver como su marido nos veía en pleno acto, él se quitó la bata y se acercó a mi, se agachó al lado de su esposa y le sacó mi verga para llevarsela a su boca. Que maravilla, tenía a una pareja dándome placer oral, por un lado la boca tierna y suave de Diana y por el otro los labios duros y fornidos de David, su esposo.
Inmediatamente me puse a mil, se me puso tan dura al ver como mientras ella succionaba mi glande él jugaba con mis testículos.
Diana se levantó, se puso en el sofá de espalda ofreciéndome su culo y yo accedí a ella, lo humedecí con saliva y la penetré, un ligero grito salió de ella, llegué hasta su fondo y la volví a sacar, volví a introducirme entre ese estrecho hoyo y moví mi cintura en contínuas penetraciones mientras ella iba chupando el pene de su marido.
Entonces él se retiró, se colocó detrás mío y me dijo que él también quería probar sexo anal mientras ponía sus manos en mis nalgas. Entendí el mensaje, no hablaba del trasero de su mujer, sino del mío. Humedeció sus dedos y los colocó en mi entrada, hasta que logró introducir el primero, escupió sobre ellos e incertó un segundo. Sentía su verga apoyada en mis glúteos mientras yo penetraba a Diana con dos dedos de David en mi ano. Entonces tomó su miembro con sus manos y lo ubicó a la entrada, yo detuve mi movimiento para permitirle su ingreso. David empujaba lentamente y centímetro a centímetro su pene que iba entrando en mi.
Estaba bien parado, duro, también depilado, su tamaño igual al mio, cabezón y venoso, todo eso se hundía en mi, sentía gozo con ello, ser penetrado por alguien mayor siempre ha sido mi dicha con otros hombres, pero esta vez fue más que eso, estaba siendo penetrado mientras penetraba a una mujer, era placer por ambos lados. Por fin su verga entró por completo, yo continúe en penetrar a Diana y por cada que salía de ella David ingresaba en mi y viceversa.
Era la locura, un trío bisexual, alguien empujando su verga en mi ano y yo penetrando el ano de una mujer. No miento cuando les digo que es de las mejores y más fantásticas experiencias que existen, todo lo bueno del sexo en un mismo lugar.
Entre la lujuria, lo erótico, lo exitante, las sensaciones, el morbo y todo lo que se puedan imaginar ví cómo Diana apretó la silla y su vagina empezaba a soltar fluido en mayor cantidad, sentía los espasmos de su orgasmo apretando mi pene dentro de su ano, inmediatamente David se vino dentro mio, sin aviso ni tiempo de decidir, sentía su semen caliente inundando mi intestino, cada bombeo era intenso, me gusta ver y sentir cuando un hombre se viene, pero nunca lo había sentido adentro. No pude soportar más y mi pene estalló dentro de Diana, bombeaba semen dentro de ella y en cada uno sentía como apretaba la verga de David. Fue un orgásmo triple iniciado por ella.
Nos tumbamos en la silla, sudorosos, jadeantes, contentos. David sacó una botella de vino y celebramos nuestro logro. A la semana siguiente en el trabajo Diana me confesó que ella y David tenían esa fantasía de tener un trío, y como ella sabía de mi bisexualidad organizó todo para que sucediera y que la mentira del viaje de su marido era parte de su truco para convencerme a hacer algo que no iba a hacer con una mujer casada, porque ella sabe que yo respeto las relaciones ajenas.







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1 comentario
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login Entrarnunca iva leio un relatotan raro como este, pero como lo que ino empieza jay que terminarlo.