Conocí a Alejandra en la comunidad cereza, salimos unas pocas veces, nos habíamos entendido bien horizontalmente y nos gustaban nuestros encuentros. Un día, hablamos de nuestras fantasías, de lo que queríamos hacer pero no nos habíamos atrevido a decir nunca, y yo dije (aunque casi no lo hago) que mi fantasía era con una colegiala, a lo que sorprendentemente ella me contestó de manera cómplice, diciendo que podría ser una buena idea. Pero a pesar de la inmensa curiosidad que me despertó, no me dijo más que eso.
Luego de unos meses eternos de no vernos y casi ni hablarnos, porque ambos habíamos tenido pareja, nos saludamos muy alegremente recordando nuestras noches de sexo sin control y quedamos de encontrarnos e ir a un motel a desatar nuestras pasiones reprimidas.
Llegado el día, la esperé la salida de la Universidad y apenas la vi el deseo fluyó tan rápidamente por mi cuerpo que ni siquiera la saludé, sino que me abalancé sobre ella abrazándola y besándola apasionadamente, pues sus labios siempre han sido sensuales, provocadores y deliciosos, como un interruptor que enciende mi libido y me pone a mil. Tan apasionadamente nos estábamos besando, que nos dio algo de pena por estar en un sitio muy concurrido, paramos, nos calmamos y sentamos, hablamos unos minutos de lo mucho que extrañábamos estar juntos, de lo delicioso que era el sexo entre nosotros, y vencidos por el deseo nos fuimos rápidamente para un motel.
Estábamos en la habitación del motel, besándonos como si necesitáramos acabar con nuestros labios esa misma noche. Yo disfrutaba de sus excitantes labios, de su lengua, acariciaba su piel, todo su cuerpo… nos acariciábamos cariñosamente, nos abrazábamos fuertemente, sentíamos ese calor sensual que despedían nuestros cuerpos. De pronto, ella me dijo que debía ir al baño, y le pedí que lo hiciera rápido, que no aguantaba más, a lo que me respondió que ella tampoco quería esperar más, que estaba muy excitada, pero que solo tardaría unos segundos.
Al esperar, se me bajó un poco la calentura, pero al fin salió, y... ¡Ho sorpresa! Apareció una colegiala hermosa con su uniforme, bajo el cual solo tenía un top pequeño, peinada como una niña, y con una actuación adolescente digna de un premio de la academia… -Y ahora cómo quieres que juguemos?- Me dijo descaradamente –Sabes que es lo que quiero? mmm… te voy a violar hasta que me canse…- le respondí al oído. Preguntó entonces: –Y cómo quieres hacerlo? – contesté: -Pues mira lo que traje- mientras le mostraba unas esposas que había comprado justo para la ocasión, sin pensar que encajarían tan perfectamente con el momento.
A continuación, acordamos nuestro juego: ella estaría en el colegio, castigada, sola, en un salón, al que entraría yo como un total desconocido, la abordaría, y la empezaría a acosarla, mientras ella trataba de rechazarme. Acordamos una palabra de seguridad, por si alguno quería parar en algún momento el juego, e iniciamos:
- Qué haces acá a esta hora muñeca?
- Usted quién es!?
- Eso no importa encanto, no seas maleducada… aún no respondes mi pregunta.
- Estoy terminando una tarea, pero ya me iba (y corrió hacia la puerta)
- Un momento (mientras la sujetaba de la cintura)… no sabes que ya no hay nadie acá…
- Noooooooooooo! SUÉLTEME!...
- No grites! (mientras le sujeto la cintura fuertemente), nadie te va a escuchar, y solo te harás daño… acaso eso es lo que quieres!?
- No, no, no, solo quiero irme, por favor…
- Claro, en un momento te irás, luego de que nos divirtamos y hagamos algunas cositas ricas
- No, no, no…. qué quiere, no me haga daño.
- No te haré daño, solo quiero que juguemos, que seas una niña buena y te portes bien.
- Que quiere conmigo (dijo con acento triste y quejumbroso, pero ya medio resignado)…
- Toda tu disposición. Mira, vas a hacer lo que te diga, sin objeción, si me desobedeces te ganarás una pela por ser niña mala, y si sigues desobedeciéndome ya verás que te castigaré fuerte de verdad… ¡Entendido!? (mientras la sujetaba con aún más fuerza, para indicarle que ya no escaparía)
- Sí, entendido.
Luego de esta pequeña iniciación, ella seguía con su rostro inocente mirándome como si no tuviera ni idea de lo que le iba a pasar. Así que para comenzar la atrapé del cuello, y la senté en una silla, sujetándola luego del pelo justo arriba de su cuello, y le empecé a decir que estaba muy linda, que estaba muy rica, que me excité con solo verla ahí en el salón sola, sin medias ni zapatos, sin shorts debajo de la falda, que yo sabía que a ella le gustaba provocar a sus compañeros, que ya la había visto, y sabía lo perra que era. Ella solo me decía que ¡No!, que ella solo lo gustaba verse bien, que la admiraran, que no era una perra, casi llorando me decía que no le dijera así.
Le solté el pelo para empezar acariciarle las piernas y las nalgas, me volvió a rogar que la dejara ir. Pero de repente, aprovechó que la había soltado para levantarse y salir corriendo hacia la puerta, aunque no alcanzó a llegar, pues la alcancé a sujetar de las tiras de su vestido colegial, tirándola al piso, y le dije: –Aaaaa sí! con que esas tenemos, ahora verás lo que es bueno mamita- mientras la volvía a sujetar de la nuca con una mano, y con la otra empezaba a levantar su vestido, para ver sus hermosas piernas y sus lindas nalgas, dejándolas descubiertas totalmente. Dije: –Te lo había prometido… y te lo ganaste- y de inmediato empecé a darle unas buenas palmadas, justo en medio de ambas nalgas, con lo que ella se retorcía y gritaba, cada vez con más fuerza, hasta que se volvió a soltar, pero nuevamente no por mucho, ya que la atrapé, esta vez de una mano que sujeté con fuerza, mientras sacaba las esposas que traía, y se las iba poniendo a las malas. Me gritaba mientras se las ponía –Noooo, qué hace, nooo, déjeme- pero yo seguía juntándole las manos en la espalda, impidiendo que se siguiera defendiendo con ellas.
Una vez esposada, pude tirarla fácil al piso nuevamente, boca abajo, y terminé de subirle el vestido, el cual ya no podía quitarle porque las esposas lo impedían, pero al fin dejé al descubierto toda su piel de la cintura para abajo, enrollé el vestido para que se quedara arriba, y le quité sus tanguitas con mucha lidia, pues no paraba de moverse y retorcerse. Le dije: –Parce que aún no te has dado cuenta quién manda acá- mientras apretaba sus nalgas con mi mano, preparándolas para las nalgadas que empecé a darle ahí mismo, a lo que ella reaccionaba retorciéndose y gritando con cada una. En ese momento, empecé a notar que dejaba de resistirse tanto y su repulsa empezó a parecerse más a la reacción a unas cosquillas, por lo que supuse que le estaba gustando, así que me excité muchísimo, la volteé y le empecé a acariciar su rostro inocente y aún asustado, descendiendo con mis manos por su cuello, por sus hombros, los lados de su espalda, hasta llegar a los costados de su dorso, metiendo mis manos dentro de su vestido para sentir su piel, y su calor… así llegué a sus pechos, los cuales eran hermosos, redondos, naturales, firmes… mmmm, no aguanté más… le reventé las tiras a su uniforme, y le descubrí sus pechos…. maravillosos, deliciosos, con su aureola rosada, sus pezones pequeños... me encendieron de una…. y empecé a tocarlos, a acariciarlos alrededor, cubriéndolos a veces totalmente con mis manos, primero suavemente y luego apretándolos, pasando mi lengua sobre ellos, besándolos, chupando su aureola, mordiendo suavemente su pezón, sin dejar de apretarlos y acariciarlos con mis manos.
De un momento a otro, ella dejó de repulsar mis manos sobre su cuerpo, parecía que empezaba a disfrutarlo. Así que le dije –Te gusta ¿no?..., yo sé que sí perra, te encanta que te toquen, sé que ya lo has hecho antes, y te fascina- ella contestó –No, no, no, no soy perra, no me gusta, déjame por favor… haré lo que quieras, pero déjame ir ya!- yo levanté de encima de ella y continué –Mmmmm, si tanto quieres irte... entonces date la vuelta- y para mi sorpresa, solita se volvió a poner boca abajo, exponiendo nuevamente su hermoso trasero, al que empecé a darle palmaditas, ya suavemente, sintiendo como las empezaba a disfrutar, como le cosquilleaban su cosita. Le dije: –Primero quiero estés bien mojadita- por lo que comencé a besar sus muslos, subiendo lentamente, hasta con mis labios a sus nalgas, y mordisqueándolas suave y esporádicamente, y ella seguía como encalambrada con cada mordisco, por el cosquilleo que le producía en su entrepierna. Al ver su excitación, la sujeté del vientre levantándola y poniéndola en cuatro, y empecé a lamer su entrepierna y todos sus nalgas y su culo, saboreándola, hasta llegar con mi lengua a sus labios vaginales, que chupé con todo el gusto, para llegar luego a su vagina deliciosa, que saboreé totalmente por un buen rato. Después, me di cuenta que ella ya estaba súper excitada, muy mojada, tenía su clítoris duro y delicioso, y yo lo volví el juguetico perfecto de mi lengua.
Ella no decía nada, no gritaba por la excitación, tampoco gemía por el susto, solo se quedó quieta... así que empecé a introducir mis dedos en su vagina húmeda totalmente…. pero con eso, se asustó nuevamente, y volvió a tratar de alejarse. Me dijo la linda colegiala: –No sigas, por favor, yo no quiero esto en realidad- casi desnuda y ya súper mojadita –Pero si te gusta, no lo niegues…- le respondí, y entonces le dije –Esta bien, si estas dispuesta a cualquier cosa por irte, entonces pon a trabajar tu boquita-. Pareció que no era la primera vez que se lo decían, porque de inmediato levantó su cabeza y se arrodilló en el piso frente a mí, a lo que yo saqué mí ya durísimo y mojadísimo pene y se lo puse en frente de su cara, susurrándole al oído: –Si te portas juiciosa con él, te dejaré ir sin más-. Así que ahí estaba ella, con sus tetas y sus nalgas al aire, lamiendo suavemente mi pene, primero en su punta,bajando su lengüita hasta la base, volviendo a subir y a bajar por un par de minutos, como toda una experta –Métetelo todo!- le dije, y ella empezó a introducirlo lentamente en su boca, hasta el fondo, saboreándolo mientras lo sacaba, jugando con su lengua en la punta, para luego volverlo a meter, todo muy lentamente, durante mucho tiempo, lamiendo esporádicamente mis bolas, y regresando luego a su trabajo. Ya me tenía excitadísimo, casi que no aguantaba, y ella se dio cuenta… –Te vas a venir en mi boca?- me dijo, mirándome con ojos de ternera, y le contesté: –Si quieres irte es justo lo que dejarás que haga- mientras le sujetaba el cuello, y traía su cabeza hacía mi cuerpo para que se volviera a meter todo mi pene en su boca. Ella siguió lamiendo, chupando, y metiéndose mi pene deliciosamente en su boquita, durante un par de minutos más, hasta que yo no pude más, y le dije –Prepárate para este regalito- al tiempo que masturbaba mi pene frente a su cara, y me vine deliciosamente, tomándola de nuevo del pelo y llevando su cabeza contra mi cintura, descargándome todo en su boca, y luego pasándole mi pene aún con algunas gotas por sus labios y sus mejillas.
Luego le solté las esposas, y le dije que estaba bien, que podría irse, pero que luego volvería a atraparla sola, y ya no le perdonaría nada!.
Así, terminó nuestro juego. Yo quedé fascinado, encantado, había sido maravilloso, mucho mejor de lo que había imaginado. Ella, me dijo que todo le había gustado, que en un momento se asustó un poco y pensó en terminar el juego, pero que estaba tan excitada que se aguantó. Me dijo que se había venido muy rico mientras le daba las nalgadas y la mía su clítoris y su vagina. Luego, nos dimos un baño en el yacusi, y tuvimos más sexo delicioso, como estábamos acostumbrados. Esa noche al despedirnos, ella solo me dijo –Gracias por la mejor noche que he tenido, gracias por todo hoy-.
Y los encuentros continuaron... con experiencias aún mejores., que en otra ocasión sabrán.








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