Lina estudió derecho, administración de empresas, ingeniería industrial, gastronomía y hasta hotelería y turismo, pero la disciplina no le dio para quedarse en una carrera más de un año. Tiene novio hace 4 años, con el que ha viajado por el mundo y ha aprendido a sostener una relación sin la que, según ella, no podría vivir tranquila.
Ella es una mujer muy familiar. Viaja cada 8 días a Ibagué a reunirse con sus padres. Entre semana, distribuye su tiempo entre su empleo como administradora de una agencia de viajes y la venta de artículos de marca como accesorios y ropa, que consigue en maquilas de Medellín a bajo costo.
Sus clientas son prepagos, universitarias, amigas solteras… Pero hay algo que nadie conoce tras esta mujer emprendedora y apasionada, a la que le gusta la buena vida y el dinero. Lina tiene una doble identidad.
Es una tarde gris, en Bogotá, la temperatura disminuye y merma el calor de nuestros cafés. Ella escoge sentarse en la mesa del fondo, donde nadie se avizora cerca, todo indica que no quiere ser escuchada. Bajo la chaqueta azul oscura que la abriga, trae una blusa escotada, que permite ver sus enormes pechos. Ella abrió la chaqueta justo cuando nos atendía el cajero de la tienda. Como si quisiera ganar atención con su gran atractivo físico.
No es para menos, Lina tiene 4 cirugías encima. Ninguna sobre su rostro, al que cuida con tratamientos y terapias en las que invierte gran parte de sus ingresos. Sus senos han sufrido dos cirugías de aumento y cambio de prótesis, así como también se ha realizado una liposucción y una lipoescultura. Lina adora ser deseada y admirada por los hombres. A eso le adjudica su doble identidad en internet. Señala que la protege de la brutalidad de los hombres que provoca a dejarse llevar por sus instintos más primitivos, pero le permite explorar su sexualidad a fondo y ser deseada por muchos.
Sin pudor alguno, ella pone el tema de conversación casi al tiempo que nos sentamos: “Me masturbo a diario, casi siempre lo hago por cam y eso no disminuye mi apetito sexual a la hora de estar con mi novio” –dice sin sonrojo alguno.
Lina comenzó esta historia cuando apenas era una niña. “Tenía por ahí unos 13 años. Ya había empezado a explorar la masturbación y apenas se empezaba a desarrollar mi cuerpo, pero no tarde mucho en descubrir el deseo que eso despertaba en los hombres. Pero el despertar en el mundo virtual se dio con un compañero de colegio con el que hablaba por Messenger. Él fue el hombre que me quitó la virginidad cibernética y nuestras conversaciones eran más rojas que las películas eróticas que veían la mayoría de niños que estudiaban con nosotros”.
Sin embargo, para la época, Lina vivía en un pueblo cercano a Ibagué, y sufrió la humillación de ser expuesta por su “amante virtual”, que le mostro a sus amigos las conversaciones, y empezaron a faltarle al respeto. Ella se vio tan humillada que rogó a sus padres que volvieran a Ibagué o la enviaran a casa de su abuela. Dos meses más tarde residenciaba con la pobre anciana, que era inocente de tanta atrocidad.
Al llegar de nuevo a la capital del Tolima, su despertar sexual no mermó por la experiencia que había vivido tan solo unas semanas atrás. Pero su actitud con los hombres si se transformó en 180 grados. “Era más seria y menos confianzuda con los niños”. Pero su desconfianza con el género femenino también apareció, ya que pensaba que era anormal todo lo que sucedía y creía que si interactuaba con otras sería descubierta y humillada públicamente.
Durante su adolescencia nació su adicción a la masturbación y posteriormente a la pornografía, lo que le dificultó relacionarse con otros y sostener relaciones sentimentales estables. “Todos los niños con los que me metía decían que yo era muy complicada. Mi neura y el miedo a ser descubierta no me permitían actuar con naturalidad, eso impedía que intimara a profundidad con alguien, por eso preferí volverme promiscua y poco exigente, para no tener que pensar en noviazgos ni nada”.
Terminar el colegio fue la oportunidad perfecta para abandonar una ciudad pequeña como Ibagué y sumergirse en el anonimato de Bogotá. A los 17 años inició con los chats, las llamadas por Messenger, los amigos virtuales, los nicknames y sus primeras fotos desnuda. “Recuerdo que comencé usando siempre la misma ropa interior, tomándolas en oscuridad, muy penosa…” pero el tiempo la fue deshinibiendo.
Aprendió que en los chats y en internet podía ser más desinhibida, cuenta que llegó, incluso a contactar a compañeros de su primera carrera a los que sedujo por internet, pero que casi fue descubierta por segunda vez, lo que la llevo a establecer unas reglas.
La primera y más importante, jamás revelar datos que la puedan comprometer. Uno de ellos, su rostro. Por eso ha rechazado trabajar en videochats y jugosas ofertas, como la de uno de los productores españoles de Nacho Vidal, que la contactó por un perfil que tiene desde 2009 en twitter y le ofreció hacer un casting para trabajar en unas escenas con el afamado actor español. Un requisito debía ser revelar su rostro.
Además del anonimato, tiene claro que ninguno de sus potenciales amantes es diferente de los demás, por eso los trata a todos por igual y reglas como la de no conocerse han quedado claras desde el principio. “Una vez acepté tomar una cerveza con un paisa que vino a trabajar en Bogotá. Era vecino mío y me pareció serio. Pero a media noche se pasó de tragos y empezó a ser vulgar en su vocabulario. Casi que sentí que me iba a agredir, por eso hui del lugar y me prometí no volver a actuar como novata”.
Todas sus reglas las ha ido aprendiendo y aplicando en el camino. La tercera es no dar más de lo que le dan a cambio. Tampoco aceptar insultos, a menos que la situación de los insultos se den por consenso en un momento erótico.
La evolución de su presencia en redes, ha ido aumentando casi como la tecnología misma. Inició con un pudoroso perfil en Facebook, continuó con twitter, luego conoció redes más sexuales como cam4, guía cereza y hasta de esas donde se hacen preguntas.
Su entorno diario conoce poco y nada de su actividad en internet, pero ella afirma que lo hace por diversión y aunque teme por su relación, es muy precavida. “Por ejemplo, tuve pin. Pero tenía 2 celulares. Uno que permanecía descargado y que escondía cuando no estaba sola y el otro que permanecía siempre conmigo”.








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1 comentario
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login EntrarBien lina. Es una muy buena autobiografia. Bien contada. Directa. Escribes bueno.