Poco tiempo después de recuperarme de mis problemas de sueño comenzaron las alucinaciones, mejor dicho, las gotas me traían partes del sueño a la mitad del día mientras estaba haciendo mercado o por las tardes cuando hacía mis asesorías administrativas en el trabajo que me inventé. Una tarde calurosa una semana después de dejar de tomar el medicamento naturista estaba sentado en el metro cuando ví a una mujer con un afro enorme abrirse la blusa, sacarse una teta esbelta y brillante y pedirme que se la chupara. Levanté la mano y me puse de pie en medio del vagón, un salto del tren acompañado de un fuerte golpe me hizo cerrar los ojos y al abrirlos me encontré con un grupo mixto de estudiantes que se reía sin disimulo de mi actitud de loco y el bulto en mis pantalones. Otro día estaba sentado tomando cerveza en una tienda ví como en la mesa del rincón una pareja en sus cincuenta y algo usando una botella de cerveza de las pequeñas para darse placer el uno al otro mientras todo. Solo luego de 5 cervezas mi cabeza dejó que viera a un muchacho lleno de acné con una mujer regordeta llenado crucigramas o sodokus. A los tres seres imaginarios ya los había “visto” en diferentes sueños como “actores de reparto”.
Esta es la historia de la noche en que me curé de la enfermedad de la prudencia.
Pensé que si eso me llegaba a suceder en las asesorías con esas respetables pero tetonas señoras que eran mis clientas iba a aguantar mucha hambre y, lo peor, iba a retrasarme con mis prestamistas peligrosos. Al día siguiente esperé al médico a la entrada de la EPS. Llegó a las 6:30 am. Cuando debía estar atendiendo pacientes desde las 6. Ni siquiera lo saludé, le conté los dos bochornosos eventos, incluído que el alcohol me ayudaba a calmar la angustia de la situación y que tenía miedo de volver a beber demasiado.
“¿Y como va el tema del sexo Juancho?” Me preguntó como riéndose. Le dije que normal que hacía como una semana una excompañera del colegio, mi mejor amiga realmente, se quedó un poco mas de una semana en mi apartamento pues estaba de visita en la ciudad y que una noche fumando bareta terminamos contando que nos gustábamos en la universidad y ya desde la segunda noche nos dedicamos a tener sexo de modos que con nuestras exparejas nunca hicimos. Pero que se había ido. Y que después de eso empezaron las visiones... “Mira – me respondió antes de entrar a su consultorio – lo que necesitas es incluír el sexo como parte de tus rutinas, lo de las alucionaciones no tiene nada que ver con las gotas esas”. Tu problema es que querés tener sexo extremo, trasgresor...
Fuí a casa y buscando en internet las palabras tragresion y sexo encontré un video que me excitó como un putas. Estaba hecho adentro de un auto por el piloto del mismo. Se acercaba a una morena con pinta muy descuidada en la calle, le hablaba en tono familiar y la dejaba subir. Luego mientras iban por una autopista ella se masturbaba un poco, luego a él, se lo mamaba y se tragaba el producto de un orgasmo que lo hacía chillar y dejar de filmar apropiadamente la escena. Todo me parecía un riesgo tremendo: la posibilidad de que fuera una puta, manejar y filmar, manejar y tener sexo, filmar su vida privada. Al menos necesito intentar algo así, pensé mientras comprobaba que mi celular tenía además de fotografía, video de calidad aceptable.
Llamé a Diego y le dije que si la invitación a la fiesta electrónica en Santa Elena seguía en pié. Me respondió que ya estaba allá desde el día anterior. “Pero hoy es viernes!” Reaccioné. Mi vecino se reía mientras me decía a donde había un grupo de gente que subía y tenían espacio en su camioneta para llevarme. Pensé en empacar algo pero al final solo llevé una chaqueta con los bolsillos llenos de condones y el cargador del celular.
Sonreí al ver varias hermosuras entre quienes estaba tomando cerveza ya entrando el anochecer. Uno de los varones del grupo me ofreció una cartulina de colores del tamaño de una uña: “Regalo del Diegín pa´vos”.
Estaba tratando partir el papelito a la mitad cuando la chica de negro se me acercó: “Así no se hace, déjame.” Sacó una navajita de su pantalón ceñido, cortó el papel y me entregó los pedazos. Me guiñó el ojo y se fue. Cerré la boca, le pagué el trasporte y subí a la camioneta de unos once puestos. Me senté al rincón y me quedé dormido.
Me despertaron los gritos de una mujer. Un tipo gordo estaba sobre una pelirroja con los pantalones abajo en la silla de adelante y ella vestida del todo finjía que estaban culiando, mientras sus amigas tomaban fotos. Medellín se veía lejos como una mancha de luz. Saqué mi celular y le tome una foto a la pareja que posaba mientras veía que la chica de negro realmente iba de camiseta roja, pantalones violeta oscuro y botas militares. Tenía piernas y trasero de patinadora. Estaba de pié un poco inclinada, con el pelo revuelto en el pasillo estrecho. “Y vos qué?. Te vas tomar eso o no?” Y estiró su brazo con una cerveza. Lo recibí y cuando iba a mandarme la mitad del ácido sus ojos negros se abrieron en gesto de sorpresa. Le pregunté que pasaba y me dijo que era mucho. Entonces, con la voz un poco diferente dice sin mover la boca y mirándome la barba “¿Te gustaría morderme el culo?” Luego me sonrió y le pasé el cuarto. Se lo tragó sin nada de líquido y se chupó el dedo con los ojos cerrados. Yo me tragué otro y guardé el resto en mi pantalón. Sin mover la boca le dije “Sabés que esta noche es la alineación de Plutón, Venus y la tierra?” Me miró y me dijo que sí.
La imagen de sus labios rodenado sus dedos me relampageaba cuando bajamos en medio de un bosque. Había que caminar hasta la finca. Me acerqué al grupo de la chica de negro. Comenzaba a ver destellos y formas extrañas en los árboles, el pasto era como una alfombra cuyos diseños se movían. “Y quien te dijo que mi me gustan moder nalgas?” Alguién hablaba por mí usando mi boca pero me gustaba lo que decía. “Pero que le pasa a este mechudo?!” dijo un tipo que iba con nosotros. La chica de negro se reía en silencio y me miraba de pies a cabeza. La luna era un ojo de serpiente que nos decía adonde ir. Salí corriendo adelante del grupo, salté cien metros y llegué a la entrada de la finca. Me escondí tras una cerca de madera y esperé a que llegara el grupo, cuando pasó la chica de negro grité. Algunos se asustaron, el tipo que me dijo mechudo parecía a punto pegarme pero había logrado que esa pelinegra y esbelta mechuda se riera exhibiendo una sonrisa irresistible. Pasé por su lado y estiré la mano. Me la tomó fuerte. Caminamos hasta la entrada de la casa, luego de unas llamadas de celular nos abrieron pero solo para que pasaramos un salón vacío y volvieramos a salir a un jardín enorme, lleno de cosas brillantes, personas convulsionando, emitiendo colores extraños y una presencia oscura y magnética metiéndome las uñas en el costado.
La miré a los ojos y sentí que estaba a punto de meterme en un maravilloso problema. Pude ver sus órganos internos como si fueran de cristal luminoso. El corazón bombeaba suavemente y su lengua se movía inquieta dentro de su boca, desde allí salió y la estiró hasta mí, entró en mi boca, me agarró y me llevó hasta ella. Nuestras lenguas unidas. Tratamos de bailar mientras estábamos frotándonos uno contra el otro, pero a causa del atronador pulso rítmico de la música nos comenzamos a aislar en nuestro goce. Todas las manos estaban debajo de la ropa cuando una pareja se detuvo frente a nosotros y nos ofreción un sillón lejos de donde estábamos. “Estarán más cómodos y nos dejarán invitarles una bebida” Todos comenzamos a reír, nos dejaron los tragos que llevaban “Vamos por más. Esa es la mesa” Fuimos a donde nos señalaron.
Caminando acomodé mi pene, ya en proceso de endurecimiento, entre los calzoncillos y ella me dijo “Si me das el otro cuarto me destruiré con vos” Le dije que primero habláramos de cosas importantes como el LSD que ya nos habíamos comido. Se empinó frotando sus pechos contra mí, me besó en la boca y se dió media vuelta. De un golpe sinuoso y eterno se bajó los pantalones junto a una banca de madera en medio de dos enormes arbustos llenos de flores. Vi salir chispas de sus ojos cuando le metí dos dedos en la boca intentando mojarlos mientras con la otra separaba sus glúteos firmes y pálidos.
Me tardé un buen mordiéndola. Era como una explosión de colores y sabores. Si el sabor de su anito palpitante era ya en sí delicioso cuando su coño comenzó a gotear lubricante trabajaba para beberlo todo, hundía mi lengua para sacarlo. Cuando le cosquilleaba el clítoris con los dedos y sus ojos brillaban antes de cerrarse era como una abeja fascinada con néctar.
Flotamos unidos de esta manera, nos acoplamos en un 69 rojo y naranja. Llegamos a un redodel de sillones y caímos suavemente a pesar de estar totalmente ocupados en lamer y tragarnos el sexo el uno del otro. Alguien nos dió bebidas y luego de absorberlas en un instante sacamos el caliz ceremonial, un condón que pusimos entre los dos para extraer el jugo de la vida. Nos agitamos como el mar hasta que ella dijo que estábamos en el mar. Entonces nos estrecimos como volcanes y escupimos fuego y humo dulce. Atrás de las nubes y los lagos, mucho más atrás de ella veía a Daniel levantando los dos pulgares con el grupo con que había llegado hasta allá saltando y repartiendo café con ron en vasos enormes. Nunca dormimos esa noche ni al día siguiente.
Sin duda debí grabar con la cámara de mi celu pues los videos que nos hicieron culiando enmedio de la luz de varios celulares o de algún flash no muestran nada de todo esto que acabo de contar. Desde ese día ya no me preocupo cuando despierto veo cosas que aparentemente no pueden pasar en la realidad.








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