Dr Ruiz: “… Marina usted con ese cuerpazo y esa manada de españoletes y chibchombianos cayéndole ahora que esta solterita y sin marido…”, escribió el.
Me rei. Era irónico, pero era la verdad. Completaba ya 3 meses separada de Juan Carlos, un bogotano de 33 años que conocí en una fiesta de un amigo en Madrid y del cual me enamore por allá en el 2007, estando recién llegada acá a tierras españolas.
En Colombia había dejado a mi madre, mis dos hermanos menores y a Rafael, mi exnovio, con el cual viví esa amorosa, maravillosa y dulce relación de 7 años, y que trate de alargar, tonta y estúpidamentedesde la distancia. Como dicen por ahí, amor de lejos, amor de pendejos. Pasados escasos 5 meses en tierras ibéricas, el dolor de la separación de Rafa, la necesidad femenina de tener una tierna compañía masculina, y el hecho de ser una atractiva mujer valluna de 27 años con un muy bien cuidado y torneado cuerpo de caleña, soltera, con mis senos operados y recién llegada a España, hizo que muchos amigos latinos y españoles se interesaran en mi por obvias razones. Obviamente empecé a espantar hombres que me cayeron como chulos, viéndome como una súper-atractiva presa fácil, digna representante de la belleza colombiana y esperando ser conquistada de nuevo por la fuerte armada española.
De todos aquellos lanzados que corrieron el riesgo de invitarme a salir, uno de ellos, un simpático bogotano, atraído por mis bien notorios encantos de mujer caleña, me lleno de confianza. Ese era Juan Carlos, quien viéndome sola y angustiada por el exigente modo de vida de España, me ofreció su incondicional apoyo. Sali con el un par de veces a rumbear y conocí de paso las vibrantes noches madrileñas, mientras yo misma me ganaba su confianza y me convencía que era un buen amigo.
Justo al mes acepte la invitación a su apartamento. Esa noche, le pedí perdón a mi Diosito por pasar la página de Rafael, mi exnovio, y después de 7 años y 5 meses, finalmente me decidí a abrirle las puertas de los ocultos y bondadosos tesoros de mi cuerpo a otro hombre. Esa noche, sentada en el sofá de la sala de su estrecho aparta-estudio de hombre soltero, dejando expuestas coquetamente mis femeninas piernas gracias a una corta, atrevida y sexy minifalda verde que yo orgullosa lucia, después de 5 meses sin hacerlo, cerré de nuevo mis ojos para disfrutar del dulce sabor de un intenso y apasionado beso masculino en el que los tiernos labios de Juan Carlos, dudosos y apenados, se posaron sobre los míos mientras su mano derecha, nerviosa, me acariciaba deliciosamente los senos. Esa noche, ese apasionado y tierno beso me abrió los ojos a una nueva relación, así como sus atrevidas y deliciosas caricias sobre mis voluptuosos pechos, mientras que su mano derecha nerviosa recorría finalmente ese camino glorioso en medio de mis piernas, me encendieron de pasión. Esa noche, ver los ojos brillantes y saltones de Juan Carlos cuando con cuidado, y como hombre curioso, me despojo de mi diminuta tanga negra y de inmediato como tácito reflejo le abrí mis piernas completamente para que el descubriera esos femeninos y bien estrechos tesoros que yo ocultaba en mis entrañas y que llevaban mas de 5 meses sin ser adorados por la lengua y la verga de un hombre, fue la mejor recompensa por el haberme ofrecido su ayuda y de paso abierto las puertas de una sana relación de amistad. Allí, recostada cómodamente sobre ese sofá con mi ojos cerrados, con mi piernas abiertas como una amante entregada, y mientras Juan Carlos me hacia deliciosamente el sexo oral y mi empapada y tierna vagina era prácticamente devorada por su rugosa lengua, decidí que era tiempo de olvidar a Rafael y después de 7 años y 5 meses finalmente me daría el gusto de disfrutar de una nueva verga. Esa noche, desnuda y excitada, Juan Carlos descubrió, conoció y saboreo entero cada centímetro de mi moldeado cuerpo, a la vez que yo me sentía como una reina y una entregada amante en su cama. Esa noche me di cuenta que debía seguir adelante y luchar por lo que mas quería, así estuviera en tierras ajenas, a la vez que esos deliciosos gemidos masculinos que le salían del alma a Juan Carlos, mientras el me abrazada fuertemente en posición misionero y su verga sin condón reventaba a chorros allá enterrada en lo profundo de mi vagina, me explicaban tácitamente cuando el me deseaba.
-“No te imaginas Marina cuantos hombres me están envidiando en este momento… no te imaginas cuantos de mis amigos darían lo que fuera por estar acá en esta cama encima tuyo clavándote esta chochota tan rica…”, me comento el, justo después de que se derramo por tercera vez esa noche dentro de mis entrañas.
Luego de seis meses de intensa relación, decidí irme a vivir con el, quede embarazada y el idilio amoroso duro solo 5 años, tiempo en el que los dos luchábamos por salir adelante y sobrevivir en medio de la horrible crisis económica de nuestra madre patria, que afectaba a los mismos españoles y a los valientes inmigrantes que habíamos tratado de empezar algo diferente. A principios del 2012 la relación de pareja se daño y hacia 3 meses vivía sola con Paola, mi hija de 4 años, fruto de esa furtiva relación con el.
Ahora separada, a mis rozagantes y volátiles 32 años, con la carga económica de Paola y un trabajo mal pago, había seguido el consejo sabio de mi madre, quien llorando y rogándome en varias ocasiones, me había pedido que regresara a Colombia a iniciar mi vida de nuevo.
Dr Ruiz: “corazón, si yo fuera usted me daría el lujo de sacarme la tusa de la separación por ahí con alguien que le tenga hartas ganas y usted quiera dejarse consentir en la cama… te queda poco tiempo allá y tienes a mas de uno de tus amigos y admiradores babeando con ese cuerpazo de mujer caleña”, escribió de nuevo en el chat.
Yo: ”eso lo he pensado Doctor… además ya llevo tres meses sin nada de nada… y yo acá espantando toros desde la barrera cada día ja ja ja… desde los amigos de Juan Carlos hasta el dueño del restaurante donde trabajo me lo están pidiendo… que pereza… el problema de ser caleña, bonita, con buen cuerpo y además separada”, le escribí riéndome sola.
Esa lluviosa tarde, chateaba en Facebook con el Doctor Ruiz, gerente de una empresa de transportes de Cali, y con el que trabaje como secretaria durante 4 años, desde el 2003 hasta el 2007, antes de venirme para España a probar suerte en ese año. El, mas que nadie, a sus 48 años, era mi mas cercano confidente y mi gran escucha y amigo, en esa época tan difícil que pasaba. Y yo compartía con el mis mas ocultos secretos de mujer, así como lo hacia, en esos dulces y ávidos años juveniles en que fui su coqueta secretaria, y, una vez al mes sin falta, su furtiva amante y compañera sexual, en las cómodas suites de los moteles de Yumbo.
Dr Ruiz: ”Que!!.. no te creo amor.. llevas 3 meses sin probar verga!!... uy mi madre así es la vida de injusta... usted Marina, tan atractiva, con ese cuerposote de digna representante de mujer caleña, ahora separada, sin marido, con todos esos colombianos y españoles detrás suyo deseando comérsela y me dice que lleva tres meses sin saber lo que es gozarse una buena verga… así es la vida… y yo aquí pasando ayuno…no es justo”, escribió el atrevidamente.
Dr Ruiz:”Aun no me explico como Juan Carlos te ofreció con los jefes… miro de nuevo las fotos de tu Facebook de ese paseo tuyo hace dos años, Marina con esa camiseta azul escotada y esa faldita corta blanca… diosito lindo, se te ven esas tetas, ese culito y esas piernas divinas… me imagino la envidia de los amigos de ese guevon de tu ex pasando saliva viendo a una esposa así de rica y sexy como tu… si yo tuviera una esposota como tu, no te compartiría con nadie”, escribió.
Me rei de nuevo, pero una sombra de malos recuerdos cayo de nuevo en mi cabeza.
A raíz de la difícil situación económica que empezó a afectar a este país por allá en el 2009, la empresa de productos lácteos donde trabajaba mi ex en Madrid empezó a liquidar empleados. Juan Carlos, siendo del equipo de ventas, me dijo que su trabajo estaba en la cuerda floja, pero que su jefe y el gerente no creían que el fuera liquidado. Para sorpresa mía, empecé a notar como Juan Carlos y yo éramos invitados por ellos regularmente a salidas a comer a restaurantes elegantes, y Juan siempre me pedía, a veces con ruegos intensos y cansones, que me fuera de falda corta y blusa escotada, para lucir mucho mas mis bien notorios y femeninos atributos físicos ante ellos. Algunas veces Juan me sugería que me colocara el pantalón negro de lino, uno que me quedaba bien ajustado al cuerpo, y resaltaba bien mi cadera, mi estilizada y parada cola valluna y mis femeninas piernas. De tonta y boba, le di gusto a el con eso, y claro, tanto el gerente de la empresa, como el jefe directo de Juan Carlos, durante toda la cena no me quitaban los ojos de encima ni un segundo, y no perdían la oportunidad para adular la belleza y el porte sexy de la mujer colombiana. Obviamente ellos se referían, tácitamente, a mí.
Claro, ellos dos no eran los únicos que disfrutaban al verme lucir esas prendas sexys y atractivas que destacaban a plenitud mis sobrados atributos de mujer colombiana.
“No te imaginas amor como ellos se quedaron en silencio mirándote el culo las dos veces que te paraste al baño”…”Mi jefe esta bien arrecho contigo… me gusta mucho como el te mira de arriba a abajo”… “que delicia…. Ese man no hizo sino mirarte el escote toda la noche… ufff, ese man te tiene unas ganas…”…“Cucho, el boliviano, me comento que el gerente le dijo que yo tenia una esposa muy completa y que me envidiaba… especialmente en las noches…”, eran los comentarios típicos de Juan Carlos hacia mi.
Finalmente, en Abril del 2012, me cayó la bomba. Sin quererlo, una mañana de Lunes, Juan Carlos salio de afán y dejo su cuenta de correo de Hotmail abierta en el laptop, donde el chequeaba las noticias diarias de Colombia. La curiosidad femenina me traiciono, al ver dos correos, uno que venia del gerente de la empresa y otro de su jefe, cuyos títulos lo decían todo: ‘De su ascenso’ y ‘Ya convenció a su mujer?’.
Así que me puse a leerlos y de inmediato un mal presagio recorrió mi cuerpo:
“Juanito… ya se me acaba la paciencia hijo y no puedo esperar mas... tu mujer se veía brutal con ese ajustado pantalón negro anoche… no sabes las ganas que tengo de chuparle ese par de melones de chaponera, ponerla en cuatro y follarmela por detrás… muero de gloria imaginando meterle la polla por entre ese culo de ángel… me dejaste caliente sudaca cuando me contaste como te follaste a Marinita, sin forro la otra noche… será de dioses meterle el pito, machacarle sin piedad ese coño y correrse adentro a chorros… habla con ella y convéncela… solo quiero una noche con ella y subes a gerente técnico de área…”
Y el otro correo decía:
“Mi Colombia… la situación afuera esta complicada… háblale a tu Marina y dile que hay muchos detrás de tu silla… si vos quieres hablemos de frente y te pago 600 euros por la noche con ella… viste como Alfredo, el venezolano logro el cargo de Gerente?. Adivina quien se follo a su hermosa mujer?... A ellos les pague 400 por la noche con ella, pero con las ganas que tengo de joderle ese culo de diosa de tu esposa te doy 200 mas…. debe ser una experiencia única metérselo despacito hasta el fondo y correrse adentro de esa belleza.. pero pienso que ustedes no quieren nada”.
Quede fría. Me quería morir.
Juan Carlos, en silencio, abusiva y descaradamente, me estaba ofreciendo sexualmente con sus jefes. Mi cuerpo tenia ya un precio, el cual, como una exclusiva puta, que yo no lo era, estaba siendo negociado. Esa misma noche explote con el y la relación se vino al piso en menos de 3 días. El, terco, abusivo y estupido, me insistía en que ellos estaban bien calientes conmigo, y que yo, metiéndome en la cama con el gerente y con su jefe, era su tabla de salvación. Siempre me le negué y de ahí que ahora, disfrutaba de la soltería, con mi frente y mi orgullo bien en alto, habiéndole recordado que las mujeres no somos objetos de venta ni comercio, ni maltrato, ni mucho menos pueden abusar de nosotras a su justo antojo machista.
Yo: “… aun no entiendo lo de Juan Carlos… pero en fin, sigo adelante con Paolita y ya ansiosa de viajar a Colombia en dos semanas”, le escribí al Dr. Ruiz.
Dr Ruiz: “… ayy mujer… nunca olvidare esa moteleada antes de tu viaje a España… ese faldita blanca y esa blusita roja del America… y esa tarde, dejándote esa cuquita y ese hoyito del culo llenos de mi leche…”, agrego el atrevidamente.
Me rei de nuevo y de inmediato me acorde de esa ultima tarde en un motel del sur de Cali, donde deje que el me lo hiciera sin protección y rematando la faena sexual, deje que me consintiera mi trasero.
Dr Ruiz:”… mujersota... serán para mi las dos semanas mas largas de mi vida… con las ganas de atenderla acá en su casa como se lo merece… te dejo… voy a salir, acá son las 3 pm, allá serán como las 8 pm o las 9 pm, así que un besote y te deseo una feliz noche y espero que pienses lo que te dije..”, termino de escribir el, despidiéndose de mi y finalizando ese agradable rato de conversación privada en el chat de Facebook.
Suspire. Mi suerte en España estaba echada, Estaba a escasas 2 semanas de dejar este país ibérico con el que soñé y me cree expectativas que no se habían cumplido. Ahora regresaba a mi Colombia hermosa, donde sabia que mi vida arrancaría de nuevo al lado de mi Paola, esa mujercita que me invitaba a luchar y sacrificarme hasta el final.
Apague el laptop y me pare a prepararme algo de comer. Mire el desvencijado reloj, alusivo al Real Madrid, que colgada de la pared. Eran las 8:05 pm y la noche de verano finalmente empezaba a caer. Mi hija Paola estaba en el apartamento con Juan Carlos, pasando uno de sus últimos fines de semana al lado de su papa, así que yo estaría sola, pensando ya en mi viaje y en mi vida. Aun tenia puesto mi ajustado pantalón de lycra deportivo azul y por mi mente seguía rondando coqueta esa atrevida frase que me escribió el Dr Ruiz...” si yo fuera usted me daría el lujo de sacarme la tusa de la separación por ahí con alguien que le tenga hartas ganas…. te queda poco tiempo allá y tienes a mas de uno babeando con ese cuerpo de mujer caleña…”.
Tantos perros detrás mío, tratando de conquistarme como carnada nocturna. Tantos perros machistas viéndome como glorioso trofeo de cama. Tantos abusivos y atrevidos hombres que dejaron ver sus mascaras de mentiras y engaño en frente mío, ofreciéndose a complacer sus mas oscuros egocéntricos deseos sexuales, con la única y pobre excusa de que mi exuberante cuerpo de diosa caleña merecía el trato de una reina en la cama.
Y solo unos pocos reales amigos, solo unos pocos que con humildad y modestia me tendieron la mano amiga a cambio de nada. Solo eso, solo amigos incondicionales que estaba a punto de dejar. Mi Dios sabe hacer sus cosas. Y El sabe en que momento hacerlas.
El celular sonó y de inmediato conteste. Era Antonio, el costeño, ese amigable currambero de 42 años, separado hacia 3 años, sin hijos, y también luchando por sus sueños en esas tierras hostiles, lejos de casa. Ese valiente que me presto esos Euros cuando más los necesitaba hacia 3 meses, recién separada. El, uno de esos que siempre estuvo ahí en los momentos difíciles. El, uno de esos que nunca espero nada a cambio al brindarle su mano amiga a esa atractiva caleña y su tierna hija, cuando las dos más la necesitábamos. A su lado, Pacho, ese sonriente llanero de 47 años, curtido y emprendedor por naturaleza, que no daba su brazo a torcer por lograr el éxito en tierras extrañas, ni tampoco dudaba que yo podía salir adelante con mi hija, cuando el, como administrador del edificio donde yo vivía, me permitió seguir en el apartamento pagando por ahora solo la mitad de la renta mensual, mientras mi situación económica mejoraba.
Charlamos un rato y le insistí a Antonio para que los dos pasaran a visitarme. Antonio vivía en el 8º piso del mismo conjunto de apartamentos de bajo costo que Pacho administraba, y donde mi hija y yo vivíamos.
“Ajaaa, mi Cali bella… allá estamos en 5 minutos… ya bajamo….ten listo el chontaduro con cholado que vamo con filo y con sed”, dijo el, riéndose burlonamente.
Me puse de pie y me acomode el cabello lacio y suelto, mirándome al espejo de la sala. Mi rostro reflejaba el cansancio y el desgaste de 5 años de matrimonio tirados a la basura. Mis finas arrugas de los ojos eran notorias, gracias a esas carreras y angustias tratando de sobrevivir y sacar a mi hermosa Paola adelante. Pero mi moldeado y torneado cuerpo reflejaba, sin lugar a dudas, que estaba lista para entablar en Colombia una nueva relación y arrancar de cero con alguien que supiera respetarme como mujer, y apreciar como Marina Torres, esa atractiva caleña, valía la pena. También, estaba lista esa noche para agradecer, con causa justa, los favores recibidos a aquellos que sin pedir nada a cambio me tendieron su mano sin condiciones ni compromisos de ninguna clase. A esos que yo llamo, los verdaderos amigos.
Mi busto lucia majestoso. Mis pechos talla 36C, producto de una cirugía de aumento de busto, antes del viaje a España, me hacían ver muy sexy y exuberante. La bien escotada camiseta deportiva dejaba al descubierto claramente esas dos razones por las cuales el gerente de la empresa donde trabajaba Juan Carlos, disfrutaba tanto de mi femenina presencia. El ajustado pantalón deportivo azul de lycra moldeaba unas firmes caderas y destacaba mi delicado trasero, donde mis paradas nalgas, finas, estilizadas, femeninas y redonditas, explicaban el porque el imbecil jefe de Juan Carlos estaba dispuesto a pagar con tal de clavarme su verga por detrás. Mis gruesas y largas piernas lucían más sexys, gracias a esa delicada pieza de ropa que las moldeaba.
Durante esos 60 segundos, egoísta, caprichosa y vanidosa, me seguí mirando ahí en frente de ese espejo cómplice que mostraba mis sobrados atributos físicos, y me di cuenta que aun estaba en la plenitud de mi existencia. El tiempo pasado en tierras ibéricas no había sido en vano y se había aprendido una lección de vida. Y allí viendo mi bien torneado y voluptuoso cuerpo, comprendí que era tiempo de dar las gracias antes de la triste partida.
15 minutos mas tarde el timbre sonó y me acerque a abrir:
-“Eeeerdaaaaaaaaaaa….. que es todo estooooo?.... ajaaa… se cayeron los angelitos del cielo no jodaaaaaa!!!”, dijo Antonio notablemente sorprendido con su típico acento barranquillero.
Me encontraba allí, sonriente y obviamente apenada en frente de Antonio y Pacho.
Sus ojos saltones brillaban de sorpresa. Mi bien atrevida minifalda roja lucia más sexy que nunca, ya que empezaba bien arriba de la rodilla. Mis gruesas y largas piernas quedaban expuestas, más bellas y más femeninas. La generosa y escotada blusa blanca mostraba claramente, como mis voluptuosos pechos parecían saltar a la vista, y ese visible brassier de media copa, parecía no poder ocultar esos dos sobresalientes melones de silicona, esperando ser disfrutados por una bien afortunada lengua masculina.
-“Virgen santísima… este es el mejor Chontaduro con cholado que haya visto en mi vida”, dijo Pacho nervioso y aun sorprendido, entrando lentamente a mi apartamento, atrevidamente mirando como la cortísima y bien ajustada faldita roja, dejaba al descubierto mis sexys y gruesas piernas, y luego levantando su cabeza para deleitarse, como mis voluptuosos senos sobresalían atrevidamente por entre mi bien pronunciado escote.
Antonio, dudoso y sorprendido por verme así en esa pinta, se acerco y me dio un delicado y sutil beso en mi mejilla derecha.
-“Errrghhh Marina…. Usted con esa minifaldita y esa blusita… aun me muero de la envidia del cachaco de Juan Carlos con que viviste por 5 años… con una hembra así en la casa…. Pa’que mas no jodaaaaaaa!!!”, dijo el mirando ya descarada y atrevidamente mi exuberante busto a través del escote de la bien abierta blusa.
-“uy mamasota… y quien es el afortunado que tiene el honor de salir contigo esta noche?.... me imagino que con esa pinta tuya ese mancito va para plan de larrrrgoooo contigo…”, dijo Pacho riéndose burlonamente.
-“No Pachito… no voy a salir con nadie esta noche… me vestí solo para ustedes… sabia que les gustaría verme así mientras les ofrezco ese chontaduro con cholado que tanto quieren… Paolita esta con el papa esta noche, así que estaré solita por lo que espero que se comporten como todos unos caballeros…”, les respondí.
Antonio sonrío nervioso y en su rostro se reflejo de inmediato la notoria sorpresa por mi respuesta, mientras que en su cuello se veía como el pasaba saliva pesadamente. Pacho hizo lo mismo.
Mi Dios sabe hacer sus cosas. Y El sabe en que momento hacerlas.
Una hora más tarde, mi desnudo y sudoroso cuerpo se sacudía deliciosamente sobre la estrecha cama de mi alcoba. Ese acuoso y jugoso sonido, que como aplauso erótico tácitamente musicalizaba lo que ocurría en la habitación, llenaba el ambiente. Estaba acomodada al borde de esa cama, como una arrecha burra disfrutando de su flamante y ruidoso burro costeño, mientras el la montaba. Mis sexys y moldeadas nalgas vallunas recibiendo el firme y duro golpeteo del abdomen de Antonio. Mi estrecha y dulce vagina recibiendo a plenitud el duro castigo de esa verga costeña, que por 5 años, siempre lo deseo. Allí, desnuda, acomodada en cuatro, como más de un atrevido españolete y un chimchombiano lo desearía, recibía el más deseado de los castigos, que un hombre me propinaba. Montado encima mío, como un perrito apareando su perrita, con sus manos aferradas a mis generosos senos, Antonio, me consentía con su firme y dura verga costeña, y ese eco maravilloso de su firme miembro sin condón sacudiéndose en mi empapado y estrecho sexo valluno, llenaban la alcoba de pasión y erotismo.
La cama se movía lentamente, a la misma velocidad que su abdomen, placidamente dejaba que su duro miembro entrara y saliera, coquetamente de mi tesoro. El delicioso roce de su firme e inmensa verga contra mi hinchado clítoris me causaba un placer intenso, y mis profundos gemidos, así se lo hacían saber. Llevaba ya 3 meses sin disfrutar algo así, y yo a pleno en ese momento me lo gozaba. Mi ropa, sexy y atrevida, desorganizada y tirada sobre el piso, mostraban como Antonio y Pacho, nerviosa y apuradamente, me habían desnudado.
Mientras Antonio taladraba apasionadamente su deliciosa verga en mi húmeda y estrecha vagina, Pacho, acostado boca arriba sobre la cama, y también desnudo, vivía la gloria. Sus ojos reflejaban una inmensa satisfacción mientras mi boca le mamaba su envejecida y erecta verga. Con mi mano derecha aferrada a su masculino miembro, mi boca, delicadamente se lo tragaba mientras mi cabeza, repetidamente se movía de arriba abajo, como celebrando con jolgorio ese especial momento. Mi mano derecha, coqueta y atrevida, acariciaba sus pesadas y velludas guevas, como preparándolas para la gloria.
Los gemidos y los quejidos de nosotros tres llenaban la alcoba de placidos sonidos. Ninguno de nosotros hablaba o inmutaba palabra. No había necesidad de hacerlo.
Antonio, sin cansarse, seguía meneando cadenciosamente esa apetitosa verga, atrapada allá en mi tesoro. Había pasado un poco mas de media hora, en que, penosa y atrevida en la sala, les dije a Pacho y Antonio que le agradecía por los favores recibidos. Así, regalándoles una nerviosa sonrisa y desabotonando mi blusa, deje expuestos a sus sorprendidos ojos, esos dos voluptuosos y deseados melones, cubiertos delicadamente por un brassier blanco, que coquetamente deje caer de mi cuerpo. Antonio, sin dudarlo, se acerco y coloco su cabeza en medio de mis senos y su lengua se apodero de ellos, mientras Pacho salto de su silla y con sus manos, nerviosa y atrevidamente, me abrió sutil y delicadamente las piernas para descubrir con sus propios ojos el salvaje y deseado tesoro que allí en medio de ellas se escondía, bajo la cortísima falda roja.
Media hora después, un grito volvía y se escuchaba en la alcoba.
-“ay……. Marina…. Marina… me ven…. me veng…. Ayyyy…. No jodaaaaaaaaaaaa”, grito Antonio de repente, ruidosamente, levantando su cabeza al techo, como dándole gracias de nuevo al Todopoderoso por ese glorioso momento.
Sin apuros ni afanes, mientras Antonio llegaba por primera vez a su ruidoso orgasmo, y mi cuerpo era salvajemente sacudido, pensé con rabia en esa tarde en Andalucía, hace dos años, al lado de mi hija, quien inocente veía como su sexy y deseable madre, era el objeto de miradas de propios y extraños. Y ahí, a su lado, Juan Carlos, su sonriente padre, no imaginaba que su bien atractiva esposa valluna, dos años después, haría el sueño realidad a dos de sus verdaderos amigos, a dos valientes hombres que sin prebendas de ninguna clase me brindaron su ayuda cuando yo más la necesitaba.
Como si ambos se hubieran puesto de acuerdo, y sin aviso alguno, la verga de Pacho exploto justo cuando mi boca se tragaba entera su duro miembro llanero. Apenas me atragante con su espesa leche, retire su verga de mi boca y deje que mi rostro fuera bendecido por sus explosivos chorros de envejecido, amarilloso y caliente semen.
Que delicia.
Mientras la verga de Pacho cubría mi cara con su calida leche, cerré los ojos nuevamente y disfrute al máximo esa sensación de intenso calor que quemaba las paredes de mi vagina, mientras la verga de Antonio, explotaba vertiginosa en mis entrañas, vomitando por primera vez ese viscoso chorro de fresco y calido esperma, mientras su sudoroso cuerpo se sacudía sin control sobre el mío, y sus manos parecían estrujar mas mis voluptuosos pechos, al mismo tiempo que el agradecía a gritos a la Virgen por ese momento. De inmediato, sentí por segunda vez ese corrientazo glorioso que cruzo mi cuerpo de pies a cabeza y me estremeció hasta el alma. Como caído del cielo, ese segundo orgasmo femenino me hizo flotar y olvidarme quien era y que problemas tenia en mi vida. Por segunda vez, me sentí una reina, una diosa coronada, una mujer complacida y grite y gemí roncamente a fondo, sin importarme un carajo que me escucharan los vecinos, dándole a entender a Antonio y a Pacho, que ese segundo orgasmo me hacia rugir como mujer salvaje y necesitada, mientras sus deliciosas vergas reventaban a chorros en mis entrañas.
En esos 30 segundos, me di cuenta que la verdad duele y las mentiras y los engaños aun más. Pero saber que alguien a quien tuve a mi lado siempre como unos verdaderos amigos, disfrutaban en ese instante, de una hora de sexo inolvidable con Marina, la atractiva hembra caleña del 3º piso, me hacia sentir mas orgullosa por ser una mujer independiente, que al fin y al cabo, compartía sus secretos y sus deseos ocultos con alguien especial. Alguien que realmente me merecía.
En silencio y solo esgrimiendo esos quejidos, las sudorosas manos de Antonio empezaron a recorrer mis pesadas tetas, aun untadas de su blancuzco semen, después de que en la sala, le hice esa paja rusa que el siempre quizo hacer con mis voluptuosos pechos. Su abdomen finalmente se detuvo, pero su verga permaneció toda enterrada en mi sexo, sabiendo que las últimas gotas de su espesa leche eran vertidas en el fondo de mi tesoro.
Luego 60 segundos en que los tres nos quejábamos placenteramente, después de ese orgasmo tan necesitado. Mi sexo parecía reventar y sentía perfecto como su esperma hirviente quemaba las paredes de mi estrecho tesoro. Me sentía supermojada. Parecía que 5 años esperando por ese momento, habían llegado a su fin. Y Antonio, así me lo confirmaba:
-“jueputaaaa…. No me jodaaaaa….. que derramada tan deliciosa Marinita…. Que puteria como me exploto la verga allá adentro de esa cuquita tan apretadita la suya….”, dijo el.
Pasaron otros 60 segundos en que nuestros cuerpos, unidos mutuamente por esa dulce y hermosa verga costeña enterrada en mi empapado sexo, sabían que aun la noche era joven, y Antonio y Pacho, esos dos especiales y reales amigos, querían algo mas de mi.
-“ese Juan Carlos es mucho maricon tan guevon al dejarla a usted…. No me imagino 5 años al lado suyo Marinita, yo dándole verga ventiada todas las noches por entre esa cuca tan rica…. Y pa’ rematar comiéndome ese par de tetas de reina ……Jamás.!!! … Jamás yo la dejaría sola mamasota rica!!!….”, dijo Antonio, quejándose de nuevo y retirando lentamente y con cuidado su firme y escurriente verga de mi empapado sexo.
Sonreí y me complació mucho escuchar esas palabras que le salían de lo más profundo de su generosa alma masculina.
-“ arghh Marinita… hacia tiempo que no me daban una mamadita así de rica…”, dijo Pacho dándose la vuelta y poniéndose de pie, aun con su erecta verga escurriendo su amarilloso esperma sobre el piso de la alcoba.
-“Te puedo preguntar algo?.... perdóname por lo atrevido, eso si….”, dijo Pacho, mientras veía como Antonio caminaba hacia el baño.
-“Dime… pregunta lo que quieras”, le dije volteando mi cabeza hacia el, mientras me quedaba así en cuatro, imaginando que su erecta verga estaba lista para hacérmelo de nuevo estilo perrito, así como Antonio me lo acababa de hacer.
-“Solo por curiosidad mi reina…. Es que con ese culazo tan divino el suyo…. Me muero de las ganas de saber si Juan Carlos le daba a usted por detrás…”, me dijo Pacho agachándose, abriéndome las nalgas y con cuidado, usando las desarregladas sabanas, limpiándome la vagina de los restos de esperma de Antonio.
Me rei y hubo un silencio mutuo cómplice, mientras como un caballero, el limpiaba cuidadosamente mi sexo.
Para el, 5 años deseándolo y ahora 1 hora para vivirlo. Para mí, 5 años perdidos al lado de Juan Carlos y ahora 1 hora para entregar mi exclusivo tesoro a alguien que bien se lo merecía.
Me deje escurrir sobre la cama, aun excitada y arrecha, pensando en lo incomodo que seria complacerlos, pero pensé en Juan Carlos, el gerente de la empresa de lácteos y el jefe de mi ex, así como esas palabras sabias del Dr Ruiz. Todos ellos sabían que mi sexy, esbelta y bien parada cola caleña era un valioso premio al que solo un hombre tenia acceso en los pasados 5 años. Eso claro, había ya cambiado.
Me puse de pie, tomándome el cabello y sintiendo como mi sexo rebozaba de calor y pasión, mientras Pacho se quedaba embelezado viéndome caminar desnuda por la habitación, como sin darse cuenta que mi vagina estaba ya llena de su fresca leche, mas la de Antonio, su amigo, que se me acabada de venir adentro. Abrí el escaparate del closet y saque el gel lubricante que usaba una vez al mes con Juan Carlos y con una sonrisa le exprese mis dudas a Pacho:
-“En serio quieres consentirme por detrás Pachito?”, le pregunte a el, mientras Antonio salía del baño, de nuevo masajeándose su erecta verga.
-“… ponte el condón y aplícame harto gel … se cuidadoso y házmelo con mucho cariño”, le respondí sonriendo a Pacho.
Sali de la alcoba, sonriente, sabiendo que el mejor lugar para mi era la sala. Allá en ese sofá, donde yo le entregaba mi tesoro a mi Juan Carlos una o dos veces al mes.
Ahora era diferente. Ahora tenía otros protagonistas. Me arrodille sobre el sofá y me puse en cuatro colocando mis manos contra el espaldar. De inmediato sentí las sudorosas manos de Pacho abriéndome las nalgas y aplicándome de forma abundante ese helado y gélido lubricante sobre mi pompis. Durante esos 5 minutos, magistralmente los gruesos, ásperos y escamados dedos de Pacho, esos que en los pasados 5 años lucharon incansables por sacar adelante a su familia a través de su ardua y dura labor como administrador del edificio, constructor y plomero, finalmente tenían una muy grata recompensa. Durante esos 5 minutos, el, apasionado y halagando mi trasero valluno, dándome dedo por mi bien estrecho ano, me encendió de nuevo, al mismo tiempo que su lengua me lamia la vagina.
-“Así era que quería darle mamasota… 5 largos años Marinita … soñando que algún día iba a poder meterle la verga por entre esta belleza de culo”, dijo Pacho con rabia y enceguecida sevicia.
Gemí a fondo. De lo mas profundo del alma me salio ese quejido glorioso. Me incomodo mucho, pero a la vez sentí ese alivio, como si me hubieran quitado un gran peso de encima.
Con los ojos cerrados y pensando que mas de uno de mis admiradores daría lo que fuera por estar ahí encima mío, apreté mis manos a la cabecera del sofá, mientras Pacho, a sus 47 años, le parecía increíble saber que finalmente su sueño era una realidad, mientras delicada y lentamente su hermosa verga llanera se hundía coqueta allá en medio de esas atractivas nalgas de Marina, esa valluna de ensueño.
Extasiado, viendo como la verga de su amigo empezaba a consentirme por detrás, Antonio, ahora sentado en el pequeño soda adjunto, masajeaba su erecta verga costeña y esperaba sonriente su turno.








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