Mi cuerpo, el de un perfecto impuber anterior a la carga hormonal de la adolescencia, lampiño, blanco... un ser andrógino asexuado como deben ser los ángeles, se paseaba semi-desnudo por una casa atestada de parientes. Mi primo, que en realidad era mi tío, un vago de unos 28 años tenía televisor y (oh dios mio) un Super Nintendo en su cuarto y con esto un tremendo poder sobre mí por esos días. Era rara la ocasión en la que me dejaba jugar sin algún macabro chantaje. Algunas veces eran mandados o simples favores, otras veces eran típicas penitencias infantiles para fastidiarme y verme perder la paciencia. Entonces me permitía entrar a su cuarto. Su cuarto!, las paredes, incluso las ventanas tapizadas con afiches de modelos y bandas de metal, la cama y el televisor. Entonces empezaba la rutina de verlo jugar por una hora (una maldita eternidad) hasta que me dejaba jugar por un rato. No sé cuando pasó que me dejaron de ser tan indiferentes los afiches de las modelos, la voluptuosa Kitana de Mortal Kombat, y sobre todo cierto comercial de Cristal Oro, una extraña sensación en la barriga, quería algo pero no sabia que era... quiero quiero... ese biquini, ese biquini dorado, era todo lo que quería. Mi prima (que no era mi tía), una joven universitaria vestía, por esos días de la forma más provocativa. La envidiaba, envidiaba su ropa por encima de todo. Así empezaron mis furtivas excursiones en su cuarto, que solo lograban dejarme el corazón acelerado. Me frustraba, me frustraba mirar el cajón de mi ropa interior.

Relato de comunidad Fantasíasschedule 2 min de lectura calendar_today Septiembre de 2013
Super Nintendo
Mi cuerpo, el de un perfecto impuber anterior a la carga hormonal de la adolescencia, lampiño, blanco... un ser andrógino asexuado como deben ser los ángeles, se paseaba semi-desnudo por una casa atestada de parientes. Mi primo, que en realidad era mi tío, un vago de unos 28 años tenía....
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Sobrevino entonces el día, no podía dar crédito a mis ojos, pero ahí estaba. colgaba de las llaves de la ducha, las dos piezas de un brillante dorado, caían desatados los cordones de la tanga. Procedí a cerrar la puerta. Anudé con dificultad la tanga a los lados de la cadera, y con más esfuerzo aun el top. era una delicia la sensación le la tela, el hilo entre las nalgas, la manera en la que contenía una insignificante erección. Me vi en el espejo, mis piernas lucían más largas, mi cintura más estrecha, la cola más grande. Dos triángulos de tela se aplastaban contra mi pecho en el lugar de los senos y dejaban ver los pezones erectos. Era un regalo para mí. Me puse mi ropa dejándome el biquini puesto. continuará...
— sofisexy
5 de septiembre de 2013
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