Esta es una anécdota real, que me sucedió en Medellín.
Yo no conocía el servicio de cabinas privadas en aquel salón de internet, al cual entré accidentalmente, con el fin de hacer una consulta de matemáticas.
Cuando llegué, me preguntaron que si quería algo de intimidad o un equipo en una sala común, a lo que respondí que quería hacer una investigación, pero que por curiosidad, aceptaba una de las cabinas.
Era un salón grande, con unos compartimientos separados entre sí por unas paredes en madera y a las cuales se entraba separando una cortina.
Mi equipo de cómputo estaba dotado de audífonos, micrófono y cámara de video.
Me instalé para acceder a la página que el profesor nos había recomendado para la investigación y en cuestión de unos cinco minutos, alcancé a percibir unos gemidos lujuriosos que provenían de la cabina de al lado.
Inicialmente creí que se trataba de alguien de sexo femenino que estaba mirando algo de porno y mi curiosidad crecía y ya me estaba calentando con aquellos susurros y gemidos que me hacían percibir la cercanía a un orgasmo.
Mi curiosidad no aguantó más y como esta sección de cabinas daban contra la pared del salón, entre el muro y la mesa, había un espacio, por el cual cabía perfectamente el cuerpo, luego de agacharse para observar lo que pasaba en las cabinas de los lados.
Me acurruqué entonces suavemente y observé al lado derecho y en esa cabina no había nadie, pero vaya sorpresa! En la cabina de la izquierda, alcancé a observar que una chica, se había quitado sus pantis y se estaba masturbando aceleradamente. Ella no podía verme, porque su mirada estaba dirigida a la pantalla de su computador.
Una erección de mi verga no se hizo esperar y me provocó masturbarme al ritmo de ella, pero por una incomodidad, al tratar de acomodarme, el mueble se corrió un poco.
La chica, se agachó a buscar la razón del movimiento del mueble y me sorprendió observándola con mi verga entre la mano.
Con una mano me hizo señas de que no dijera nada y me ofreció su conchita, rasuradita, tan húmeda que escurrían entre sus muslos esos salubres y deliciosos jugos. Me tomó del cabello y me arrimó contra su sexo, me apoderé de él, se lo mamé una y otra vez, me apoderé de su botoncito de placer, jugué con él mordisqueándolo suavemente y apretándolo entre mis labios.
Sentí entonces que se sacudía y podía ver cómo su culito se contraía como entreabriéndose y cerrándose, lo que me excitó tanto, que con la punta de mi lengua lo penetré fácilmente porque sus jugos lo lubricaron y lanzó un gemido que me hizo creer que nos descubrirían.
Abandoné entonces mi juego y me acomodé en mi asiento para terminar con mi paja pues estaba tan excitado que mi verga estaba mojada de semen.
Estaba en esas, cuando sentí a mis espaldas, que la cortina de mi cabina se abrió y a pesar de ser una cabina estrecha, entró mi vecina, se agachó luego de brindarme un cálido beso en los labios y con su boca, reseca pero cálida, se apoderó de mi verga.
La recorría desde la cabeza hasta la raíz, me mordisqueaba el frenillo del glande y sentí que no aguantaría más.
Ella lo percibió así y aceleró el ritmo, se lo metió entre sus dientes laterales y la parte interna de su mejilla simulando el cepillado dental.
Sentía cómo mi glande rozaba sus dientes y esto fue incontrolable, explotando mi interior, con un polvo abundante y prolongado, que fue a depositarse en lo más profundo de su garganta.
Ella, después de cerciorarse que no había nadie en el pasillo, salió de mi cabina y se entró en la suya.
Quedé exhausto, pero ya mi tarea de matemáticas estaba terminada, la guardé en un disquete y me dispuse a marcharme. En ese momento, por encima de la cabina, me arrojó un papelito, en el cual estaba escrita una dirección de correo.
Accedí entonces a ella y por la cámara, me enseñó sus hermosas tetas, provocándome otra erección. Dirigí mi cámara hacia mi verga y nos masturbamos por la cámara.
Nos despedimos y quedamos en citarnos para otro día y tener una sesión más cómoda de sexo.
Pero esa es otra historia que narraré luego, en el caso que me manifiesten que esta les gustó.








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login EntrarMw gustó mucho, falta la segunda parte