Si sabía que un hombre me gustaba y yo no hacía nada, Elisa salía por el... y lo tomaba por mí... me miraba a los ojos mientras lo besaba haciéndome sentir casi humillada, casi idiota, incluso me llevaba con ella para que yo escuchara como hacían el amor mientras me hacía esperar en la sala fumando un cigarrillo.
Pasado el tiempo ya no solo me hacía esperar, salía después de fornicar y se fumaba un cigarrillo conmigo, yo la veía y me moría de vergüenza...
Ella salia desnuda con sus piernas largas, su culo perfecto y su cinturita pequeña... se sentaba a mi lado con las piernas abiertas como para que respirara su sexo y su cara de demonia invitándome a entrar a la habitación y a tomar un poco de las sobras que dejaba. Yo sentía vergüenza y odio.
- Si yo tuviera tus tetas (me decía mientras me miraba con evidente envidia) estuviera allí dentro haciéndole la paja rusa hasta que me llegue en la cara... uff que rico!!!...
A veces hasta salía a la sala acompañada del macho de turno y ambos me miraban y se besaban con picardía... se tocaban y al final Elisa terminaba fornicando como una perra sin vergüenza delante de mí...
Abría sus piernas y decía mi nombre provocando que mirara y antes que lograra desviar mi vista Elisa comenzaba a gemir pidiéndole a su acompañante de turno que la penetrara...
Él se lanzaba sobre ella con su enorme erección (siempre los elegía de grandes penes) y ahí mismo delante de mi comenzaban a hablarse en alto paso a paso... y con detalle...
- Que rica verga tienes mi amor (le decía) métemela lentito... rico.... uhmmmmm... siiiiii... que divino se siente mi macho dentro de mí... Dale mi amor, dale muévete más.
Mientras Elisa movía su cuerpo de puta para que el macho de turno la penetrara poniéndola en cuatro, yo moría de pena y rabia, queriéndome ir pero sin poder hacerlo, no porque estuviera encerrada con seguro... sino porque alguna fuerza que no entendía me hacía permanecer ahí.
Ella no se conformaba con poco, pedía una y otra posición, no se cansaba, se ponía en cuatro, se ponía de lado... le chupaba el aparato antes y después de ser penetrada... era cogida como una animal en celo... gemía como una perra se movía como un animal.
Yo podía ver a metro y medio de distancia su sexo hinchado, su culo abierto pidiendo acción, su lengua... su boca sucia que al final terminaba llena de leche...
Después de tener su último orgasmo se acurrucaba a mi lado como cansada de ser tan perra, como buscando un abrazo que jamás recibía.
A veces no sólo era uno... a veces eran dos y la cosa se fue poniendo peor...
Con el paso de los años me fui acostumbrando...
Así pasamos la adolescencia, así crecimos... ella divirtiéndose y yo... bueno casi que con miedo al sexo, con miedo a descubrir que era igual a ella, con miedo a descubrir que deseaba ser como ella o peor aún con miedo de aceptar que deseaba estar con ella.
Si me animo, pronto iré relatando aquello que recuerde con detalles....
Por ahora he colgado un relato en el que Elisa, por supuesto, es parte, lo colgue en amor filial por no saber como etiquetar aquel evento.








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