Lo admito, después de tres matrimonios, varias amantes y haber dado rienda suelta a mi imaginación sin restricción ni pudor alguno, estaba insatisfecho. Me había pasado la vida tratando de encontrar la compañera perfecta que estuviera dispuesta a compartir conmigo las pequeñas perversiones que enriquecían mi existencia y calmaban la ansiedad de mi cuerpo por un orgasmo, por oler una vagina, por saborear una vulva, un clítoris, por penetrar una y otra vez a una mujer, por amanecer con ella y sentir entre mis muslos el calor de los suyos.
Al final comprendí que ellas estaban conmigo y de vez en cuando satisfacían mis necesidades para satisfacer las suyas, las que, generalmente no incluían el sexo. Fui a terapia y acudí a profesionales en sexología tratando de explicar el asunto. Me ocupe de ellas, trate de satisfacerlas y de no pensar en mis necesidades sino en las de ellas. Nada.
En la edad media, después de haber decidido renunciar al sexo y ocuparme de cosas más importantes como la jardinería, la cocina o en bricolaje, la conocí. Contemporánea conmigo, tenía una vida de insatisfacciones parecida a la mía. Me habló de sus esposos, de sus amantes, de sus fantasías y me pareció raro que acabando de conocernos tuviéramos esa conversación, pero su explicación fue simple: - Queda poco tiempo.
Con cierta desconfianza mantuve la conversación al punto que de la profundidad que alcanzó, de lo impresionado que me dejó por su inteligencia y brillantez, traicionando mis decisiones y especialmente la de no tener sexo con mujeres de mi edad, fuimos al motel. Descaradamente y sin que pudiera decir nada, me pasó una pastilla y me dijo coquetamente, te necesito bien.
Pasamos la noche más deliciosa que había pasado en mi vida. El sexo fue intenso, pasional, degenerado. Al despedirnos me dijo que estaba afiliada a una página de encuentros sexuales, lo que me pareció grotesco. Me dijo que lo intentara y me dio la dirección de Guía. Lo hice, me inscribí y a pesar de las dificultades para tener encuentros reales y satisfactorios, mi vida sexual ha cambiado porque encontré personas con las mismas inquietudes.
Varias veces nos hemos encontrado y hemos disfrutado intensamente nuestra nueva condición. ¡Al fin encontré la mía!. Terminó la búsqueda.








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