Hay Cosas Que No Se Olvidan
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 4 min de lectura calendar_today Enero de 2014

Hay Cosas Que No Se Olvidan

Diana era delgada, no muy llamativa a simple vista, pero con una cara dulce y un culito redondito que vale la pena ver pasar, Diana me había gustado hacia un tiempo atrás, de niños nos miramos tímidamente, ella sabía que me gustaba y yo que le gustaba a ella, pero era cobarde e....

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Diana era delgada, no muy llamativa a simple vista, pero con una cara dulce y un culito redondito que vale la pena ver pasar, Diana me había gustado hacia un tiempo atrás, de niños nos miramos tímidamente, ella sabía que me gustaba y yo que le gustaba a ella, pero era cobarde e inexperto.

Volví a verla ya mas crecido, ella tenía un novio que quería con locura y con el que fui a primaria, era el cuadrado amoroso perfecto, su novio y su hermano eran mis amigos de la infancia, habíamos sido inseparables y ahí estábamos después de tantos años, los 4 bailando en un circulo llenos de alcohol.

Andrés se llamaba su novio, Daniel su hermano, todo había comenzado una noche que sintiendo nostalgia le envié un mensaje a Daniel, el me dijo de inmediato que teníamos que volver a vernos y tomarnos algo. Grande fue mi sorpresa cuando vi a Diana con Andrés, nunca se llevaron bien de niños, pero en una etapa de la vida, tras haber crecido muchos años juntos me retiraron del colegio donde estudiaba con ellos y no había sabido de ellos en años, ellos por su parte siguieron creciendo y el tiempo hizo de Andrés su novio por varios años.

Daniel era delgado, era el típico tipo bueno, demasiado inocente, Andrés era el sociable, el que gritaba y llamaba la atención de todo el mundo y particularmente esa noche no dejaba de gritarme lo feliz que estaba de volver a verme.

La noche se acababa, Andrés como siempre (según lo que me contaron) volvió a emborracharse y quedar fuera de combate, Daniel por su parte estaba bastante ocupado tratando por todos los medios de que su atractiva y arrogante compañera de estudios le diera una señal de que sentía la misma atracción que el por ella, para mí era obvio, pero ella no quería dejarlo a la vista tan fácil.

Yo había estado mirando a Andrea toda la noche, su manera de bailar, esa suave pero increíblemente provocativa manera en que se meneaba, cualquier persona pensaría que estoy loco pero sentí que todo iba dedicado a mí, y ahí estaba ella por fin sola en toda la noche, me sonrió tímidamente y me dijo:

-Casi no hemos hablado en toda la noche, no te me estas escondiendo o sí?

La mire burlonamente y le dije:

-Llevo escondiéndome todos estos años.

La conversación siguió así por un rato, burlándonos de nosotros mismos, provocándonos descaradamente pero sin hacer nada, solo mirándonos pícaramente, comencé a recordar, a sentirme mal, comencé a pensar en la oportunidad que perdí y en la que todavía seguía tirando por la borda, ella pudo haber sido mi primera, pero no lo fue, me acerque a sus labios y le dije:

-Cuantos años han pasado y todavía seguimos en este infantil juego?

De pronto se puso seria y dijo:

-Yo tengo un novio y no creo que tu ya lo conoces… mejor olvidémonos de esto, tengo que ir al baño.

La vi acercarse al baño y no pude mas, me pare y la agarre de la mano me miro fijamente a los ojos y comenzamos a besarnos y a dejarnos llevar, mis manos comenzaron a recorrer descaradamente su cuerpo, su culito firme que por tanto tiempo había esperado tocar, sus téticas apretándose fuertemente contra mi pecho, ese cuerpo que no sería como era pero que me había imaginado durante mi adolescencia y me había tocado finalmente en mis manos.

Afortunadamente Andrés y Daniel estaban distraídos para ver la escena.

Discretamente me llevo a una especie de bodega que tenían fuera de la casa, se quito lentamente la ropa y me dejo ver ese cuerpo cargado de deseo. Me puse a decirle cuantas veces había pensado en ese cuerpo delicioso. De repente se acerco y me callo con un húmedo y sabroso beso, luego bajo besando mi cuerpo, me besaba con gran pasión, me daba a entender que esta sería la primera y última vez, por eso yo también comencé a besarla desesperadamente, hasta que ella se puso de rodillas y saco mi pene, sus labios se movían lentamente pero podía sentirlos profundamente, estaba dándome la mamada más dulce pero intensa que jamás conocí.

La acomode en donde pude y comencé a hacerle un oral y a medida que su respiración subía pude sentir como sus manos cada vez más me apretaban y como suspiraba ante mis lengüetazos y besos, de pronto un temblor la invadió y soltó un largo gemido. Me puse sobre ella entonces y comencé a bombearla lentamente, al principio soltaba unos pequeños quejidos pero a medida que se ponía mas húmeda era más atrevida con sus movimientos, hasta el punto que se monta sobre mí y me cabalga enloquecida, cojo sus pezones y aprieto sus tetas, por fin son mías, es toda mía, coloca esas tetas en mi cara y me cabalga velozmente, y los dos acabamos ahí en esa caseta solos mientras escuchamos las vibraciones, la música y los gritos de la casa.

No volví a saber de Andrés ni Diana ni Daniel por un tiempo, pensé que me habrían descubierto o quizás Diana se esforzó para convencerlos de que no era buena idea, pensé que no los volvería a ver, hasta hace poco que me llego una invitación para ir a una fiesta en la casa de Daniel.

— unoentrecien

4 de enero de 2014

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unoentrecien

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • efreid
    efreid · 6 de ene de 2014

    nueva oportunidad de saciarla en plenitud

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