Llevábamos tiempo saliendo con mi amiga, me encantaba su colita ella pese a su edad nada de nada por la colita, le temblaban un poco las piernas, lo cual podía entender por lo acelerado de sus latidos, estaba nerviosa, ansiosa, excitada, pero el mar de flujos que bajaban por su matriz, empapaban su vagina y mojaban sus muslos era algo inexplicable.
Le era difícil no sentir vergüenza, por la humedad y por disfrutarlo tanto, pero la excitación tapaba toda pena y toda moral, allí, acostada de medio lado, inmóvil, la excitaba sentir la respiración mía en su nuca y hombros ya que su esposo no la complacía lo suficiente, yo a su lado y mi verga más inflamada y dura que nunca, y que se la clavaba rítmica por ano virginal.
Siempre habían hablado de esa posibilidad, pospuesta muchas veces por el umbral del dolor, pero esa tarde que nos vimos y fuimos a una residencia en Kennedy, sin mucha planificación ni calentamiento, el unte un poco de vaselina en su culito y otro poco en mi miembro empinado y lo pude deslizar suavemente entre sus nalgas, ella se quebró; sus temores, su vergüenza, su dolor.
Todo quedó vencido ante mi respiración entrecortada, y la frase balbuceada pero repetida más de mil veces a otras "se sientea pretadito tu culito" y un par de embestidas animales en las que el clave toda mi verga, llevándola del dolor al placer en segundos, gimiendo de placerme decía: papi que rico, jadeaba y gritaba morbosidades y obscenidades.
Fue una revelación, con la petición de ella hecha una y otra vez mientras acariciaba su vagina súper húmeda y apretaba sus pezones "méteme la duro" decía excitada una y otra vez, supo que sería irreversible el placer, su cuerpo y su voluntad se doblegaron antes que su moral, que aún se sentía rezagada mientras yo la poseía por detrás con el mismo vigor y pasión con que solía hacer suya su fantástica vagina.
Dos fuertes contracciones estremecieron todo su ser, mientras recibía una generosa carga de semen entre sus nalgas, era un cataclismo que inflamaba todos sus sentidos, sintió su peso sobre ella y se dejó bañar de su sudor, mientras le comía el cuello y las orejas mis manos como pulpo acariciaban su vagina y tetas.
Luego reposaría a su lado, quedando dormido por minutos, como guerrero tras la batalla, ella quiso despertarme con una mamada, pero la higiene la contuvo, prefirió esperar que nos ducháramos, cuando abrí los ojos y recupere la tensión en mi miembro, se acercó y me preguntó al oído:"¿quiero una doble penetración ?"…








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login Entrarcorto pero muy bueno. Te felicito